eto y
acabado.
alejandro. \ Ay, Papá, qué bien veo to-
do el retiro! Mirad aquí el estanque gran-
de , muy cerca de él el chinesco, enfrente
el otro caballo de bronce, mas allá la casa
rústica, y en aquel altóla elegante noria y
Jas tortuosas rias en donde vimos los her-
mosos- cisnes cuando nos llevó Papá á lo re-
servado en el primer paseo por el retiro ( i ),
la magnífica puerta de Alcalá y la elegan-
te plaza de toros.
Enrique. También veo yo la nueva ca-
sa de fieras con todas sus jaulas según las
examinamos una por una cuando fuimos
con Papá al segundo paseo por el reti-
róla), el hermoso observatorio, el conven-
to de Atocha, los campos santos de la puer-
ta de Atocha , el jardin botánico y el pra^
do; ¡todo, todo qué propio!
El Padre. No solo comprende este mo-
delo los edificios contenidos dentro de Jas
tapias que circundan la población, sino los
que están estramuros; pero que por su
proximidad tienen relación con el objeta
(i) Véase el cuaderno número 3*° del primer tomo.
(2) Véase el cuaderno número 4»^ del primer torno.
principa!; y asi, desde aquí no solo veis los
campos santos que ha dicho Enrique, sino
el hermoso paseo de las delicias y hasta el
embarcadero. Venid ahora por este otro la-
do, y después de examinar el Real Palacio y
demás edificios que predominan por este
lado, tended la vista por toda la orilla del
rio de Manzanares, cuya corriente está tan
bien figurada como asimismo los puentes,,
lavaderos y demás castiquillas.
Enrique. ¡Qué bonita vista hace toda
la ropa que hay en los tendederos!
Alejandro. Y para que nada falte, has*
ta las bancas de las lavanderas; míralas
aquí qué péqueñitas, y qué perfectamente
imitadas.
Eugenio. Venid por aquí: desde enci-
ma de esta gradilla sí que se ve todo gran-*
demente y se domina toda la población;
mirad aquí la puerta de san Vicente, mas
allá la de san Bernardino, el seminario de
nobles, el hermoso palacio de Liria, el gran
cuartel de Guardias de Corps, el magnífico
convento de lasSalesas viejas, y todos, to-
dos los edificios chicos y grandes; ¡qué obra
tan admirable!
Todos. ¿A que acertamos cuál es nues-
tra calle y nuestra casa ?
(16)
Eugenio. Yo ya la veo; fijaos en la
Puerta del Sol, mirad la casa de Correos,
la fuente que está delante de la Iglesia del
Buen Suceso , y observareis las calles del Car-
men y la Montera.
Alejandro y Enrique. Sí, sí: ya la ve-
mos. ¡Qué hermoso modelo!
El Padre. Desde ahí encima podéis
disfrutar una perspectiva que se suele de-
cir á vista de pájaro que contempla los edi«
ficios en diminución hasta la tierra, juz-
gando de las diferentes alturas y de la di-
rección de las calles. El mirar de este modo
á Madrid solo podéis hacerlo en este modelo,
pues aunque os subieseis á una torre ele-
vada no lograríais el objeto completamente.
Mas según voy viendo, vosotros no queréis
salir de aquí, os estaríais contemplando es-
ta grande obra toda la mañana; vamos ya á
examinar este otro modelo no menos mag-
nífico.
Enrique. Papá, este es elmodelo de un
palacio, V. nos dirá ahora dónde está el pa-
lacio verdadero.
El Padre. En ninguna parte, hijo mió,
pues empresa tan colosal no llegó á verifi-
carse. Cuando se quemó el antiguo palacio
ó alcázar de Madrid , como ya os he dicho
(17)
se trató de construir un palacio digno de
los monarcas de España, y se encomendó él
desempeño de tan grandiosa idea al abate
don Felipe Jubarra, el que manifestó sus
proyectos por medio de este grandioso mo-
delo, de un palacio que si se hubiera He-
gado á realizar no tendría igual en toda la
Europa. La fachada principal habia de te-
ner setecientos pies de largo y cuatrocien-
tos de ancho, y en todo el edificio debía ha-
ber veinte y tres patios y treinta y cuatro
entradas. Pasan dedos mil las'columnas que
veis distribuidas en todo el edificio, y son
muchas las estatuas que le adornan.
Alejandro. Papá, venga V. por aquí
dentro, que se ven los patios y todo lo in-
terior, que 66tá tan bonito como por defuera.
El Padre. Por los cortes del edificio se
ve lo interior de los magníficos salones,
la biblioteca, la real capilla y todas las de-
mas dependencias de un palacio magnífico
bajo todos aspectos, pues todas las oficinas
necesarias habían de estar comprendidas en
su recinto.
Dejemos ya este modelo, y considerad
finalmente el de la casa de vacas del real si-
tio de Aranjuez, el de un navio de guerra
de setenta .cañones , y los del real Museo
TOMO III. 2
(18)
y la casa de Correos, que aun están sin con-
cluir.
Enrique. No nos vayamos sin \tv lo
que hay en aquel cuartito de las puertas
vidrieras.
El Padre. Ese es utx gabinetito adorna-
do competentemente y con su bonito vela-
dor, y dos primorosas sillas para si SS MM.
gustan descansar un rato cuando \ienen
á ver el establecimiento.
Eugenio. Siento salir de este sitio* pues
estaria con gusto mucho tiempo mirando to-
das estas cosas.
El Padre. Regularmente no será esta
la única visita que hagamos á este estable-
cimiento, pues según tengo entendido aun
se va á enriquecer con otros objetos precio-
sos, y en este caso será preciso que vea¡stodo
lo que haya de nue\>o Hay esperanzas muy
fundadas de que este establecimiento, con
la protección que se merece y el celo del
director, sea algún dia el depósito de todo
lo mas perfecto y digno de servir de m ráe-
lo que prodúzcala laboriosidad de nuestros
artistas.
(19)
SECRETOS ÚTILES.
■
Modo de pintar en el cristal.
Hijos mios, todos los días vemos anun-
ciados en los diarios, maestros que prome-
ten enseñar en muy pocas lecciones á pin-
tar en el cristal , aunque el discípulo no ten-
ga ninguna idea de dibujo; y mas de una
vez me habéis manifestado deseos de apren*
derlo vosotros: yo que me complazco en
alimentar una inclinación tan grata á mi
corazón como es el deseo de saber ¿ no pue-
do menos de daros alguna instrucción con
la que podáis conseguir pintar en el cris-
tal lo que gustéis, cuyo método es como
sigue:
Tómese una estampa grabada en negrcí,*
por ser las que prueban mejor, procuran-
do ademas que el papel no tenga mucha
cola, lo que se conoce fácilmente notando
sise cala pronto cuando se humedece. Cór-
tese todo el margen blanco de la estampa,
y báñese en agua caliente. Tómese un cris-
tal bien blanco del mismo grandor de la es-
tampa, y después de haberle calentado un
(20)
poco, se baña por un lado con una capa de
trementina deVenecia, que se va estendien-
do con un pincel suave; en seguida se sa-
ca la estampa del agua, se seca con un lien-
zo y se coloca sobre el cristal de modo que
el grabado caiga sobre la trementina, y se
va sentando poco á poco, picando las am-
polletas con una aguja para que salga el aire.
Estando la estampa así pegada, se mojan los
dedos en agua y se va frotando y arrollan-
do el papel , quitándole todo hasta que no
quede sobre el cristal mas que el grabado
con la ligera telilla del papel pegada á la
trementina.
Luego se coloca en un caballete en con-
tra de la luz y se va pintando por detras
con colores molidos al olio corno usan los
pintores, llenando los claros del color cor-
respondiente sin hacer caso de la sombra,
pues la suple el grabado que hay en el cris-
tal. Ya que se haya acabado de pintar se co-
loca el cristal horijzontalmente para que los
colores se sequen sin correrse. Guando la es-
tampa esté bien seca se coloca en su cuadro,
poniendo un cartón por detras, y pegando
unas tiras de papel por las junturas para que
no entre el polvo.
(21) ^ > m
Modo de dibujar prontamente toda clase
de plantas y de hojas.
Tómese una hoja de papel bastante del-
gada y báñese con aceite de linaza ó acei-
te común; déjese así empapada durante tres
ó cuatro días, al cabo de los cuales se pasa»
rá por encima de una luz que tenga buena
llama, hasta que quede completamente ahu-
mada. Ya que esté bien ennegrecida, se co-
loca la hoja ó rama que se quiere dibujar
entre dos hojas de este papel así preparado,
se cubre todo con un papel mas fuerte y se
frota con un cuerpo duro y pulimentado
para que el negro del papel se quede en to-
dos los contornos y nerviaciones de la hoja.
Hecho esto, se pasa 5 la planta á otros papeles
blancos, y frotando de nuevo ó comprimien-
do por algún tiempo, se obtienen en ambas
caras del papel la impresión completa de
la planta que se queria dibujar.
HISTORIA NATURAL.
División de los tres reinos.
■
Por espectáculo riela naturaleza enten-
demos; todos los objetos que hieren nuestros
sentidos, y que componen el vasto conjunto
de cuanto vive y siente ¿ i qüeíse llama Uni-
verso. Mas la tierra es la que principalmen-
te debemos contemplad Demasiadas cosas
hay alrededor de nosotros para escitar nues-
tra admiración y nuestro amor al Criador,
sin que tengamos necesidad de imaginar
otros mundos en los que brillen su poder y
su bondad.
El planeta en que habitamos nos ofre-
ce animales, vegetales y minerales; y á esto
se puede reducir todo nuestro Universo.
Los animales son unos seres que tienen
la facultad de moverse por sí mismos. A la
cabeza de todos los animales se coloca el hom-
bre, porque él solo tiene la facultad de dis-
tinguir el bien y mal moral, y ser libre en
la elección de uno y de otro. Su conciencia
es la regla que le dirige en sus acciones, ala-
bándole cuando procede bien, y vituperan-
(23)
dolé cuando obra mal. Mas la razón no es
el único móvil de su conducta: el mismo
instinto que preside á los movimientos de
los animales, preside en muchas circunstan-
cias á su conservación; porque suele suce-
der que se determina independientemente
de todo examen y toda reflexión*
Dios que ha dado al hombre un alma
racional, le ha dado también un cuerpo que
le distingue eminentemente de todos los
demás animales. Lleva su cabeza derecha, y
sus miradas, que parece desdeñan á la tierra,
se dirigen hacia el Cielo como hacia la mo-
rada que le está destinada; ó si alguna vez
las dirige á la tierra, es señal de que se re-
coge en sí mismo para escuchar atento lá voz
de la conciencia y de la razón, jQué grartde-í }
za la del hombre si presta atención á ella!
¡Y qué bajeza si la olvida! En el primer ca-
so se acerca á la divinidad 9 y en el segun-
do seenvilece aun mas que los otros anima-
les que no tienen conocimiento de lo que
son.
Hijos mios, lo mas difícil de todo cuan-
to os pueda presentar es averiguar los secre-
tos impulsos del corazón humano, para ani-
marlos , detenerlos , ó dirigirlos á fines de-
terminados y provechosos. Aquel péndulo
( 24 )
vital es esencialíslmo para el buen orden de
todos los demás movimientos, de los que es
centro y réguJad.pr.,Pero él en sí mismo hier-
ve en irregularidades y contradicciones. Ei
hombre es lo mejor entre lo bueno, y lo
peor entre lo malo; y por ambos respectos
es el primero de los animales. En los demás
el instinto mancomuna y amolda los ape-
titos y costumbres de todos en cada especie.
En el hombre la razón varía, y multiplica
los caprichos y diferencias del genio en to- >
dos y cada uno dejos individuos. Por esto
es un enigma incomprensible, y tanto mas
oscuro cuanto mas libre. Y por esto es su
pecho un laberinto, del que no hay Theséo
que salga, porque no hay hilo de Ariadna
qjie pueda alcanzar á conducirlo en sus tor-
tuosidades y mudanzas.
El hombre es hijo del cielo y de la tier-
ra; es decir, participa de un alma espiri-
tual y de la materia. Esta lo arrastra , y
aquella lo eleva, y por lo mismo se ven de
hecho unidas y hermanadas las cosas que
parecen mas opuestas, Aqui se ve en el pro-
pio sugeto la violencia y la apatía, el ardor
y la pereza, la irresolución y el gran deseo,
Ja arrogancia y cobardía, la timidez y el
arrojo, el error y la ciencia , la crueldad y
(* 25 ) . .
la ternura, la virtud y el vicio, la obstina-
ción y la inconstancia, el amor y el odio,
la confianza y la envidia, el abatimiento y
la jactancia., el cariño y el mal trato, la al-
tivez y la miseria, la debilidad y el heroís-
mo. Los mayores personajes de la historia
equilibran á lo mas sus defectos con sus
prendas. Animal contradictorio en la justa
espresion de Lavater, pasa en un instante
como Alcibiades de un estremo á otro: y
así Caiígula fue el mejor de los esclavos y
el peor de los déspotas. ¡Hombre indefini-
ble, enemigo de todos, de todo y de tí mis-
mo, renuncia el privilegio de la razón, ó
enfrena y no apacientes con ella tu locura !
Mándate , que este es tu legítimo imperio;
y con esto serás racionalmente libre, á di-
ferencia de los brutos que obedecen ciegos
y forzados del instinto.
Es cierto que no todos tienen las mis-
mas disposiciones naturales para el efecto;
pero de ahí viene también la virtud y el
mérito, y la precisión de distinguir los va-
rios temperamentos del alma según el pre-
dominio de la afección ó el de la inteligen-
cia, de cuyos temperamentos ya os hablaré
otro dia, suspendiendo por hoy hablaros
mas del primer animal, y dirijiéndome á
(26)
aquellos que no siendo guiados sino por un
ciego impulso al que obedecen por necesidad
y que dan el nombre de instinto.
Si la razón es igual proporcionalmen-
te en todos los hombres , el instinto no es
el mismo en todas las bestias, antes bien
se distinguen varios grados que las alejan
mas ó menos de la especie humana. Si es
una verdad que por este instinto, tanto los
grandes como los pequeños se inclinan á
procurar su conservación, á multiplicarse,
á proporcionarse el placer y huir el dolor,
lo que les es común con el hombre, ¡qué
distancia no se observa por otra parte en-
tre el instinto de un insecto á quien se ten-
dría por una planta, y el de un perro , un
mono y un elefante! Acariciemos á un insecto
y aun pez, y pareceráp insensiblesá nuestras
caricias. Mas acariciemos á un perro 5 ¡con qué
signos tan amables nos manifestará su re-
conocimiento! Hagámosle bien, y nunca se
le olvidará ; en todas ocasiones nos proba-
rá su cariño con espresivas demostraciones,
y aun perderá su vicia por salvar la núes*
tra. Si colocamos una marmota al lado de
un mico, ¿podremos creer que la ley del ins-
tinto es una misma en todos los animales?
¿Y el elefante no se dirá en algunos casos
que participa de la razón é instinto del
hombre?
Mas si el instinto de los animales nos
ofrece tantas variedades mas ó menos pro-
nunciadas, ¿qué diré yódelas calidades
que los distinguen, de los gustos que los
dominan y de los hábitos que pueden con*
traer ?
¡Qué admirable diversidad de facultades y
de sentimientos en sus especies! El valor es
el patrimonio del león, la ferocidad del ti-
gre, la fiereza del águila, la impetuosidad
y la docilidad del caballo, la fidelidad con-
viene al perro, la perfidia al gato, la indus-
tria al castor, la crueldad con la astucia al
lobo, la dulzura á la oveja, la cobardía á la
liebre, la timidez y la ligereza al ciervo, la
paciencia al buey, la astucia á la zorra , el
espíritu de imitación ai mico , la obstina-
ción al burro, la prudencia á la serpiente,*
la ternura á la tortolilla, &c. No diré na-
da de los peces, cuyos caracteres no ofrecen
sin duda menos contrastes y variedades, pe-
ro que se diferencian de los animales que
viven sobre la tierra por la resistencia casi
insuperable que oponen al que intenta do-
mesticarlos: y aunque todas estas cualida-
des de tan diferentes especies de animales
(28)
se hallan reunidas en el hombre, éste no
se deja arrastrar en sus ocupaciones por el
impulso de necesidad que dirije las de los
bruto?.
Los vegetales son producciones de la
tierra que les provee del jugo necesario á
su existencia. Están adheridos á aquella por
raices mediante lasque el jugo nutritivo se
introduce en el vegetal, sube y se distribuye
en todas sus partes por medio de venas y ra-
mificaciones. ¡Qué de plantas, desde aquel
soberbio árbol que esconde su cim^ en los
cielos^hasta el musgo imperceptible qué cu-
bre las piedras de su verde color! ¿Quién
podrá enumerar y descubrir sus innumera-
bles especies? ¿Quién podrá decir todos
sus usos? ¡Qué abismo para el ingenio hu-
mano, el modo con que los vegetales se mul-
tiplican! Así como hay animales pacíficos y
otros maléficos, hay vegetales útiles á la sa-
lud del hombre, y otros que la destruyen.
Así como entre los primeros se hallan es-
pecies que solo viven haciendo la guerra á
los otros, existen otras entre los segundos
que solo viven devorando otras plantas, ó
quitándoles una parte de su alimento; así
como los panales de las abejas tienen sus
zánganos, ios campos tienen sus plantas pa-
(29)
rasitas que todo lo devoran, y no son bue-
nas mas que para ser arraneadas y echadas
al fuego.
Los minerales son sustancias terrestres
mas ó menos compactas, que se han formar-
do en lo interior de la tierra por una reu-
nión de partes de la misma naturaleza, de
modo que no pueden separarse unas de
otras sin gran violencia. En los minerales
se comprenden los metales y todas las cla-
ses de piedras, desde las mas preciosas á las
mas comunes, desde el diamante hasta el
pedernal. El oro, la plata, el cobre, el hier-
ro , el plomo , el estaño , el mercurio , &c>
son metales. El oro es el mas duro y el mas
brillante;* esto, agregado á otras propieda-
des que le caracterizan, ha hecho que siem»
pre sea preferido á los demás que no las tie-
nen tan eminentes. Por esta razón desde
tiempo inmemorial los pueblos se han con-
venido en usarle para los cambios del co-
mercio, y le han dado treinta veces por lo
menos mas valor que á los otros,
Los demás metales, sin gozar de la mis-
ma ventaja , son muy recomendables á cau-
sa de su conocida utilidad, pero el hierro
es por su dureza de un uso mas común
que los otros. La dureza, el brillo y el co-
(30)
lor son las cualidades que dan mas realce
á las piedras preciosas. Esto es lo que da
tanto valor al diamante y á otra9 piedras,
aunque el primero solo debe tener la tras-
parencia de una gota de agua limpia.
(31)
HIGIENE.
Artículo 3.° ejercicio.
Hijos mios, no hay cosa mas útil á la
salud que el ejercicio, por cuya razón los
antiguos hacían de la gimnástica la base de la
educación nacional. Los griegos educaban
á su juventud en todo género de ejerci-
cios : los romanos á imitación de aquellos
establecieron un campo de Marte, á donde
iba la juventud á buscar la fuerza y la sa-
lud. Para conservar la salud se necesita la
circulación de las fuerzas, y por consiguien-
te de los humores. Los efectos que produce
en el cuerpo la inacción, es concentrar la
acción en el epigastrio, produciendo debili-
dad, y el movimiento por el contrario dis-^
tribuye con igualdad las fuerzas, la acción
en todos los órganos dándoles vigor; y por
eso dijo Celso que la inacción debilita el
cuerpo, y que el trabajo le fortifica, que la
primera acarrea una vejez prematura y que
el segundo prolonga la adolescencia.
El ejercicio fortifica el cuerpo, sostiene
la salud y da al espíritu mas disposición y
(32)
libertan. La falta de ejercicio es causa de
obstrucciones en las visceras , y de que el
sistema nervioso adquiera una movilidad y
sensibilidad estraordinaria; por lo que no
es de estrañar que sean tan frecuentes las
obstrucciones de glándulas en los que tie-
nen una vida ociosa y sedentaria, y que las
afecciones nerviosas , la hipocondría, el his-
terismo, &c. , sean el patrimonio de los ni-
ños criados entre la abundancia y los pla-
ceres. La vida ociosa no solo produce en-
fermedades, sino que hace al hombre inú-
til para la sociedad, y es el origen de todos
los vicios y de cuantas calamidades aflijen á
la especie humana.
Una de las que Phocion llamó virtudes
es el amor al trabajo. Sola la actividad y el
tesón tienen el privilegio de aspirar á la
gloria de sobresalir y ofrecer á los otros el
estéril gusto de admirar los progresos , que
de otro modo se reputarían por milagrosos
ó imposibles. Para vosotros, hijos mios, de-
be ser un precepto riguroso el consejo sa-
bio de Polybio á Scipion II, que le inspira*
ba odio á los placeres de Roma , apartán-
dole del ocio , de la disipación y lujo que
desdoraban la noble juventud de aquella
decadente república. Los placeres, le clecia
( 33 )
Pablo Emilio á su hijo, absorven la aten-
ción, roban el tiempo y ofuscan las poten-
cias. Su abuso no deja lugar, ni ganas, ni
fuerzas para coslí buena. El trabajo mental
exige un cuerpo sano, el que se enerva, Jníf^
tiliza ó pierde las aptitudes que tenia. \ Jó*
venes , economizad las vuestras para ém-*-
picarlas bien, para lucirlas* para esteno
derlas !
La ociosidad, hijos míos, es á los ojos
del mundo un verdadero crimen ó pecado
contra naturaleza , es por consiguiente fu^
nesto y fecundo origen de fílales y vicio?.
Por esto las leyes desterraban de la Lacede-
raonia á los ociosos y poltrones, como lo
hicieron en EspártM con Neucüdes, reunido
antes todo el pueblo para inspirarle mas
horror á la indolencia y holgazanería. Esta
lo corrompe todo, dice Plinio: causa ma*
estragos que la guerra, dice J avenal. Minos
hizo feliz á Creta prohibiendo la ociosidad,
como la mas contraria á las buenas costum-
bres. En el Perú antiguamente no se per-
mitía á nadie fijar su domicilio sin que tu-
viese una conocida ocupación; y muy re-
cientemente los Estados-Unidos entre las
medidas que han tomado contra las emi-
graciones europeas, es el no admitir aque-
TOMO iíl. 3
(34)
líos que no tengan oficio ni beneficio. ¡Jó-
venes, trabajad para estar robustos, para ser
buenos, para ser felices! La historia de casi
todas las naciones atestigua que el lujo y la
ropflpiqie, enervando al cuerpo y corrompien-
do! jas costumbres, han ocasionado la deca-
dencia y ruina de los imperios, producien-
do revoluciones las mas vergonzosas. Tam-
bién es cierto que á dicha causa se debe la
degeneración d® la especie humana, la que
solo podrá prevenirse poniendo un ante-
mural á nuestros vicios y malas costumbres,
y haciendo que desde la infancia tengan los
hdmbres una buena constitución, con lo que
se conseguirá que haya ciudadanos fuertes
y virtuosos que .pongan á salvo y hagan
prosperar a la nación. Los niños, aunque
débiles, se ponen robustos y resisten las vi-
cisitudes de climas y estaciones, con tal que
se procure hagan ejercicio al aire libre; coa
lo que se consigue también formar su cor-
razon y talento , dando mejor dirección á
las pasiones humanas, pues dándosela al
trabajo se ha conseguido muchas veces mu-
dar las mas fuertes y viciosas inclinaciones.
El ejercicio mas saludable es el que se
hace al aire libre, poniendo en acción el ma-
yor numero de las partes del cuerpo, y el
(35)
que es proporcionado al estado de fuerzas
del individuo: tal es el paseo, la equitación,
la carrera, el baile, la esgrima, la caza, el
juego de pelota, el de calva, la barra, vo-
lante, bolos; y también se puede colocar aquí
el que se hace en el juego del villar, y aun
el de leer en alta voz* Estos ejercicios no
solo favorecen la igual repartición de fuer-
zas en todos los órganos, dando al cuerpo
vigor y agilidad, sino que también recrean
el alma produciendo en ella sensaciones
agradables.
El ejercicio que consiste en subir y ba-
jar una escalera muchas veces con carga ó
sin ella , y con mas ó menos velocidad, es
un ejercicio tanto mas saludable cnanto
que agita á la vez todas las partes del cuer-
po, y tiene ademas la ventaja de poderse
practicar en todo tiempo y cuando hay que
privarse de los ejercicios indicados.
El verdadero ejercicio no consiste én
ir eti coche ^ sino en poner en movimiento
el cuerpo sin fatigarle demasiado* El coche
conviene solo á las personas muy débiles y
á los ancianoSé La equitación es tan con-
ducente para la salud, como agradable* Con*
viene á los convalecientes, á los débiles con-
serva y restablece él equilibrio entre el es**
(36)
tómago y la cutis; y Sydenham mira al
ejercicio de á caballo como uno de los re-
medios mas eficaces para la curación de va-
rias enfermedades. Sin embargo, el ejerci-
cio, así de á caballo como á pie, no debe ha-
cerse inmediatamente después de la comi-
da ó mientras se ejerce la digestión, y siem-
pre será mas útil antes de comer que des-
pués. E!; ejercicio será proporcionado á la
constitución de los sugetos yá la estación.
Los pitukos^^ los niños y los nerviosos é
irritables deben hacer mas en las estaciones
frías y húmedas, .que no los sanguíneos, los
biliosos, atraviliarios y los viejos, los cuales
deben hacer muy poco en las estaciones
ffias y secas, y en las secas y calientes.
Las jóvenes que por su condición ó fa-
cultades no puedan ir á caballo, ni hacer uso
délos juegos de que hemos hecho mención,
pueden reemplazarlos por medio del baile,
pues tiene la ventaja, respecto de los demás,
que dá aire al cuerpo y estension al peqhd
por la precisión que hay de doblarse y en-
derezarse con frecuencia. El baile es el ejer-
cicio que mas conviene á las mugeres, y es
para este sexo lo que el andar á caballo pa-
ra; los hombres.
Convenidos en que el ejercicio es el
(37) .„,
mejor elemento de la salud, que la vida ac-
tiva es el asilo mas poderoso de la virtud
y la egida de aquella, saquemos de él tanta
utilidad para la salud como felicidad puede
resultará la sociedad. Consideremos á los al-
deanos ocupados todo el dia en sus trabajos,
y veremos que cantan en medio de ellos y
que gozan de salud , mientras que los ricos
de las ciudades, descansando entre placeré?,
se ven oprimidos de mil males. "La gota,
»dijo Lafontaine, está en las ciudades, y la
»araña en los campos." El trabajo, hijo de
la necesidad, es el padre de la salud y bien-
estar. Sin embargo , para que los trabajos
conserven y vigoricen la salud , se necesi-
ta que sean proporcionados al estado de
las fuerzas, porque si son escesivos acaban
demasiado, y la vejez se anticipa. Estos efec-
tos se deben á una concentración fuerte y
habitual de fuerzas en lo interior, y es fal-
so lo que han querido persuadir algunos
egoistas de que el hombre que tiene que
ganar su sustento á fuerza de trabajo viva
mas tiempo que los ricos que recogen el
fruto de sus sudores: semejante modo de
pensar lleva sin duda el fin de consolar á
los pobres, á quienes la fortuna ha condena-
do á trabajar toda su vida, y de persuadir-
(38)
les á que de este modo vivirían mas tiem-
po y con salud. Este sistema, inventado aca-
so para acabar de destruir toda la sensibi-
lidad en el corazón del rico y eximirle de
hacer bien , pos debe producir un efecto
contrario; la persuasión de que los hom-
bres , obligados á trabajar mucho toda su
vida, son viejísimos á los 6o años, y es ra-
ro el que vive mas tiempo, en ve? de que
aquellos que han sabido hacer uso de los
favores que les ha dispensado la fortuna,
llegan á los 8o. Si, hijos mios, compadez-
cámonos de los pobres cuya escasez Jes re-
duce á la durísima necesidad de trabajar
toda su vida; socorrámoslos y ayudémosles
compartiendo con ellos su trabajo: no nos
olvidemos que el hombre no nació para es-
tar ocioso, que la naturaleza nos ha conde-
nado á que trabajemos, ó mejor diría nos
ha hecho un bien, queriendo que al mis*
mo tiempo que ayudemos á nuestros seme«*
jantes seamos ayudados por ellos,
Destierro é industria.
Cualquiera que sea el rango y la fortu-
na de vuestras familias, amiguitos mios,
nunca despreciéis á \g$i hombres que ejer^
cen profesiones laboriosas. Estofc hombres
son útiles, y todo lo que es útil debe esti-
marse. ¿Qué seria de nosotros si no hubiese
labradores, albañiles, carpinteros, herrero?,
tejedores y demás obreros laboriosos cuyo
trabajo suple nuestro descanso, proporcio-
nándonos todo lo que es de primera nece-
sidad? Ademas habéis de notar que alga-
nos de estos hombres manifiestan en el ge-*
ñero de industria que ejercen una inteli-
gencia y un ingenio que casi elevan el arte
mecánico á la dignidad del arte liberal, co-
locando al artesano en la misma línea que
al artista,
Por otra parte, aunque un oficio no tu-
viese mas ventaja que la de hacer subsis-
tir honradamente á una familia desprovis-
ta de otros medios, el que le ejerce ¿no
tiene justos títulos á la consideración de los
demás? Tened bien presente esta máxima.
* & E1 que no es hombre de bien puede en-
vilecer el estado mas floreciente , pero el
»mas humilde no envilece al hombre hon-
rado," Puede suceder muy bien que aquel
que menos lo piensa se encuentre en cir-
cunstancias en que el saber un oficio haga
su felicidad. Todo lo que llevo dicho ha si-
do únicamente corcel fin de referiros la
siguiente historia.
Jacobo de Rosales solo tenia trece años
cuando sus padres emigraron con él, y se re-
tiraron á un pequeño estado de Alemania.
Sus bienes habian sido secuestrados, y no le
quedó al conde de Rosales mas dinero que
el que habia podido llevar consigo, y que
no bastaba á mantener á su familia ni si-
quiera dos años. La educación de Jacobo, que
tuvo muy buenos principios, se interrum-
pió á pesar de que su padre la continuaba
lo mejor que podía, á lo que el joven se
prestaba con ardor. Era ya bastante juicio-
so para conocer la posición de sus padres, y
no ignoraba que bien pronto se verían fal-
tos de recursos. "Las pesadumbres han al-
iterado la salud de mi padre (dijo él), y no
>>podrá trabajar : á mí me toca ahora soste-
ner á mi familia; pero para esto no pue-
«do contar eselusivamente con lo que sé de
»Iatin, de historia, de geografía y de mate»
»máticas; hay aquí otros que saben masque
»yo, y es preciso que halle recursos en mis
»brazos y en mi industria. Bueno que sea
»hijo del conde de Rosales, mas digno seré
»de este nombre si haciéndome trabajador,
»consigo mantener á mi familia sin moles-
»tar á nadie." Así raciocinaba Jacobo, Al
lado de la casa en que vivía se hallaba es-
tablecido el taller de un ebanista, que tenia
un hijo un poco mayor que él. Un dia Ja-
cobo trabó conversación con él, y le hizo va-
rias preguntas acerca de su oficio, hacién-
dole notar que algunas nociones de geome-
tría podrían serle útiles, y ofreciéndose á
darle lecciones, como él por su parte se
prestase á enseñarle el uso de la sierra , del
escoplo y del martillo. Este tratado fue con-
cluido, y he aquí ya á nuestros dos jóvenes
comunicándose mutuamente su saber. Jaco-
bo tenia una destreza maravillosa, y no tar-
dó en adelantar á su maestro, de modo que
el ebanista estaba admirado, y un dia al
acabar de examinar una obra de Jacobo le
dijo: "Es una lástima que solo hagáis esto
»por un mero recreo, pues si quisieseis tra-
bajar para mí yo os pagaría muy bien. y>
Se alegró infinito al oir esta proposición, mas
no se atrevió á responder sin haber antes
consultado con su padre. Este era un hom-
bre despreocupado, y después de reflexio-
nar por algunos momentos, dijo : dos cosas
me pueden suceder, ó quedar arruinado pa-
ra siempre, y en este caso, ¿porqué he rlg,
impedir á mi hijo que siga un oficio que
(42)
asegurará su existencia? ó recobrar toda mi
fortuna, y en este otro no puede menos de
ser una esperiencia muy útil á Jacobo el ha-
ber vivido algún tiempo del trabajo de sus
manos. " Jacobo obtuvo , pues , permiso de
aceptar las ofertas del ebanista , con la condi-
ción de no abandonar del todo sus estudios.
Nuestro artesano se portó de modo que su
jornal siempre fue en aumento, y llegó á me-
jorar la situación de sus padres; y consi-
guiendo obtener mas inteligencia y buen
gusto que sus maestros, perfeeionaba la for-
ma, la composición y la elegancia de los
muebles en unos términos que el taller se
fue acreditando de día en día,
Tres años habian trascurrido de esta
suerte, cuando un dia que el príncipe rei-
nante pasaba por delante del almacén del
ebanista le llamó la atención la nueva y ele*
gante forma de una cómoda que habia á la
puerta, y entró para verla y enterarse mejor,
Jacobo entonces le fue enterando de todos
los secretos, de modo que el príncipe esta-
ba admirado, ''¿Quién ha inventado y cons-
truido este precioso mueble?" preguntó.—
Este joven, señor, respondió francamente
el ebanista. Yo compro la cómoda, replicó el
príncipe; y agarrando un libro que había
(43)
sobre un banco, preguntó: ¿quién 6e halla
en estado de leer á Horacio en vuestro obra-
dor? Este mismo joven, señor, contestó el
ebanista; y aquí está mi hijo, al que ha en-
señado la geometría. Entonces el príncipe
miró atentamente á Jacobo, y dijo: " Esto es
»muy estraordinario , joven: espero me di-
»gais quién sois." "Señor, yo me llamo Ja*
»cobo, y soy hijo de un emigrado." "No
»quiero saber mas" contestó el príncipe, y
volviéndose al ebanista le dijo: "Amigo, si
»asocias este joven ó vuestros intereses, os
*>epqargo la construcción de los muebles de mi
quinta de Vendel." Este mandato del prín-
cipe no se echó en el olvido, sino que fue
seguido de otros muchos , atrajo comprado-
res al taller de Jacobo, y fue el origen de la
fortuna de los asociados. En fin, el conde de
Rosales logró volver á su patria por una fe-
liz amnistía , y Jacobo tuvo el gusto de com-
prar á su padre la posesión de que le ha-
bían despojado, y en el dia es padre de fa-
milia, y estoy seguro de que sus hijos no
desdeñan á los artesanos laboriosos.
(44)
MORAL.
ARTICULO 4.
De la piedad filial.
Las dulces inspiraciones de la piedad
filial hacen palpitar fuertemente el corazón
de los niños al oir el nombre de padre y
madre: estos dulces nombres infunden res-
peto, reconocimiento, amor y confianza.
Un hijo nunca debe olvidar el bien que re-
cibe de los padres; el beneficio de la vi-
da, los cuidados de la infancia, la solici-
tud , la fatiga , el desvelo de la que le ha
dado á luz y alimentado con su leche, la
indulgencia y celo del que ha trabajado pa-
ra educarle y preparar su porvenir, y los
buenos ejemplos que ha recibirlo. Todas
estas cosas indican que en esta palabra pie-
dad filial se da á entender que los padres
representan á Dios en la tierra , y que es
preciso honrarlos, servirlos y obedecerlos.
Cuando lleguen á viejos y estén enfer-
mos , se les cuidará trabajando en todo y
por todo para ocurrir á sus necesidades;
aunque tengan alguna flaqueza, se les debe
(45)
disimular; y si alguno la nota , se les debe
disculpar, pues respetando serás respetado.
El hijo virtuoso es un velo que cubre la
desnudez del padre ¿, y un escudo que pro-
tege la debilidad de la madre; porque cuan*
do el arroyuelo corre limpio y traspa-
rente sobre la arens, uadie se inquieta por
saber si su orígeq fue claro ó turbio.
El hijo que se avergüenza del estado
humilde desús padres, se deshonra; á sí
mismo, porque se proclama ingrato , or-
gulloso é indigno de mejor fortuna. Y esto
sin que gane nada, porque en el momea*
to que el burro se pone los jaeces del ca-
ballo, le descubren las orejas, y le vuelven
á la carga y á los palos.
En cualquier evento estemos siempre
prontos á rendir honienage á aquellos sin
los que ni seríamos nada, ni podríamos po->
seer cosa algiína. Merezcamos sobre todo su
bendición, porque el que no obtiene la
bepd,icion d^ sus padres * no debe esperar
el favor del cielo ni de la tierra.
El hijo ingrato, el hijo impío es recha-
zado como un insensato incurable , como
un ser monstruoso. ¡Desgraciado de él cuan-
do sea padre! En su vejez no se atreverá á
reclamar unos derechos que ha descono-
cido; los respetos de sus hijos cubrirán de
remordimientos su frente encanecida \ y
no se atreverá á bendecir á su propia pos-
teridad por temor de acarrearla alguna
desgracia.
Pensamientos diversos sobre la misma
materia.
La piedad filial es una virtud del co-
razón que no puede estar oculta. Semejan-
te al fuego, que Comunica su calor y su luz
á todo lo que le rodea * se manifiesta exte-
riormente en el porte * en las palabras* en
las acciones y en toda la conducta * des-
plegando un respeto y un amor siri lími-
tes. ¡Feliz el que puede retribuir á la vejez
de un padre y de una madre los cuidados
que les ha merecido en su infancia; y mas
feliz aun aquel que les vuelve hasta sus son-
risas, sus caricias y sus afectos !
El que corta los árboles que su padre
ha plantado, venderá la casa que ha edi-
ficado, y hará otras cosas peores. La pie-
dad filial produce los mismos sentimien-
tos y los mismos afectos en todos los cli-
mas. La piedad filial ha enriquecido á mu-
chos pobres , y nunca ha arruinado á nin-
. ( 47 )
gurí rico; ha inspirado á muchos talentos,
y nunca ha cortado el vuelo del ingenio;
ha conquistado muchos corazones á la vir-
tud , y á nadie ha viciado; ha hecho mu-
chos afortunados, sin causar el menor in-
fortunio. Amar y honrar á sus padres du-
rante la vida, sentir y llorar su muerte, es
cumplir con las leyes fundamentales de la
sociedad humana y de la naturaleza. El
que así lo cumpla, ha seguido dignamen-
te la honorífica carrera de la piedad filial.
Anécdota d la piedad filial.
El fuego del monte Etna* después de
haber destruido todos los obstáculos y roto
todos los diques .! que se oponían á su pa-
so, se esparcía un día con impetuosidad
por todo el contorno. Su torrente llevaba
por da quiera el terror, la desolación y el
espanto : los sembrados , los plantíos de laé
inmediaciones, las casas, las selvas, las co-
linas cubiertas de verdor, todo era presa de
su elemento. Apenas las llamas habían em-
pezado á derramarse, cuando se sintió en
Catania un violento temblor de tierra, y las
llamas penetraban ya en la ciudad. Enton-
ces cada uno* según sus fuerzas y su valor
le permitían, procura librar sus mas pre-
ciosos objetos: gime uno bajo la enorme
carga de su dinero; otro está tan aturdido
que corre á coger las armas, como si hu-
biera de pelear con el fuego; otro, abruma-
do con el peso de sus riquezas, adquiridas
tal yez por sus crímenes, no puede dar un
paso, mientras que el pobre corre Jligero
con su mísera maletilla : en fin ^ cada una
huye y procura llevarse lo que mas es-
tima.
Mas no todos \consiguen salvarse: el
fuego devora á los mas lentos en huir, y
á los que una sórdida avaricia retiene lar-
go tiempo: los que creian ya haber esca-
pado del rigor del incendio, en un mo-
mento son envueltos por las llamas, y pier-
dan el fruto de sus penas, sus riquezas, y
demás despojos preciosos, que sirven de
pasto a las llamas que en su furor no per-
donan ni aun á los que están animados
por la piedad.
Amphinome y su hermano ven á su
padre y á su madre ancianos y achacosos
que habian llegado casi arrastrando hasta el
umbral de la puerta de su casa á tiempo
que ya las llamas habian prendido en ella.
Estos dos jóvenes corren á ellos, los toman
en sus brazos , y sienten aumentarse sus
fuerzas con esta preciosa carga. [O turba
avara! No te fatigues en llevarte tus teso-*
ros; echa una ojeada sobre estos dos hijos
que no tienen otros que su padre y su ma-
dre. Caminan por entre Jaa llamas , como si
el fuego hubiese prometido preservarlos^
¡ O piedad ! la mayor de Jas virtudes y la
mas recomendable á los hombres ! Las lla-
mas los respetan, y se retiran por doquie-
ra que ellos dirigen sus pasos. ¡ Dia fausta
á pesar de sus desgracias! Aunque el in-
cendio egercia su furor en todas partes, loa
dos hermanos atravesaron las llamas como
en triunfo, y cargados con tan piadoso
peso, llegaron sanos y salvos á parage se-»
guro.
Estos dos hermanos se hicieron tau cé-
lebres por esta hazaña que Siracusa y Ga-
tania se disputan el honor de haberles da.r
do el ser, y las dos ciudades han dedica-
do templos á la piedad filial en memoria
del espresado suceso.,
Un crimen castiga otro crimen.
Tres caminantes se encontraron un te-
soro, le repartieron entre sí, y continuaron
TOMO ni. 4
(50)
su camino , hablando sobre en qué le em-
plearían, mas habiéndoseles acabado los ví-
veres, se convinieron en que el mas joven
iría á comprarlos al pueblo inmediato. El
joven partió, y por el camino Se decia á sí
propio: Ya soy rico, pero lo sería aun mas
si no se hubieran hallado conmiso esos dos
hombres al encontrar el tesoro. Me han qui-
tado mis riquezas, ¿no pódria yo recobrar-
las? Esto me sería fácil envenenando los
víveres que voy á comprar; á la vuelta di-
ré que ya he comido en el pueblo: mis
compañeros comerán sin recelo, mueren
y todo es mío.
Entretanto los otros viageros decían:
lástima es que ese joven haya venido con
nosotros. Hemos tenido que repartir con él
lo que á nosotros nos hubiera enriquecido.
El vá á volver, tenemos puñales, estamos
solos en el campo y.....
El joven voRió con los víveres empo-
zonados, sus compañeros le asesinaron, co-
mieron de los manjares y murieron en se-
guida.
Ved aquí , hijos mios , como un crimen
castiga otro crimen, así como una virtud es
el germen de otra virtud y de la dicha.
(51)
EDUCACIÓN DEL BELLO SEXO.
Cuidado de los enfermos*
Nada hay mas conforme al deseo de la
humanidad y al espíritu del cristianismo
que el cuidado que se tiene de las personas
afligidas de alguna dolencia.. Si es uno de
los primeros deberes de los pastores ecle-
siásticos el visitarlas y animarlas con sus
exhortaciones, y aun proporcionar medios
de curación á aquellas á quienes la indi-
gencia impide procurárselos, todos los de-
mas católicos de cualquier clase y condi-
ción no están menos obligados á cumplir
en cuanto pudieren con esta obra de mi-
sericordia. He aquí por lo que muchos prín-
cipes y otros varios personages; opulentos,
animado* de una verdadera piedad , han
abierto asilos cómodos y numerosos á k
humanidad pobre y doliente. Por este mo-
tivo tan poderoso un gran numero de vír-
genes cristianas, renunciando á las esperan-
zas del siglo, se han dedicado en ellos á
las mas trabajosas y repugnantes ocupa-
ciones.
El cuidado de los enfermos no perte-
nece solamente á los que se han dedicado
á él esclusivamente ; nadie está exento de
los deberes que impone á todos la cari-
dad cristiana. Pero aquellos son mas es-
trechos aun para las esposas y madres de
familia. Así como fuera inútil probar esta
verdad, no lo será observar de paso que
las funciones de una esposa á la cabecera
del lecho en que padece su marido , y las
de una madre respecto de sus hijos enfer-
mos , tienen siempre mejor resultado que
las desempeñadas por personas estrañas.
En efecto 5 ¿ cómo se pueden comparar Jos
servicios de una muger asalariada con
aquellas atenciones llenas de delicadeza^
con aquella tierna solieimdjde .-, una, buena;
esposa Ót0MMfk madre á la que todo in-
quieta, y ; xp§ $aben hablar únicamente
aquel lengüage; que consuela y anima el
corazón del objeto de su ternura? Si todo
el mundo conoce la influencia de nuestra
situación moral sobre nuestro cuerpo r na-
die puede ignorar que un esposo enfermo,
«i es asistido por su esposa, y un hijo es
consolado y dirigido por su madre | están
mas próximos á su curación, que los que
carecen de tan interesantes desvelos, y na-
<(S3) -
da costosos para el amor. El que 9e dedi-
que á cuidar los enfermos, ya sea por pre-
cisión ó ya voluntariamente, debe tener pa-
ciencia, y no acobardarse del furor ó las
quejas de un infeliz agoviado por los pa-
decimientos. No debe alarmarse á la vista
de una enfermedad horrible, de una he-
rida espantosa, ni al olor infecto de una
úlcera antigua. Debe preparar las medi-
cinas que el médico ha recetado cuando
su composición no exija conocimientos su-
periores ; hacérselas tomar al enfermo, y
ayudarle en sus movimientos. Renovar el
aire mefítico de lo interior del lecho, ha-
ciendo entrar el puro de afuera, tomarle
el pulso de cuando en cuando para poder
responderá las preguntas del médico. Mas
estos servicios no son ios mas importantes;
se debe ademas exhortarle á la resignación,
é inspirarle palabras piadosas y consola-
doras, y leerle alguna cosa que le distraiga
de sus dolores. Evítense los discursos inúti-
les y empalagosos que fatiguen su atención,
o le acarreen pesadumbre por la compa-
ración que haya entre los placeres que dis-
frutan los demás , y los dolores que él pa-
i * ir
cíete.
Vale mucho mas que las jóvenes sepan
, . ( 54 )
desempeñar bien estas tareas, que el que
sepan cantar y bailar diestramente , porque
aunque carezcan de algunas alabanzas fri-
volas, serán por otro lado recompensadas
con la estimación de sus madres y perso-
nas que las conozcan, y he aquí el funda-
mento de su elogio y de su buena repu-
tación.
Otro precepto del cristianismo que tam-
bién conviene inculcar á la juventud es el
de ia obligación de la limosna, y esta obli-
gación no se debe enseñar sin que la acom-
páñela práctica. En vano se les diría que el
hacer el bien es una obligación «agrada , si
no se les acostumbrase á verificarlo cuando
se presenta la ocasión. Hay muchos modos
de cumplir este importante precepto, ya
aliviando a los pobres según nuestras facul-
tades nos lo permitan, ya consolándolos ó
ayudándoles en sus necesidades por otros
medios. Así es que la obligación de la li-
mosna comprende no solo á los desprovis-
tos de bienes temporales , sino á los ricos
con mucha mas razón por estar mas bien
provistos de recursos. No hay un deber
mas recomendado en la ley evangélica: pa-
rece que éste solo los comprende todos,
«cjue es el único capaz de aplacar la cólera
(55)
Divina , y de merecer Jas recompensas tan-
to espirituales como temporales.
INSTRUCCIÓN PUBLICA.
Nada se necesita tanto en un reino co*
tno la buena educación de la juventud. To-
dos los gobiernos ilustrados han conside-
rado siempre el cumplimiento de esta má-
xima como una de sus primeras obligaciones;
y la esperiencia de todos los siglos demues-
tra que sin la cultura conveniente del en-
tendimiento, las naciones son víctimas de
la discordia , de la flaqueza y del desorden
hasta un grado , que ó las aproxima á un es-
tado de absoluta idiotez comoel délos salva-
ges 5 ó al de corrupción y desvarío que sue-
le originar el abuso del saber; y en uno y
otro caso se rompen igualmente, aunque
por diversos motivos, todos los vínculos mas
sagrados del orden natural y civil. Única-
mente la buena y esmerada educación pue-
de preservar á las sociedades de estos esco-
lios en que sin ella están siempre espuestas
á estrellarse.
Convencidos los hombres dedicados á
mejorar la educación, de la evidencia de es-
tas verdades, se ocupan hace muchos años
én preparar, digámoslo así, la entrada al
estudio de las Ciencias , simplificando y ame*
nizando los métodos con que se ensenan las
humanidades ¿-que' son y serán siempre el
camino que conduce al hombre desde la in-
fancia á los conocimientos mas elevados , á
los grandes arcanos de la religión y de la
política \ que son los dos polos de la felici-
dad particular de \m individuos , y de la
general de las sociedades.
La buena educación moral y literaria^
dicen los hombres mas célebres de la anti-
güedad, suaviza las costumbres, estrecha mas
el vínculo de la sociedad, y ha formado en
todos tiempos y épocas buenos padres de fa-
milia, amigos fieles, escelen tes subditos, y
ciudadanos de probidad. En cuanto á la edu-
cación moral no hablaremos mucho porque
nosotros profesamos una religión santa, una
religión augusta, y tenemos un maestro su-
perior á todos los filósofos de la antigüedad-.
Nada es comparable con la moral sublime
de Jesucristo; y así todos nuestros desve-
los deben reducirse á proporcionar á los jó-
venes unos conocimientos mas estensos que
los que saben comunmente adquirir. Es ne-
cesario que sepan, como he repetido mu*
dbas veces, sus obligaciones para con Dios,
para consigo mismos, y para con los demás
hombres»
Ya se deja entender que un maestro
que funda su sistema de enseñanza sobre
una base tan sólida, conoce distintamente
3os confines que separan la región de la fi-
losofía de la región de la revelación , para
que la educación literaria no falte á la pri-
mera ni perjudique á la segunda, antes bien
camine de acuerdo y como hermanada con
ambas. Las letras, las verdaderas son un fir-
me apoyo de la religión y de la prosperi-
dad de los estados; y la ignorancia, igual-
mente que el mal método en los estudios,
solamente sirven para acarrearnos males sin
cuento, males imponderables*
Nosotros, midiendo la capacidad de los
jóvenes por la instrucción que recibimos
de nuestros mayores^ los creemos incapaces
de poder dedicarse simultáneamente á va-
rios objetos, y después que han aprendido
á leer mal, y escribir peor, se les hace con-
sumir tres ó cuatro años eselusivamente en
la gramática latina. ¿Ysobre unos cimientos
tan sólidos, se pretende levantar el grao
edificio de la sabiduría humana? De aquí
uace generalmente el mal gusto de los qu<e
•dedicados después i facultades mayores fc$
(58)
falta la voluntad ó el tiempo para emplear-
se en los estudias agradables, que son el or-
namento de todas las ciencias.
No hablemos á nuestros pedantes de
geografía, de cronología é historia, de gra-
mática castellana, de lengua griega, Scc. Es-
tas en la opinión de unos son cosas imper-
tinentes que no se necesitan para ser buen
filósofo, buen teólogo y buen humanista;
y en la de otros es imposible enseñarlas á
los jóvenes en el tiempo que estudian ei
latín.
Se pudiera decir que los que así se pro-
ducen son por lo común del número de
aquellos que habiendo tenido en sus pri-
meros años una pésima educación literaria,
imbuidos en el mal método por qué estudia-
ron , están creídos que no se puede saber
mas ni mejor que como ellos aprendieron,
ni se acuerdan de aquel dicho de Séneca:
Ignoramos lo necesario por haber apren-
dido lo superfino. Pero los que en sus tier-
nos años lograron una buena educación li-
teraria, ó después á costa de fatigas se han
formado así mismos; los que están conven-
cidos de la íntima unión y enlace de las le-
tras humanas, y de cuanto dicen Cicerón y
Quintiliano sobre este punto: los que pe-
(59)
netran la fuerza de aquel axioma , pocos
preceptos , y mucha práctica ; estos no
estragarán Ja enseñanza simultánea de los
varios ramos de literatura , y lejos de creer-
la nociva ü origen de la superficialidad ó
confusión, la reputarán por un medio útilí-
simo para amenizar la aridez de los estudios
de las lenguas , y hacer ¡mas sólidos los co-
nocimientos de todos ellos , ayudándose mu-
tuamente unos á otros. Pero solo me con-
tentaré con preguntarles., ¿si sus discípulos,
que no cuidan de otra cosa, llegan á apren-
der -el latín?
Mas aunque el número de los que así
piensan es mucho mayor que lo que debía-
mos prometernos de los progresos actuales
del entendimiento humano , confesemos
que nunca han faltado ni faltan principal-
mente en nuestros diassugetos particulares,
y corporaciones celosas que se han dedica-
do á la enseñanza de la juventud, y han he-
cho ver prácticamente que los jóvenes, si
son conducidos por un método de estudios
bien arreglado, pueden sin mucho dispen-
dio de tiempo adquirir todos aquellos co-
nocimientos propios de su edad , lográndo-
se esto muy ventajosamente en los nuevos
colegios de humanidades.
-Los niños son capaces de discurrir or*
dañadamente hasta un punto que no se ima-
ginan aqaellos que nunca los han observa*
do sitio muy de paso. ¿No se ven de ma-
nifiesto su comprehension y sagacidad en la
travesura y los ardides con que se manejan
desde los tres ó cuatro años? ;No se vé
igualmente en aquellos pocos en quienes un
sistema racional, fruto del esmero de algu-
nos padres ó maestros ha hecho prodigios
en determinados ramos? Nosotros somos por
lo general injustos con los niños, achacan-
do á su ineptitud ó incapacidad lo que es
efecto de la nuestra , porque no sabemos
bajándonos hasta ellos darles una educación
metódica y proporcionada. Procedemos ca-
si siempre por estreñios ó dejándoles per-
der en el ocio el precioso tiempo de la pri-
mera edad , ó sobrecargándolos con ta-
reas que enervan á un tiempo el vigor de
sus cuerpos y la energía de sus almas, En
una palabra, ó los hacemos brutos por-
que á nada los enseñamos, ó á fuerza de es-
tudios ^ para que no están todavía aptos, los
volvemos estúpidos ó charlatanes. ¿Y no
es este un mal sobre que se ha reflexionado
muy poco, después de tantos años como la
experiencia diaria nos le está señalando?
(61)
Penétrense de uña vez los maestros ¿fe que
en la educación de los jóvenes todo el arte
consiste en saber aprovechar las disposi-
ciones y los instantes ; y que asi como en
la mecánica la complicación escesiva de las
máquinas disminuye la fuerza que se em-
plea, así también en la enseñanza la escesiva
complicación de las reglas disminuye la
fuerza intelectual, es decir , la, estension y
profundidad del talento. En suma, que el
método y no los años hace toda la costa en.
la adquisición de las letras.
El método le indica la misma naturaleza.
El mal está en que no se les enseñan á los
jóvenes las cosas lógicamente, es decir, po-7
niéndolos en las circunstancias y haciéndolos
discurrir. Ya hemos dicho que piensan mas
de lo que se cree: ¿por qué, pues, no ana-
lizar con ellos todo loque se les enseña, pa-
ra, que en lo sucesivo sepan con fundamen-
to, y no de memoria solamente cuanto seles
ha enseñado? E! cultivo escluido de la íiier
moría es el tirano mas cruel de la mayor
parte de los niños, y el sistema que ener-
va en gran manera la profundidad del ta-
lento. ¿Se pretenderá hacerlos sabios á fuer-*
za de especies multiplicadas , y por la ma-
yor parte inconexas para el entendimiento?
(62)
Ya se sabe que el objeto de la primera ense-
ñanza no es tanto dar á los jóvenes todos los
conocimientos que les han de servir algún
dia, cuanto indicarles, proporcionarles el
camino de que los alcancen por sí mismos
á costa de su meditación, y de un discer-
nimiento propio y claro: solamente así po-
drán en adelante saber con fundamento. Los
planes, pues, de educación que de hoy mas
se formaren en España, deberán cimentar-
se en los principios naturales del racioci-
nio, ordenados en una lógica gramatical, ó
tina gramática lógica, pues sin estos prelimi-
nares un curso de buenas letras, en lugar
de un cursó de ideas, lo será meramente de
palabras.
Los nuevos colegios de humanidades
podrán contribuir á que España recobre
bien pronto la opinión que tiene perdida
para con los estrangeros en esta parte, y re-
cibirá algún dia todo junto el fruto de las
tareas de los particulares aplicados, gene-
ralizándose la instrucción en todos sus ra-
mos. ¿Quién será capaz de reducir á cálculo
la utilidad que puede traer aun reino un
solo hombre dedicado á la enseñanza pu-
blica ó privada, siempre que se dirija por
los principios que quedan insinuados? Es-
(63)
tos establecimientos tienen por objeto prin-
cipal (y tal fue la mente del legislador al
mandarlos instituir) el restaurar entre no-
sotros el buen gusto literario^ tan decaído
y estragado por la calamidad délos tiempos,
Ja lectura de libros estrangeros y el despre-
cio de los escritores nacionales. Si tan bené-
fica institución la debimos á S. M., el difun-
to Soberano, por el ministerio de Gracia y
Justicia, no dudemos que por el de Fomen-
to se les dará el impulso vigoroso y unifor^
me de que sean susceptibles.
(64)
GEOGRAFÍA,
La Gran Bretaña.
El Padre. Eugenio, ya me dijistes en
otra lección que las islas Británicas las for-
maban dos graneles, situadas en el Occéano
Atlántico, y otras mas pequeñas, que en
ellas se comprenden los tres reinos de In-
glaterra, Escocia é Irlanda, designados ge-
neralmente con el nombre de Inglaterra, ó
Gran Bretaña. Ahora quisiera que me di-
jeras en cuanto se valúa la población eu-
ropea de este reino.
Eugenio. Si señor, la población europea
de la Gran Bretaña asciende áai,326,75i
habitantes, á saber i 2,387,788 para la In-
glaterra , 6,84.6,949 para la Irlanda , y
2,062,014 para la Escocia. (3 fichas.)
El Padre. Isabel, clime tu algo del cli-
ma de la Gran Bretaña,
Isabel. Papá, el clima de este país es
por lo general insalubre á causa de su gran-
de humedad y sus continuadas, y densas nie-
blas. A escepcion de bosques y viñedos en
Jas demás producciones ; la tierra es fértil,
(65)
sobre tocio en prados artificiales , en que se
alimentan numerosos rebaños y abundan-
tes caballos de una hermosa raza , que se
aprecia mucho en lo general. En casi todos
estos países se coge aceite, y en todos car-
bón de piedra. La agricultura ha llegado en
este reino al mas alto grado de perfección.
Los ingleses son por lo general muy indus*
triosos y con una inclinación decidida al co-
mercio. (4 fichas).
MI Padre. Eugenia, ¿cuál es la religión
que profesan los ingleses ?
Eugenia. La religión dominante en los
ingleses es la llamada anglicana, que n& es
otra que la doctrina de Lutero; sin embar-
go, casi la totalidad de los irlandeses siguen
la religión católica. (2 fichas).
El Padre. ¿Qué género de gobierno es
el de la Inglaterra?
Enrique. El gobierno monárquico re-
presentativo, es decir, un gobierno com-
puesto del rey, los lores ó principal noble-
za del reino y que es hereditaria, á la que se
dá el nombre de cámara alta , y la cáma-
ra baja 6 de los comunes compuesta de 453
miembros elegidos de las provincias y ciu-
dades de los tres reinos, y en la sanción de
las leyes es necesario el concursa de las tres
TOMO II k S
(66)
gerarquías. El rey, que convoca el parlamen-
to cuando lascircunstancias lo exigen, con-
serva el derecho de declarar la guerra,
como hacer la paz, alianzas ó tratados de
Comercio, levantar tropas de mar y tierra
&c. &c. (4 fichas).
El Padre. Alejandro , ¿Qué rango
ocupa éntrelas potencias de Europa la In*
glaterra?
Alejandro. E! primero , Papa.
El Padre. ¿Y á qué debe esta supe-
rioridad ?
Alejandro. A la clase de gobierno que
la rige, á la estension ele sus relaciones co«-
merciales, á la actividad de su industria,
y sobre todo al estado floreciente de su
marina que la hace dueño de los mares.
(3 fichas).
El Padre. Eugenio, ¿qué posesiones
cuenta el reino unido de Ja Gran Bretaña
ademas de las que hemos dicho tiene en la
Europa?
Eugenio. Las posesiones de que es due-
ño en las demás partes del mundo son in-
mensas, y estas son las que alimentan en
continua actividad al comercio de Ingla-
terra. En el Asia es dueña de la India y de
una multitud de islas considerables; en Amé-
rica posee el Canadá y muchas islas con una
parte de la Guayana; en África el cabo de
Bueña-Esperanza y algunas islas que aun
Je pertenecen ; en la Occeania la nueva
Gales meridional y la tierra de Yan-die-*
men. (4 fichas.,)
El Padre. Isabel ¿ cómo se divide la In-
glaterra propiamente dicha?
IsabeL En 6, circuitos que se subdivi-
den en 33 condados*
El Padre. ¿Y qué entiendes tú por cir-
cuito?
IsabeL Es. el que indica la estension en
que se halla sometida á la jurisdicción de
un tribunal % cuyos jueces se presentan su-
cesivamente dos veces por año en cada uno
de los condados de su jurisdicción para ad-
ministrar en ellos !a justicia.
El cuadro siguiente indica loa circui-
tos y su división en condados.
Circuitos. Condados. Capitales*
York York.
Northern 6 \ Durliam - •••• Diu^ha.
del Norte / ^ ort h UI »n-eirland ' .. . . Nueva Cástle.
6 conldosA^r Ca * rer ' V ' \ Lancastcr.
VVessraior^Iand. ...... Renda).
CumfesrJand . . . . . . . CaijUaíet
Circuitos*
(68)
Condados.
Capitales*
WarWÍck WarWÍck.
íidland 6 I ™ h • V¡ Leícestérí
dei Medí-; S 6 ^;---' »™ h y
terráneo. \ *? Um % 1 ™™- | •$ V I,ot,M, í han
* condadosJ ; m ^ ln ' W**?
1 I lAulttand Daklian.
\ Noríhampton . Norrhamptou
ÍBuckíngharn. ....... Backingham.
Bedfort; ... . . .. Bedfort.
Humgtigdon Hungfigdon.
Cambridge Cambridge.
Sulíolek. . ,. . , Ypswieh,
Nerjblek. .......... Norwicli,
l Hertford Herford.
Homme. \ Kssex Chelmsford.
^Kent Cantor berj*
Surrey. Guildford.
Fussex Chíchester.
Berch. Reading.
WoVpejAcrr: .... . . Woreester.
Gloucester . . ¿ Gloucester.
Oxford. / Oxford Oxford,
¡8 condados. \^ Iormiout - ...... . . Monmout.
Hereford. . . Hercford.
Shrop. . SltreWsbury*
StafFord. .....V Stafíbp.
Ham. . ........... Wimchester.
Western ó I ^ ibt Saiísbury.
del Oeste, {^ orch • • Dorchester.
6 condados. P °mracrset. - • • . . . : . . Bath
Uevon Exefer.
Cornwal Launccster.
El condado del mediodía , cuya capital
es Londres, es el asiento del tribunal su-
premo de policía, no hace parte de ningún
circuito.
(69)
El Padre. Enrique, ¿dónde está el
principarlo de Gales?
Enrique. En las costas del oeste.
El Padre ¿Y cuántos condados com-
prende?
Enrique. Doce, Papá, seis al norte, y
seis al mediodía: Cacrrnarthen sobre el Toqví
es su ciudad principal. El título deeste prin-
cipado pertenece al primojénito de los re-
yes de Inglaterra. (2 fichas.)
Ei Padre. Alejandro, ya dijimos que
Londres era la capital de la Gran Bretaña,
dirne ahora qué tiene mas de particular que
las otras ciudades de este reino tan flore-
ciente,
Alejandro. Papá, Londres es el asiento
de la Monarquía inglesa, el centro del co-
mercio y de la fuerza de esta nación situa-
da en las riveras óe\Tdmesis^ la costituyen
un hermoso, grande y seguro puerto, hasta
donde suben los navios de mas porte á una
distancia de aS leguas del mar. Entre los
edificios mas notables se cuentan el palacio
de Westminster, la iglesia de san Pablo, la
bolsa y la gran columna erigida en memo-
ria del horroroso incendio que en 1666 re-
dujo á cenizas toda la población.
El Padre. ¿Cuál es ei numero deba*
(70)
hitantes en que se valúa esta hermosa ca-
pital?
Alejandro. En 1,2174,600. (6 fichas).
El P&dre. Bien, hijos mios<, estoy sa-
tisfecho de vuestra aplicación 5 no ene daréis
el disgusto de veros retroceder en ella , an-
tes ú que me proporcionareis de rlia en dia
mayor placer con vuestros adelantamientos;
y por hoy no os pregunto mas pudiendo pa-
sar vosotros solos á entreteneros por vía tle
diversión eíi tofñar conocimiento de todas
las poblaciones de que me habéis hablado
en el mapa que tmeis á la vista, y en otra
lección contiuuáreáVos preguntando sobre
la misma materia para completar Vuestras
nociones en ella.
(7l)
EDUCACIÓN DE SORDO-MUDOS.
Teoría de los artículos.
Por las lecciones que anteceden hemos
visto cou placer qne los sordo-nuidos go-
zaban de la preciosa ventaja de espresar
aunque una á una todas sus ideas; pero sus
frases carecían de la precisión y exactitud
que sabe darles el niño menos instruido.
Ño sabia decir mas que cuchillo > mesa b
animal, &c M y nunca el cuchillo b la mesa
y el animal. No solamente carecía su len-
guaje de las gracias que le prestaría el uso
de los artículos, sino aun de la exactitud
que exige el sentido de las proposiciones
para ser claras y limpias como el mismo
pensamiento, cuya espresion debe ser siem-
pre su transparente imagen; esto no podia
conseguirlo sin los artículos, y es llegado el
tiempo de enseñárselos.
Nada se presentaba á los sordo-mudos
en la naturaleza por modelo del artículo,
como lo había habido para los nombres y
para las cualidades ; porque ninguna cosa
podía representar ni figurar esta parte de
la oración que sirve para determinar el
nombre apelativo, haciendo que en vez ele
clase denote individuo: clasifica el género
en especies, y estas en individuos. Se les pe-
dia hacer escribir las palabras un, «ha, é$~
le, el, la, estos, los, las. Pero ¿dónde estaban
Jas cosas? habla que vencer una dificultad
nueva y que 'observar una trusa esencial, y
es que no se usan artículos en las lenguas
sino para los objetos que forman multitud,,
y que por consiguiente pueden ser conta-
dos; pero no se cuenta lo que es único. Lo
esencial ante todas cosas es hacerles notar
que no habíamos podido antes darles la
idea de los nombres propios y apelativos.
Recurrimos de nuevo á la lección de los
géneros y especies, considerando tres indi-
viduos tomarlos en la ciase de perros, el
uno era el de casa, el que mas veces que
Otro nos suministraba ocasión de 'clesignar-
le con una palabra que no permitía con-
fundirle con los otros, y decirnos el perro,
cuando pasaba cerca de nosotros alguno de
que queríamos hablar, decíamos este perro
que pasa*, y la palabra este, restringida aun por
*?l que pasa , hacia un individo distinto, y
que no se podía confundir ya con la clase;
pero si queríamos hablar de perros de una
manera general y «oda-raen te." como de una
co H3
-G «3
w rs
«5 *CO
O CD
o V
G OJ
o c
cO
G
co .S
CD
*-" CO •
c ^
~CD *?
feDO
*> Sí
CU co
Cu O
* G
id G
si .1
o o
(O ¿g
O C
— es
co u
CT3 CD
'— CO
cu O
c
a
CD
J5
JS t
u
cO CU
u *-•
?0 CD
O S
CD
w
5 P .5
I
g
co
CO
CD CD
co
u
CO
CO
O
CO
cu
co "O
u
r> co
cu .
co
co O
co G
S '
£ O
a
co
o
CD
5
5 8 ¿ o i
a 5 a tí
cd ■* > u 5
G J¿ CD E V
CD
C
co
« JS ^ 5 S
CO
co
co
CD
C cD
G — «? -..
5> >*
G
CD
co
> U
CD O
rs —
G QJ
CD «"J*".
í- ^
G
O
O
Q « »-
co
C
3
G «— • o ^^
«-* CD *»
o a a -8 8
CD
G
I
-o
CD
"5-
o
u
a-
co
q3
1 wT G i> «
co £3
CD
ü co
co ¿2
co
q
CD
O
cO
c <rt
bJD
co C5
O ' «^
5D
2 8 Sn 2
"¡^ <*, f/ ' ^ a*
3
co
O
CD
O
>
■Si
G V -75
O C
CD
e# co J ^
Cífj co CD
cd 5 G O
— cu c
/#) G • <— *^3
cd CS ^ ^
t
a
co
CO
O
T3 CD
w
CD
a
O
rj cd
o
co
G
a
a> .^
o
G
CD
WD
CP
co
cp
O
CU
i
CD
G
O
cu
CD
CO
c a
CD -*
— — V , m
CÜ >
« a & *-
1 V'B 8 g
o s D 2 ^
CO fff^ >->
* «• o *- S{
co
C3
G
CD
c
CD
O
•— <■
G
CD
CD
CD
CT5
CD
G
O
c
G
"O
• i-H
"T3
CD
CO
c
G
O
CD
*8 5
en
a
i—
CD
CO *—
co
co
o
CO
O
50
O
co
o O ^
CO
s-
o
CD C
G T3
US CD
2 rr- # ~* ^
G ü cd u
co "O £
CD G
C CD ^ . m
í ü- O "7? co
9 p "^ o ¿
P o r ^
CD g CD cD co
co 13 ^ —
.2J cD 'r* ^ co
w p P- cp ^q
c
o
. >
CO . r»
co .r**
E P
Q G
5 &
.2
CD
*-*
w
co
JO
G
G
C
O
co
CD
O ^
G
G
O C
,j5 cD
CD
CO —
CD CD
2 co
CD G
CD
CD
CO
C
*--
CD
C
O
CD
c D 35'
CD
y wd cr o s-
G
O
O o G-j
CT ^ CD cp JO w
CO ,»§m t. N CO
_G "*"* Cu—— G
CO • «"s*
CD O « : .5 G
w G g ~C fi
cd CT?, T p
E* i ^3 "-G v
CO
C
ne delante de los nombres españoles la mis»
ma latitud que la falta de artículo entre los
ingleses, porque bajo de un solo individuo
comprende una especie entera.
¿Cómo hacer entender á los sordo^mü*
dos esta metafísica! ¿y colmo si no la enten-
dieran podríannos esperar que hiciesen apli*
caciones exactas de este aHteulol Es pre-
ciso que por mucho tiempo se haga cotí
ellos loque un maestro que enseña á es-
cribir á un discípulo; le dirije y traza él
mismo, guiando con la suya la mano novi-»
cia los caracteres á que quiere habituarle.
Para conseguir que los mudos com pren-
dan bien la fuerza de estos artículos es me-
nester cuidar por mucho tiempo de afir-
mar de todos los individuos de una espe-
cie lo que se quiere que el discípulo afir-
me de uno solo, representando la especie
entera determinada solamente por el artí-
culo indicativo* Diciendo, lodos los hora-
bres son mortales 5 se les enseña á decir el
Jiomhre es mortal ¿ todos los tigres son crue-
les y ellos dicen el tigre es cruel.
Para dar á este artículo los demás va-
lores que tiene , se ha de tener cuidado de
aplicarle á las acciones de que tratamos li-
gándole á tocios los nombres que no tienen
(75) ■
otro particular, haciendo de él un especie
de asá, y no permitiéndonos hablar de nin-
gún objeto sin ciarle este artículo, que le
empleamos sobre todo para generalizar.
¿Pero la teoría de los artículos la com-
prenderán fácil "medie? ¿No podremos te-
mer que den á esta palabra un valor de-
masiado importante ó q**izá no suficiente?
¿Cómo asegurarnos 'de que el artículo no
representa pana ellos mas que para no-
sotros, que no afecta mas que la estension
de un nombre si a afectar sú compren-
sión, es decir, sin añadir ni quitar lana idea
á las que Forman toda la significación del
nombre? Esta exactitud es muy necesaria
para que se contenten con algunas presun-
ciones sobre el conocimiento de los artí-
culos. Los sordo-mudos, cuando ltega este
caso, ya tienen alguna \óm de las cifras-, y
en esta ocasión las llamaremos en nuestro
'socorro.
Pongo en la mesa unas tastanas , hs
cuento, y encima de cada una escribo en la
mistna mesa una castaña. Tomo otra y la
llevo á una mesa distinta, y escribo esta
castaña. Llevo otra á una tercera mesa, y
escribo por encima la castaña. Conduzco
ú'im sordo- ~rnu*!o á la segunda mesa, y mo$-
(76)
trándole la castaña, le hago fijar mas la
atención en la palabra esta que le ponía á
la vista \ y sin apartarnos de esta mesa le
señalo la castaña de la primera mesa, que
está á alguna distancia para distinguirla.
Le hago entender que la palabra un sirve
para contar los objetos y distinguirlos su-
ficientemente para que no los confundie-
se con otros que no son de su especie, en
logar que este distingue un objeto de otro.
Pido al discípulo la castaña que acaba de
ver por la palabra esta, y le hago compren-
der que este tercer procedimiento con res-
pectó á un mismo objeto se manifestaba por
el artículo la. Después escribo estas tres
frases. Mamiel^toma «na castaña 9 , Manuel,
pone esta castaña sobre la mesa-, Manuel r
ha tirado la castaña por tierra.
El artículo un se aplica á un objeto des-
conocido en sí> aunque no lo sea la especie
á que corresponda. Este se dice del mismo
objeto cuando se le tiene á la vista. El se
dice no solamente del objeto que es cono-
cido, sino que no puede confundirse con
otro, ó porque ha sido ya determinado por
lo que precede, ó va á serlo por lo que si-
gue. Tal es el uso de este artículo cuando
se torna en su significación propia y natural.
(77) ,
Pero también se toma muchas veces en
una significación lo mas estensa posible , á
saber, cuando el nombre á que precede no
enuncia ningún individuo particular, pe-
ro si bajo de un individuo ia especie ente*
ra, como cuando se dice: el hombre ha na-
cido para el trabajo. La estremada dificul-
tad de esta teoría impone la ley de multi-
plicar sus ejercicios. Ven que ningún nom-
bre de objeto está sin alguno de estos tres
artículos, creen que es necesario á todos los
objetos y á los nombres que llamamos pro-
pios, y que confundían aun con los nom-
bres comunes. La dificultad que ofrece el
conocimiento de este error y de tranfor-
marle en ideas exactas, jne obliga á ensa-
yar desde luego la verdadera idea de los
nombres propios. Valiéndome para ello de
los trabajos que tenian en sus colecciones,
de individuos, y de tener especie en la na-
turaleza* Saben los nombres de todas las
personas que los rodean, se los hago escri-
bir. Saben también algunos de ciudades.
tales como Sególa r Val ladolid, Madrid*
capital de España, Roma¡ capital del ama-
do católico, &c.
Es necesario esplicailes la naturaleza
del nombre común, y lo hago por medio
(78)
de una abrazadera, escribiendo unos deba-
jo de otros los nombres de todos los obje-
tos de que se compone una ciudad, como
casas, calles, plazas , iglesias, edificios pú-
blicos, murallas , &c. &c. No hay dificul-
tad en comprender que todo lo que encer-
raba todos estos objetos en su circuito era
una ciudad; que todo esto se hallaba en Se-
govia , Valladolid , Madrid y Roma, que
estos objetos eran comunes á todos estos
pueblos; que todos debían tener igualmen-
te un nombre común; que este era la pa-
labra ciudad, pero que este nombre no era
propio de ninguno de estos lugares, y que
haber de conocerlo sin indicarlo de otro
modo que por la palabra ciudad, no era
hacerlo conocer, pues que era necesario á
cada cual de las llamadas ciudades darle un
nombre particular, y que este nombre era
el propio de cada uno; que estos nombres
propios eran Segovia, Valladolid, El mis-
mo procedimiento empleo para los sugetos
cuyos nombres les son desconocidos , ha-
ciéndoles observar que, como las ciudades,
tienen todos igualmente en su ser objetos
que en cada una de ellas eran las mismas.
Una cabeza, brazos, manos, un estómago,
un vientre, los muslos, piernas y pies-, que
(79)
á todo este conjunto se habia dado el nom-
bre de hombre^ y que en todo individuo en
que se halla todos estos miembros , se le
denominaría con la misma palabra; que to-
dos los sordo-mudos, cuyos nombres esta-
ban escritos en el encerado, eran de consi-
guiente hombres, que esta palabra es el
nombre coman á todos, pero que no se
reconocerla ninguno sino se le daba mas
que aquel nombre, y que es necesario uno
que no convenga mas que á cada uno de
ellos, que es el propio de uno, y les hago
ver que los nombres escritos antes eraii
propios,
¿Cuántos Manueles, Pedros, Antonios»
se les preguntará, veis aquí? Un soloManueí^
un solo Pedro, y un solo Antonio , contes-
tan ellos. ¿Sepodria decir un , uno cuando
nunca se habla de ellos? No, sin duda, no
dice un Manuel porque no se puede decir
el Manuel, porque no se dice jamas el de
un objeto é que no se puede aplicar un en
ninguna ocasión.
(Se continuará')
(80)
Continuación á la biografía de los ciegos
célebres en las ciencias,
Santiago Schegkius nació en Shorn-
dorf en el ducado de Witeniberg ; enseñó
por espacio de tres años con el mejor éxi-
to la filosofía y medicina en Tubinge. Ha-
biéndose quedado ciego , le fue tan poco
sensible la pérdida de la vista, que reusá
las ofertas de un oculista que quería me-
dicinarle para recobrársela j por no verse,
decia él, obligado áver otra vez tantas co-
sas que le parecían odiosas ó ridiculas. Te-
nemos varios tratatados suyos sobre diver-
sos puntos de filosofía, de medicina y de
controversia. Murió en Tubinge en ]58¿\
Juan Fernando nació ciego en una de
las provincias de la Bélgica , de padres espa-
ñoles, que aunque muy pobres, vencieron
á fuerza de trabajos unos obstáculos tan
contrarios para la carrera de los estudios.
Se hizo poeta , lógico, filósofo, y ejercitán-
dose al mismo tiempo en la música, llegó á
ser tan superior en este arte que por solo
la prodigiosidad de su memoria componía
trozos de música que apenas se hubieran
odido hacer con la pluma.
Asconio Pediano, historiador, que vi-
vió muchos años privado de la vista , es-
cribió durante ellos con mucha elegancia
tratados de gramática, en los que no se en-
cuentra ningún vestigio ni de su edad ni
de su dolencia. Conservamos buenos co-
mentarios suyos sobre algunos discursos de
Cicerón.
En los anales de la ciudad de Praga
leemos que un ciego Scita con quien se en-
contró Carlos IV, emperador y rey de Bo-
hemia, cerca de Nuremberg, le conoció an-
tes de ser electo á pesar de ir de incógnito,
y que le respondió con mucha exactitud á
todas las preguntas que le hizo sobre la su-
cesión de los reyes de Bohemia y sobre el es-
tado que tendria el rey no en lo sucesivo.
Lo que se ha dicho de este príncipe
que había arruinado su casa por conseguir
el imperio, y que en seguida le arruinó pa-
ra restablecer su casa , no es mas que una
paráfrasis de la última respuesta del ciego
Scita (i).
Uldarico Schomberg nació en Alema-
(i) Claret ín annaiíbus urbís Pragensis mirabíle exem-
plum de coeco vaticinante, qood ita se habet: Garolus IY
antequám ín regem roinanoruiri elígeretur, propé Noriin-
TOMO III. 6
( 82 )
nia á principios del siglo XVII, y habién-
dose quedado ciego á la edad de tres años
de resultas de las viruelas 9 se dedicó con
mucha aplicación al estudio de las bellas le-
tras, que profesó con honor en Altorf , en
Leipsic y en Harnburgo, Scc.
Hermán Torrencio nació enSwolles en
el Over Yssel á mediados del siglo XV, fue
proíesor de retórica eu Groninga, y enseñó
mucho tiempo en su pueblo nativo las be-
llas letras ; murió sobre el año i520. Este
ilustre ciego dejó un grandísimo número
de obras escritas en latín, entre las cuales
hay un diccionario histórico y poético que
se reimprimo en París en el año 1 54-1 , y
que después ha sido aumentado sucesiva*
Lergara aaiíl csecum quendam «alione Scyíham, vaticíniis
clarum, quoübet d¡e non nisi ad unaní qucstionem res-
pondenteni. Euru p^rionatus salutavit Caroius ajens: Sal-
ve, si ex Dco es; si non es, milla sit tibí salas. lile vero
respondít: Ex. Deo saín ; tu vicissim> salve. Carole % Mar-
ehio Moraviea mox futuras romanorum ex. Commuíatis
nitro cilroque verbis, interroga vií litteras, slve ut alis vo~
lunt, duabus vocibus barbaris expresít : Jais, a /#.'//, ma,
easdemqueinterpretalis est : Joannern, Carolum, Vences-
laum, Sigisniundum, Aibertum , Ladisbum, Georgiura,
Uiadislaum , Ludoyícum , Ferdinandum, Maxiümianuro,
Aibertum. (Sed ultima Huera historlse, non responda Ru-
dulpho secundo imperat. Augusto feiiciter regnante). Tura
Caroius : Quid fiet postea ? Et caecus, id quid fuit antea.
mente en las ediciones siguientes por Car-
los Etienne y Federico Morel. En fin, este
diccionario fue el que dio origen al deMoreri.
Juan Pablo Lomazzo nació en Milán en
i538, era ya muy hábil en la pintura y en
las bellas letras cuando perdió la vista á la
edad de 17 años. Escribió mucho sobre la
pintura siendo ciego, que lo fue 4$ años.
Su principal obra, que goza de mucha es-
timación , tiene por título: Idea del tem-*
pío della pittura^ Milán 1590, in 4.°
Salinas, natural de Burgos, perdió la
vista á la edad de 8 años. Fue un hábil
helenista "y un sabio matemático. Sus prin-
cipales protectores lo fueron el Papa Pa-
blo IV y el Duque de Alva. Murió en 1 56o.
Tenemos un tratado de música en latin,
impreso en Salamanca en i592, en folio; y
una traducción en versos españoles de algu-
nos epigramas de Marcial.
Blas Francisco, conde de Pagan, nació
en Remies, junto á Marsella, en 1604,
fue militar desde sus mas tiernos años. Se
encontró en la batalla del paso de los Al-
pes y en los atrincheramientos de Sufa (1),
(1) Ciudad capital de un marquesado del mismo nom-
bre en los estados del duque de Saboya.
(84)
y Luis XIII le colmó de honores. En el si-
tio de Montamban perdió un ojo de un ba-
lazo, y el otro en Portugal, siendo aun
muy joven; y cuando le acababan de ha-
cer mariscal de campo, vino á establecerse
á París, donde se entregó con ardor al es-
tudio de las matemáticas , y gozó de gran
concepto entre los ingenieros y los astró-
nomos. El tratado de fortificación que com-
puso mucho antes de haber perdido la vis-
ta, se imprimió en 1645 , y pasó por la
mejor obra que se habia publicado hasta
entonces sobre esta materia, hasta que se
publicó el de Van han o.
También compuso una Teoría de los
planetas y de las ¿oblas astronómicas , y
una relación histórica del rio de ¿as ama-
zonas, en 8.°, sumamente curiosa y rara.
Bourchenu de Valbanois nació en Gre-
noble en el año ¿ 65 1 , y quedó ciego muy
joven, poco tiempo después del combate
naval de Solhay a, donde se halló; mas es-
te inesperado accidente no le impidió pu-
blicar la Historia del Del finado en a vo-
lúmenes en folio. Habia hecho profundas
investigaciones sobre su pais, y nos dejó
igualmente un noviliario del Delfinado.
Próspero Fagnani era considerado ea
( 85 ) , . ,
Roma como el oráculo de la Jurispruden-
cia. A él le debemos un largo comentario
sobre las decretales, escrito por orden del
Papa Alejandro VII en 3 volúmenes en
folio, año de 1 66 1 . Lo que hay mas es-
traordinario, dice el historiador de su vi-
da, es que un ciego haya podido formar
las tablas de esta importante obra, que ca-
da nna de por sí es una obra maestra.
Francisco Malaval nació en Marsella en
el arroda 1627, y perdió la vista á la edad
de 9 meses. Después de haber hecho esce-
len%es estudios, se entregó principalmente
á 1os autores místicos , y fue uno de los
partidarios mas acérrimos del quietismo y
del mol mismo. Su obra titulada Práctica
fácil, &c., fue censurada en Roma, y sin
duda le favoreció su ceguera para el error
en que habia caiclo, pues reconocido de
él, se retractó poco tiempo después, y ob»
tuvo en seguirla por la mediación del Car-
denal Bona la dispensa para ordenarse de
sacerdote aunque ciego. Tenemos un gran
número de obras suyas impresas en Ams-
terdam y en Colonia , que en el dia están
enteramente olvidadas, de modo que no
se conoce quizá mas que sus poesías , y es-
tas escritas tambieo con un espíritu ascéti-
(86)
co que las hace mas agradables á las per-
sonas piadosas que á las gentes de buen
gusto.
Claudio Comiers nació en Embruña
profesó las matemáticas en París, y traba-
jó algún tiempo en el diario de los sabios.
Son pocas las materias á cuya instrucción
no sé dedicase; escribió de medicina, ma-
temáticas , física y de controversia, y eran
muy superiores á su siglo los muchos co-
nocimientos que tenia de la filosofía y otras
ciencias, como se puede ver en su discur-
so sobre los cometas. ( Véase el Mercurio
de Francia de enero, año de 1 68 i .)
Se estiman mucho sus tres discursos so*
bre el arte de prolongar la vida , que es
una especie de sátira contra los redactores
ele la gaceta de Holanda. Estos discursos
son curiosos y justamente deseados por el
conjunto gracioso de historia y de física,
de que están adornados. Claudio Comiers
murió en París en el hospicio de los tres-
cientos, año de i6g3.
(Se continuará*)
(87)
MOSAICO.
Lo que honramos con el nombre de
paz no es mas que una tregua , por la que
el mas débil renuncia á sus pretensiones
justas ó injustas, hasta que halle ocasión de
hacerlas valer á mano armada.
El proyecto mas vasto de todos es ei
de formar un partido.
Es señal de ferocidad y de bajeza in-
sultar á un hombre en la ignominia, prin-
cipalmente si es pobre \ pues no hay in¥a-
mía de la que la miseria no haga un sen-
timiento de piedad.
La moderación de las personas felices
proviene de la calma que íes da su buena
fortuna.
■ i » i.
El interés habla todas las lenguas , f
desempeña todos los papeles de varios per*
sonages aun los del desinteresado.
.(88)
Entre los atenienses estaba prevenido
por la ley que el hijo á quien su padre no
hubiese enseñado algún género de industria
ó arte, no estuviese obligado á dar ali-
mentos á su padre en su vejez.
Las mugeres de Iberia tenían la eos-*
tumbre de exponer públicamente las telas
que habían labrado todos los años, y los
varones honraban mas á la que se distin-
guía en esta exposición.
Entre los indios se condenaba á muer-
te al que privaba á un artífice de las ma-
nos ó de la vista.
Általo Phtlometor , rey de Asia , tenia
gran placer en descansar de las fatigas del
gobierno, cultivando un huertecillo que
tenia.
Alejandro Magno dio un edicto para
que nadie se atreviese á sacar su retrato,
excepto Apeles con sus colores, Praxiteles
en mármol, y Lisipo en bronce.
(89)
Philon, arquitecto, fue tan elocuente qué
no admiró menos al público ilustrado de*
Atenas con sus obras que con su elocuen-
cia.
. _
i,
La pintura estuvo en tanta estimaci&ft*
en Sicione y en toda la, Grecia, que por
decreto de los magistrados á todos los jó-
venes de disposición se les enseñaba te pirttp
tura como la primera de las artes liberalé&j
Un americano se ha propuesto cons-
truir un jardin geográfico, trazando físi-
camente en el terreno todas las partes co-
nocidas del universo, é indicar distinta y
minuciosamente todos los pormenores qué
exija su descripción.
-■Ji (
En la capital de las Rusias se estable-
ció en 24 de octubre de í83i una escue-
la tegnoiógiea de artes y oficios, en la que
se instruyen y alimentan á espensas del es-
tado ciento treinta y dos. discípulos. Las
ciencias tegnológicas , la construcción de
máquinas, la química y la física son objeto
de un estudio especial. Los alumnos que se
distinguen están exentos de la quinta y de
eastigos corporales. Pueden -ejercer una in-
d^stria cualquiera sm aprendizaje, y este
privilegio Jes sirve á sus hijos mientras
ejercen la misma índusma* Ademas de es-
^ colegiales los (tetnis ptimts pueden
aprovecharse de Ja instrucción que se da
eq:et,est^blecimieríto. Los obreros pobres
tegffberi lecciones dé dibujo los domingos y
í?$ íie^tas. Este establecimieüto está dotada
competen cernen te.
>*"%
y
<r i -i < a *
%J.
%€¿4%U!\j'€Z <ZJ <?¿V¿Y<l¿r f?<2
,7
//t¿Yc/?¿>& ^/¿a:/t%:J.
(90
LA COTOBRA
■• i:
i , >
¿Sabéis Elvina que hace ya diez dias
que D. Antonio no ha venido á visitará
muestra mamá, y me temo que no vucP
Ya á poner mas los pies en esta casa?
--Y por qué mi querida aya?
— Por qué? porque el otro dia cuan*
dolé encontramos en paseo le digisteis al*
guna cosa desagradable, pues yo conocí en
su rcstro que se habia ofendido. :
- -Yo dar que sentir á D. Antonio, que
es tan bueno y me regala tantos juguetes|
Ah! ¡Dios mió, cuanto lo siento!
—Ciertamente que sientes cuando m
ocasiona disensión en casa por .algún?
palabra que profieres sin reflexión; mas Joí
que yo veo es que llorando la inconsecuen-
cia de la víspera caes al otro dia en nuevas
faltas.
--¿De veras, aya mía? respondía El vi-
na juntando sus manirás. No he dicho una
palabra al bueno de D. Antonio que piie*
(90
da enfadarle; estoy segura de ello*
— ?Qué sabes tú, querida niña? ¿Cono»
ees acaso el valor de las expresiones que
repites para preveer los efectos, que pue-
den ocasionar?
— Ah! es verdad! no bahía caído en elfo,
•-Y he aquí, niña, como á pesar de tu
buen corazón puedes causar muchos daño».
—Pues bien , replicó El vina con despe-
cho, ya que una no puede hablar sin que la
regañen , no volveré á abrir la boca; y le-
vantándose amohinada se acercó al balcón*
A los seis años de edad el mal humor
se disipa fácilmente; así es que El vina se
distrajo al instante con los carruages que
p ;$abaii r los elegantes que iban y v( nian,
los titiriteros, los vendedores y todo lo
que anima una de las calles mas, principa*
les y ruidosas d§ Madrid,-- Ah! he aquí el
birlocho del Sr % de S. Esteban que se para
en casa de la marquesa f veamos si me mi-
ra al tiempo de bajarle,
Y la linda Elvira permaneció detrás
de las vidrieras con ¡os ojos fijos en la
puerta de la marquesa, hasta que viendo
retirarse el birlocho exclamó,- Ah! el Se-
ñor de S. Esteban se queda hoy á comer
encasa de nuestra vecina."
Era el caso que hacia ya seis meses
que tenían pendiente un pleito entre el
Sr. de S. Esteban y el marido de la mar»
quesa. Esta, con el fin de terminar el ne-
gocio y reconciliarlos, de acuerdo con su
padre habia citado secretamente al Señor
de S. Esteban para entenderse con el so-
bre los medios de terminar el negocio de
nn modo amistoso.
El vina, como todos los niños mima-
dos, eomia á la mesa con su madre y con
todos los convidados. Aquel mismo dia el
Barón vino a quedarse a comer diciendo
que su esposa habia tenido que salir jun-
tamente con su padre, a ciertos asientos y
que el no queria estar solo. La madre de
Elvina le recibió coq agrado; y en la mesa
tanto por política como por interés le pre-
guntó el estado de su pleito.
En verdad que no m nada, respQndió
el Barón: no he visto al Sr. de S. Esteban
desde que estamos indispuestos, solo nos
entendemos por medio de procurador, y
el suyo me ha diclío el otro dia que esta-
ba de viaje, y por mucho lierapo -Oh! no
Señor, dijo Elvina, no está de viaje; si le
he visto entrar esta mañana en vuestra ea-
sa,-¿En mi casa? sin duda os engañáis niria,
porque hace mucho tiempo que no pone
los pies en ella desde que
—No la escuchéis, interrumpió la ma*
dre de Elvina, no sabe lo que se dice, ha»
brá visto á otro sugeto, y cree que era el
Sr. de S Esteban.
—No, no mamá , le conozco muy bien;
ha estado hoy en casa del Señor y el bir-
locho con el caballo gris parados á la puer-
ta , y sino que lo pregunte en su casa.
••Vamos, cállate, replicó su madre,
las niñas no deben mezclarse en la con-
versación.
Elvina se levantó antes del fin de la
comida envidiando la edad de su hermana
mayor que la daba derecho para escuchar
y hablar todo el tiempo que estaba en la
mesa. Esta hermana mayor que decía El-
vina acababa de cumplir los diez y seis,
años, y toda la familia se ocupaba ya en
proporcionarle un marido: un sugeto fre^
cuentaba la casa que reunía cualidades po-
co comunes y que sin ser estremadamente
hermoso podia pasar por un hombre agra-
dable. La desgracia estaba en que Julián,
hermano de Leontina y de Elvina, ridicu-
lizaba á Don Joaquin , que así se llamaba
el novio, por mortificar á su hermana^
porque en lo interior hacía justicia ai
amable pretendiente.
Cuando El vi na pasó á la sala encon-
tró á D. Joaquín que esperaba que su ma-
má acabase de comer para ofrecerla un
palco en la ópera. El vina al oir la palabra
palco en la ópera sintió palpitar su cora-
razón. -Ah! si quisiese Vmd. pedir á ma-
nía que me llevase consigo á la ópera!, es-;
toy segura que no le diria á Vmd. que no;
y Elvina al decir esto tomó la actitud mas
graciosa como en tono de súplica. Si úú
consiste mas que en pedírselo, respondió
D Joaquín 9 . por mi parte ya está hecho;
mas temo que diga que no , pues sé que
quiere que os acostéis temprano.--No, ma-
má no os lo negará,.. . ¡ os quiere tanto--*
¿De veras, querida niña? dijo D. Joaquín,
tomándola en sus rodillas, y vuestra her-
mana me quiere?- Leontina?- Si la amable
Leontina.-- Ah! yo lo creo que os quiere
mas que á nadie: todo el dia está dispu-
tando con Julián por causa de Vrnd. ¿De-
veras? dijo D Joaquín.- De veras, replicó
Elvina regocijada al ver que la hablaban
y escuchaban como si fuese una muger;
^ayer mismo tuvieron una gran disputa
después de comer, "Tu. ..-quienes hacernos
creer que éstas loca ( la decía Julián) ah!
Dios mío! nosotros sabemos muy bien por
lo que tu lé aínas; tú á ío que tienes carinó
es á su caudal, á su título, á la carretela y
á los caballos que ha hecho traer de Lon-
dres; y en parte tienes razón, porque él por
sí maldito lo que vale.- ¡Basta! exclamó Dorí
Joaquín bajando á El vina al suelo: yo le
pfobaré que si no soy el mas amable, tam-
poco soy el mas süfridd. Ah! señor qué
tiene Vmd. preguntó Élviná asustada al
ver la cólera pintada en sus ojos. -Hola! mi
iriayorazgo, mis bienes es lo que aquí se
estima, irepetia paseándose precipitada*
menté por ía sala : yo estaba confiado
en el amor de Leontina y éh la amistad
áe sus padres: ¡pobre de mi, que engañado
estaba! Mas aun es tiempo, gracias á Dios*
de no ser el juguete de la vanidad de esta
familia... ¡Por mi coche y mis caballos!.,,
decia al tiempo de salir; mas reparando en
Elvina qiie la estaba rnir árido atónita, vol-
vió atrás y le entregó el billete del palco,
encargándola que se le diese á su madre
y la digera que sentía mucho no poder
acompañarla.
Elvina , que no entendía una palabra
de cuanto pasaba, fué á contar ingenua*
(97)
mente á su madre lo que había dicho á
D. Joaqnin, y lo enfadado que éste se habia
puesto sin saber por qué*
— Ya decia vo, exclamó Julián seña-
lando á Elvina, que seria cosa de esta
Cotón illa^ que forma castillos en el aire con
su manía dé parlar lo que no entiende En
Verdad que merecía que todas las maña*
ñas la diesen unos azotitos para enseáaria
á contar lo que habia oído d día anterior.
¿Sabe Vttít. madre lo que ha hecho \í&cñ
ocho dia>? Obligó que se despidiese al po«
bre Francisco contando las necedades que
dijo el dia qne se embriagó bebiendo á su
salud \ porque si el pobre hombíe come-
tió esa falta fué para celebrar el cumple-
años de la niña , que por su maldito vicio
de charlar nos ha privado de un criado
antiguo y fiel. El Barón ^á ahora á su casa
á armar una quimera acerca de la visita
que ella dice haber visto: mas no es esto lo
peor, sino que hoy me obliga á darme de
estocadas con mi futuro cuñado , porque
yo conozco á D. Joaquín, v no es sugeto
capaz de perdonarme el haber pensadode él
de ese modo. Se lo prevengo á Vmd. madre:
sino se pone orden en esto, esta Cotorra os
Ta á indisponeí con todos nuestros amigo*.
(93)
~CótortáW. Cotorra!..., exclamó Elvina
inspira ocio.- Si , Cotorra! replicó su herma-
no ; y si continúas de esa suerte, te prome-
to que te has de quedar con el nombre.
, Al oir tan terrible amenaza EJvina
huyó al aposento de su aya , la que al ver-
Ja llorar tan amargamente adivinó que la
habían reñido, porque la niña de miedo
no se atrevía á hab!ar.~Vaya, otra nueva
indiscreción tenemos, dijo el aya ; la niña
con quién estuvistes disputando ayer sobre
la hermosura de su madre habrá ido á
contar que digiste que se daba colorete, y
he aqui lo suficiente para hacerla enemiga
mortal de vuestra mamá. I
—No es eso, no es eso, dijo Elvina.—
Ah! vamos, ya caigo respondió la aya; sin
duda es por la anciana doña Tomasa, á la
que preguntasteis muy seria que si la to-
caba aquel dia afeitarse, solo por repetir
lo que habíais oido decir á vuestro herma-
mano de tan fea muger. Dicen que está
furiosa contra él ; y que le ha negado la
entrada en su casa.
—No, no es por eso, respondió Elvina
sollozando.- La aya fué pasando revista á
todas las inconsecuencias de Elvina sin
poder atinar con la causa del llanto. La
xnm, venciólos males que resultaban terna
'vives deseos de corregirse; mas el- mote
de Cotorra la desesperaba tanto mas, que
todos los de casa autorizados con el ejem-
plo de su madre no la ciaban otro título;
sus compañeritas y amigas la llamaban así
hasta en el paseo ; y como Eivina conocía
que lo hacían con malicia, se enfadó y no
quiso alternar con ellas»— Pues bien, tanto
mejor, decia con aspereza, estándome sola
no tendré que oir ni repetir los disparates
de nadie. Se hallaba tan satisfecha con su
despecho y orgullo, que puede que no hu-
biera salido de él sino por la mas. inespe-
rada circunstancia*
Un tio de Eivina, militar instruido j
leal, se vio comprometido de tal modo por
asuntos de gobierno , que llegó á verse
proscripto con motivo del triunfo del
partido contrario, y entonces corrió á bus-
car un asilo en casa de su hermana. Eran
tan vivas las diligencias practicadas en bus-
ca suya, qne podia ser funesta la menor
indiscreción, por loqueen asamblea de
familia se acordó que siendo Eivina la
única que podia revelar tan importante
secreto , era preciso sacarla de casa todo el
tiempo que hubiese peligro de que arres*
f Í-Oft)
tasen a1 coronel , y que era indispensable
llevarla á la de algún amigo ó á un co«
legio.
Eligí lo va el colegio, ) qué momento
tan terrible aquel en que se lo anunciaron
a Elvina ¡ Separarse de su madre siendo
aun niña y tes iendo tanta necesidad
de sus auxilios! Dejar la casa que la había
visto nacer, y los hermanos que aunque
la reñían la acariciaban aúü mas, era cosa
para llorar mucho tiempo.
— Por qué me separa Vmd. de su lado?
decia á su madre bañando su mano coa
sus lágrima*. Trabajo todo lo que me man-
dan, leude córfemp» mi mje-tro de piano está
muy contento conmigo, yo no he de ha-
cer níasta el colegio, y á pe?ar de e*to no
la veré á Vmd. áh! Dios mió, Dios mio..i
q*iédes...gra...cia,,,;da....soy ! y los sollozos
la impedían hablar.
- Es preciso, hija mía, la respondía su
madre procurando contener su emoción....
Cree que necesito mucho valor para ha-
cer este sacrificio; pero tú carácter me
obliga á él.— Yo me corregiré, yo os lo
prometo, decia Elvina asida al vestido de
su madre: déjeme Vmd. en casa.
El motivo que obligaba á su madre
(iot)
á proceder de este modo era demasiado
era ve para que cediese á sus instancias.
Hicieron subir á Elvina al coche, á pesar
dé sus gritos; y aquella misma noche se
acostó en un gran dormitorio ocupado por
camas con niñas que en su vida habia vis-
to. Cualquiera que sea la edad y condi-
ción de una miíger debe cansarla gran sen-
timiento al verse separada de su ma-
dre y dentro de un colegio.
A El vina, ademas de este sentimiento
ée le juntó el producido por la ironía de
eus condiseípulas. Los criados de su casa
por vengarse de que se les habia reñido á
causa dé sus indiscreciones, no tardaron
mucho en decir el nombre que se le daba,
y elv bochornoso título de Cotorra andaba
en boca de todas las colegialas , que cuan-
do tenían algo que decirse íntimamente la
echaban de su lado. A pesar de tan repetidas
humillaciones aun le faltaba saber la ma-
yor, y una casualidad virio á descubrírsela.
Sü aya venía todas las mañana* al colegio
para saber de ella y traerla alguna cosa de
parte de >u madre; estos regaliros veuian
acompañados de una carta , porque E¡vi
na entendía ya muy bien el manuscrito.
Un dia su aya por una equivocación la
trajo un billete dirigido á Julián, en el que
se hablaba de las esperanzas que habia de
que su tio saldría pronto del escondite, en
virtud de la amnistía que se acababa de
publicar.
Elvina, después de haber leido el bi-
llete pidió esplic^ciones á su aya , la qué
turbada por su imprudencia dijo mas de
lo que era menester, suplicando á Elvina
que guardase el secreto. Para dar á cono»
cer mejor á la niña cuánto importaba
guardarle, ia dijo que de él pendia la vi-
da de su tío, y concluyó que el único mo-
tivo de su venida al colegio habia sido por
que no lo contara según tenia de costum-
bre.
— ¡Creerme capaz de delatar a mi tio!
exclamó Elvina con el acento de la ver-
güenza y de la indignación. Ah! yo les
probaré que sé callar, y que no tengo mal
corazón. En seguida encargó mucho á su
aya que no digese á su madre nada de
cuanto habia pasado » á fin de no inquie-
tarla.
Su madre vino á visitarla muchas ve*
ees , en las cuales Elvina no dejó traslucir
nada de su secreto, hasta que al ver un dia
venir á su madre muy alegre coa ánimo de
(io3)
llevarla á su casa , saltando á su cuello k
dijo. " *_ ¿Pues que está ya salvo mi
tio?
— a GalIa ! ¿Con que tú lo sabias , hija
mia?
—Si señora 5 sabía que estaba oculto
en el cuarto de Julio; mas también sabía
que era preciso no revelarlo á nadie —¿Y
á nadie se lo has dicho? ¿ni á mi siquie-
ra ?— Entonces hubiera Vmd, creido que
lo mismo se lo diría á los demás contestó
Elvina deshaciéndose en lágrimas. Yaya lo
que he llorado....Si supiera Vmd. el sentí»
miento que he tenido...
—Tanto mejor, hija mia, que así no
darás que sentir á nadie. Después su ma-
dre abrazándola dio orden de que llevasen
á su casa todos los muebles de Elvina.--
¿ Qué? mamá , ya uo me separaré de
Vmd?
—No, hija mia, á menos que no vuel-
va la Cotorra , porque lo que es con esta
me es imposible vivir.
—La Cotorra ya no la volverá Vmd. á
ver, respondió Elvina sonriéndose, pues
ha muerto de pesadumbre.
En efecto la Cotorra ha desaparecido;
de esta historia no queda mas que una jo-
(io4) ; f
Ten hermosa, discreta y cíe talento ? pa
prueba de la proposición de un famoso au-
tor para los niños de qne !os defectos de
inteligencia, solo los corrige el corazón»
(,oS)
U LOCA DEL LUXEMBURGO.
En nna de las hermosas mañanas fiel
mes de mayo* tiempo en que la naturaleza
renovándose parece que se adorna de sus
atavíos de fiesta, Madama de Nevéis esta*
ba sentada con sus cuatro hijitas bajo de
uno de los castaños del Luxembjrgo.
Entonces el Sol aun no despide aquel
vivo calor del que se huye en los ardoro-
sos meses de Julio y Agosto ; sus rayos son
templados y benéficos, y atravesando el
frondosa ramage de los árboles llegan á
nosotros frescos y perfumados. He aquí
porque la prima veía es tari apetecida, per
que las golondrinas vuelven de lejauas
tierras, porque los pajaritos cantan , y por
que Madama de Nevers estaba sentada con
sus cuatro niñas bajo uno de los del Lu-
xemburgo.
En este delicioso lugar no sucede lo
que en las Tullerias, en donde una multi-
tud de atolondrados que apiñados unos
contra otros se ven continuamente deteni-
dos y aun sofocados por otros muchos, que
(ic6)
los que rodean y que llevando dirección
contraria los empujan y molestan por to-
das partes, y se hallan siempre envuelto»
en la confusión; no sucede asi en el Lu-
xemburgo, aqui por una parte se ven ni-
ños rodar aros de sonoras y cascabeles, cu-
yas madres los siguen con paso grave y
mesurado, recreándose con las puerilidad-
des que en otro tiempo fueron también sus
delicias; allí se divisan jóvenes estudiosos
leyendo sentados sobre algún banco las
obras de los sabios, mas allá un anciano
achacoso apoyado en el servicial brazo de
su fiel criafo, y que parece aumenta su
vida con la alegria que adquiere al respi-
rar el aire puro que le rodea , de un lado
va un perro errante y corno á la ventura
por haber perdido su duefio ; y de otro se
oyen los muchos pajaritos que trinan in-
censantemente, queriendo cada cual invi-
tarse en sus respectivos cantos , tal es el
Luxemburgo en una hermosa mañana del
mes de Mayo; tan encantadora contem-
plación fué interrumpida de repente. Ma-
má, mamá dijo una de las niñas mirad á
aquella Señoritaque viene hacia nosotras
y Adelaida se arrimó á su madre como si
tuviera miedo. .
^ ( 10 7)
Aquella Señorita no tenia nada en su
trage que la distinguiese de las demás. Lle-
vaba un vestido blanco y un sombrero dé
paja adornado con cintas verdes. ¿Pues
porqué Carmen se había asustado? Es por
que la Señorita desde lejos habia frun-
■ cido sus negras cejas y la habia hecho un
gesto amenazador* y Adelaida se habia re-
fugiado en los brazos de su madre.
La Señorita se acercaba apresurada-
mente. Cuando estuvo junto á Madama de
Nevers y de sus dos hijas, quiso arrojarse
sobre ellas como para contenerla una mu-
ger que la acompañaba ; pero ella se de-
tuvo de repente, y á su demostración hos-
til sucedió súbitamente una violenta car-
cajada de risa , después se puso á bailar
1 al rededor de Madama de Nevers, con la
ligereza de ün pájaro y después que hubo
bailado se hilneó de rodillas como para ha-
* r cer oración; pero levantándose con preci-
pitación tomó humildemente la mano de
Madama, y estrechándola contra su corazón,
dijo» Oh! yo estoy muy mala; no es así
Señora? Compadecedme , compadecedme y
no me olvidéis en vuestras oraciones»
Retrocede , pálida , trémula , los cabe-
llos erizados, apoyándose contra el tronco
%
(io8)
de un árbol , cubriéndose los ojos con la
mano, como que quería sustraerse de al-
gún horrib e espectáculo.*-" Déjame , dé-
jame, exclamó, que te he hecho para en-
contrarte en todas partes? Dios mió! Dios
mió! Tened piedad de mí!"
En seguida se arrojó al suelo boca aba-
jo, y prorrumpió en profundos gemidos.
Madama de Nevers se apresuró á levantar-
la y la hizo sentarse á par de sí. Mas la
pobre Señorita habla pasado de tan dolo-
rosa irritación, á un estado de insensibili-
dad completa y se durmió á el lado de
Madama de Nevera/
Esta singular aparición habla escitado
hasta el mas alto grado la curiosidad de
la madre y de las niñas. Mientras que la
infeliz descansaba á su lado preguntaron
á la muger que la acompañaba, y de cu-
yas manos se habia escapado.
—Ahí Señora, respondió ella, es una
historia, tan triste como verdadera. Diez
años hace que esta infortunada no tenia mas
que siete y medio! Era la niña mas guapa
que se pudiera ver. A un carácter dulce y
modesto reunía laboriosidad , inteligencia
y viveza por lo que aprendia al instante
cuanto queria, siendo tan buena que sus
amiguitas la tenían envidia. Por desgracia
Lucía que así se llamaba la desgraciada,
tenia un hermano de muy malas ideas, y
un dia que su hermana había salido con
su madre, dijo para sí:
•-"Mi hermana Lucia es una cobarde
que de todo tiene miedo. Cuando un gato
maya, cuando el aire mueve una puerta,
cuando. uu grillo canta, cuando una mosca
vuela, cuando una mariposa se quema
en la luz , se pone á temblar como
un azogado. Esto es un defecto, y un
defecto muy feo, que es menester que
yo la cure de su miedo. Se dio una palma-
da en la frente y discurrió.".— Ya di con el!
le tengo: encontré el remedio infalible pa-
ra que mi hermana no tenga mas miedo.
Corre á la habitación de su madre y pilla
una de las muñecas de cartón que sirven
para tener los sombreros. La hizo con tin-
ta sus correspondientes barbas, bigotes y
cejas, y la puso una peluca vieja. Encon-
tró en el guardarropa de su padre vestidos
viejos que hacia tiempo no servían , vesti-
dos antiguos que Lucia nunca habia vi?to.
Disfrazó ía muñeca, lá pasó al través una
varilla de hierro para figurar los brazos y
tiesa en un palo la puso junto al lecho de
;( M °)
«ti hermana. Habla salido también con su
idea que aun él mismo tuvo miedo por un
instante de su obra, porque la muñeca
se habia convertido en una horrible fan-
tasma, con sus grandes brazos estendidos
bajo una capa amarilla, su cara horrorosa
é inclinada sobre la camita que parecía
que se preparaba á devorar á la criatura
cuando viniese á descansar.— Ah , ah! mi
hermana si que queda curada de esta he-
cha p dijo Gustavo regocijado.
En este momento Lucia y su madre
entraban juntas." Aquí están , dijo el, que
agena esta Lucia de lo que la espera. Les
•ale al encuentro, salta á su cuello abra-
cándolas con gran demostración de a-
pnistad.
" Di hermana mia , esclamó agarrando-
la de la mano, ¿quieres jugar al escondite?
Aunque esta proposición no agradase tal
vez á Lucía, la aceptó por no contradecir
á su hermano. — Está bien dijo él, estas muy
complaciente hoy, yo te quiero mucho.
Vamos Lucía ¿quién se queda? Quédate tu,
yo, yo me esconderé ¿no es así? Lucía con-
vino en todo.
Se subió derecho al cuarto de su her-
mana y se metió debajo de la cama en dis*
("O
posición de verla cuando entrase y poder
juzgar del efecto que la fantasma produci-
ría sobre ella. Después que tuvo tomadas sus
medidas dio la vos de Vengan.
Lucía f partió, reia y cantaba, es la úni-
ca ocupación de vuestra edad niñas mias 9
escuchó de nuevo para adivinar de donde
habia salido el primer grito, pero su her-
mano bien pronto dio otro distinto y en-
tonces segura de encontrarle donde estaba,
se dio prisa á ir á su cuarto.
La puerta estaba cerrada, Lucía la abrió
fácilmente á cuyo punto Gustavo con la
voz mas bronca gritó* ";que te agarro^.* y
los ojos de Lucía se encontraron con la ter-
rible fantasma. Entonces fue tan grande su
terror que efectivamente se creyó amena-
zada por tan horrible peligro y perdiendo
todas sus fuerzas cayó de espaldas desma-
yada.
En vano Gustavo procuró hacerla vol-
ver en sí; durante una hora estuvo por
muerta y cuando volvió en sí fue en el es-
tado en que la veis hoy dia.... loca.... ¡ Sí
loca niñas mias ! ¿Sabéis qué es estar loca?
pues es no tener ni razón , ni alma , ni pa-
dres, ni amigos, ni fortuna, ni felicidad,
nada , nada en una palabra*
Su madre murió bien pronto de pesa-
dumbre y al morir maldijo á su Gustavo.
Cuando la muger acabó de hablar. Mad. de
Nevers advirtió que la pobre loca acababa
de escapársela furtivamente por correr tra§
de un gorrión que la habia despertado de
«Vi letargo revoloteando por encima de su
cabeza.,.. ¡Oh ! señora, alguna desgracia nos
\a a suceder r dijo la muger corriendo tras
de Lucía.
Mas en vano apresuró sus pasos , la lo*
ca llegó antes que ella al estanque y se ar-
rojó cabeza abajo, Cuando la sacaron ya
, habia muerto..., JJn jóyen que estaba aíli
cerca, dio qn grito golpeándose el pecho;
era el hermano de Lucía á la que habia re-
conocido, [Desdichado!; dijo él, yo soy el
qye la he muerto ; y despareció como ago-
viadq por el pesQ de h malclicioo ma-
ternal/
Veis ninas mías, dijo Mad. á sus cua-
tro hijas que sollozaban \ veis cuan peligro-
so es jugar coq pl miedo, Hijas niips procu-
rad vosotras po espantar nunca á vuestras
hermanas. Yo no Ja maldeciría pero si una
desgracia igual sucediese á alguna de voso-
tras , me moriría de pesar como la madre
de Lucía,
(..3)
LA JOVEN BRAMINÁ.
Subiendo un día por el Ganges á la
hora apacible en que todo empieza á ser
reposo 5 calma y delicia en la naturaleza á
la hora en que el ruiseñor de las Indias en-
tona dulces conciertos para celebrar losiilti-
roos rayos del sol poniente, cuya claridad
fenece con su canto, Nara Monny vio una
pira y se estremeció porque le habian aségu-
radoquelos ingleses habian conseguido abo-
lir los sacrificios terribles en qtieuná mnger
en la ílor de su vida, espira en medio de las
llamas sobre el cadáver de su marido, vio
después que se acercaba una joven brami-
na que iba á consumar la Sultia (\) é in-
molar $n existencia en medio de horribles
(i) Los ingleses han hecho inútiles esfuerzos
hasta el diar paa abolir los odiosos sacrificios lla-
mados Sultias exigiendo que la muger que se que-
me sea con su pleno consentimiento y si se escapa
de la pira encuentra protección en sus leyes. Mas
estas medidas represivas han obtenido muy poco
resultado, ¿
("4)
tormentos ; por el recuerdo de un amor tal
Tez no correspondido. Nara Mouny la co-
nocía ya , y Jas lágrimas humedecieron sus
ojos y á pesar de la muchedumbre que la
rodeaba no pudo menos de acercarse á ella
y preguntarle «si no echaba de menos á sus
hijos».
¿Qué quieres tu Brama? respondió ella
tu eres el único que veo conmovido al pen»
sar en mi suerte. Nos prometen la felicidad
en el cielo y en la tierra nos reservan eter-
na i nfainia, Ja elección no puede ser dudo-
sa» y la jóvten viuda quedó por algunos
instantes poseída de la mas profunda me-
lancolía, «mas déjame, continuó , no me
quedan mas que algunos instantes sobre la
tierra y deben consagrarse á aquella que
me debe su vida».
Entonces haciendo que tragesen á una
niña, recostada en una cunita perfumada
con flores de malica, le dio mil besos y Iq
ofreció su pecho; así que la inocente cria-
tura acabó de beber el néctar con que tan
sabrosamente recibía el sustento de los pe-
chos de su joven madre, y que tan pronto
se iba á agotar, miró á su madre con aque-
lla dulce sonrisa que es un lenguaje celeste
entre madre é hijo \ la bramiria la volvió á
colocar en su cunita fijando en ella unas
miradas en las que se leia el amor de una
madre que daría mil vidas por su hija, y
toda la agonía de una pobre mugerá la que
no dejan siquiera un instante para saciarse
de sus caricias.
Guando la joven viuda con su amoro-
sa sonrisa mezclada con torrentes de lágri-
mas hubo hablado á su hija por medio de
aquel mudo lenguaje tan entendido de ellas
dos, hacia algunos meses, le dirigió la si-
guiente despedida como si la pobre niña
hubiese podido entenderla.
¡ A Dios hija ! mañana tendrás á
Brama por padre y por madre á la natura-
leza que alimenta los pajaritos del campo;
mas cuando te sonrías no será una madre
la que corresponda á tu dulce alegría!
-—¡Cuando llores no será tu madre la que
enjugue tus lágrimas ! ¡que el viento apa-
cible de la tarde las enjugue por mí!~ Di-
cen qne voy al cielo á unirme con tu pa-
dre, mas mi cielo se cifra en estar junto á
tu cuna f para una madre no hay otro, ah!
empiezas tu carrera f - tu madre ha con-
cluido la suya. Cuando seas mayorcita hija
roía, será preciso que aprendas á compa-
dece^ los males de los demás ; porque este
(ii6)
es el destino de la muger; amar y sufrir
para consolar. Ya que seas una bella y so-
bresaliente joven será tu primera virtud la
piedad consoladora que es la única cosa
que queda á los hombres de todos los bie-
nes que Brama les da ó la fortuna les deja
en los dias funestos de la vida. Ea hija mia
sonrrie siempre como lo haces ahora á to-
dos los que te rodeen.,.. Las lágrimas mas
solitarias guárdalas para tí: llora y ruega,
mas lejos de los hombres. Oh] si yo hu-
biera podido verte hermosa , acariciada y
rodeada de amor. , te diría,- llora, en mi se-
no y resígnate sobre mi corazón! mas tu no
tendrás una madre y nadie te amará como
esta te hubiera amado, Amable niña, llega-
rá el fin de tu primavera, serás madre á
tu vez; que tu esposo no te llame al cielo
tan prontamente, Que no tengas que con-
templar una sonrisa como Ja que yo con-
templo!,... Escucha , ya me llaman, pero
escucha bien.... Cuando seas madre di á
tu hija. »La virtud mas santa de la muger
es la de siempre perdonar.**
Nara M@uny np tuvo valor para cir
mas, y se alejó con un profundo dolor; ya
comenzaba á navegar otra vez sobre el
Q?Pg e s cuando llegaron á sus cidos los ge-
míelos de la víctima con fundidos entre el
estrepitoso ruido de los címbalos y del tam
tam.
Isabel, Mamá, ¿con que en esa? tier-
ras queman á las mugeres?
La madre, Ellas son Jas que se que«
man hijas mías*
Eugenia, ¡Ellas mamá! Si hijas mias
en las tierras donde ocurrió la historia que
acabáis de oir, una muger á quien se mue-
re su marido se arroja á una hoguera que
se le ha preparado para que el fuego la
consuma * y se arroja gustosa porque va
persuadida de que de este modo hace un
gran bien á su marido y complace á su
dios de tal guerte, que si deja de sacrifi-
carse haciéndose cenizas y no quiere sufrir
los graves tormentos que precisamente tie~
ne qué padecer consumiéndose por las lla-
mas, queda deshonrada viviendo en medio
de cuantos la conocen,
Isabel. Áy mamá yo no quiero ca-
sarme y que se muera mi marido antes que
yo si he de ser quemada,» JKTumá, Hija mia,
no, nuestras leyes y la santa religión que
profesamos no permiten que se apodere
de nuestro espíritu un error tan grande
como aquel en que están las gentes donde
. (''8).
se queman las mugeres si mueren sus ma-
ridos , y este es un error que se mira como
una verdad donde la preocupación y supers*
ticion enemiga de la religión de Jesu* Cris-
to domina y de que debemos procurar
huir si quiere introducirse en nuestras eos*
tambres.
r»9)
EJEMPLO
DB UNA JOVEN SORDO-MÜDA Y CIEGA
EN EL REAL COLEGIO
DE SORDO-MUDOS DE PARÍS.
Se halla en dicho colegio una intere-
sante señorita llamada Morisseau que tiene
la desgracia de ser á la vez sorda, muda y
ciega; se quedó sorda y por consiguiente
muda en su mas tierna edad; pero solo es-
tá ciega desde la edad de trece años. Ya
habían empezado á enseñarla á leer y es-
cribir y á conocer el valor de algunas pa-
labras 9 cuando la sobrevino la cegueía en
cuyo caso su educación quedó paralizada
por algún tiempo, de modo que olvidó ca-
si todo lo que sabia. Mas adelante siendo
*u maestro Massieu recordó algunos de los
conocimientos que se habían borrado de su
memoria y adquirió otros nuevos , ya con
la ayuda de los caracteres en relieve que se
usan en el colegio de ciegos ya por medio
de coloquios por los signos mímicos y con
la ayuda del tacto. Expresa sus ideas por
signos y colocando la mano sobre la suya,
se le hacen sentir las formas del alfabeto
manual. Su situación religiosa se ha desar-
rollado mucho ejerciendo una feliz influen-
cia en su porvenir. Desde que ha hecho la
primera comunión , la serenidad y la ale-
gría están pintadas en su semblante ^di-
ce que es feliz y un dia que una de las
maestras le preguntaba la causa, respondió
pienso en Dios, ¡es tan bueno! La imagen
de la felicidad futura ocupa su pensamien-
to y alegra su coraron. Es de una índole
apacible y sumamente curiosa por lo que
siempre mantiene relaciones con sus com*
pañeras; no se fastidia, últimamente invi-
tándola á que se fuese á acostar se admiró
que fuese ya hora, diciendo á su manera
* el tiempo pasa tan velozmente" Esta in-
feliz es un monumento vivo del poder de
los sentimientos morales y religiosos sobre
el destino del hombre. Quisiéramos descri-
bir aquí con toda exactitud este fenómeno
digno de excitar la admiración.
HIGIENE.
Del sueño y de la vigilia.
El sueño es el silencio de los sentidos
y de los movimientos voluntarios; depen-
de en gran parte de la tensión moderada
del diafragma. Las fuerzas que están acu-
muladas en el centro epigástrico ó cavi-
dad del estómago, se esparcen mediante él
sueño á los órganos que se ven privados
de ellas, y de este modo es como se des-
cansa después de un sueño apacible y tran-
quilo. Después de trabajos eseesivos , de
largas meditaciones ó de pasiones violen-^
tas, el diafragma retiene la acción que le
han comunicado los órganos, se fija, y -có-
mo las fuerzas no se distribuyen á estos di-
versos órganos, se permanece en un esta-
co de lasitud que no permitiendo dormir;
solo es un sueño imperfecto. Parece, pues,
que lo que impide el sueño es el esceso
mismo de debilidad en los órganos, y por
eso los viejos que tienen ya agotadas éus
fuerzas duermen muy poco, cuando los ni-
ños, cuyas fuerzas van de dia en dia en au-
(i 22)
mentó, apenas hacen otra cosa mas que
dormir.
El sueño natural depende en gran par-
te de una tensión moderada del diafragma;
pero si este órgano está muy irritado ó las
visceras epigástricas retienen demasiada ac-
ción, el celebro, cuya actividad depende
en gran parte del estado del diafragrha
conserva la tensión que constituye el esta-
do de vigilia y no se puede dormir. Asi es
que todo cuanto sea capaz de determinar
una cierta porción de fuerzas hacia el cen-
tro y producir una tensión moderada en el
diafragma causará el sueno natural. Las
comprensiones del celebro y las alteracio-
nes de su organización, no producen Vi-
no un sueño moderado que termina en la
> apoplegía. La gana de dormir que sienten
todos los animales después de haber comi-
do, depende de que dirigiéndose las fuer-
zas hacia el epigastrio, en virtud de la di-
gestión faltan en las demás partes del sis-
tema.
El frió da sueño, y un hombre que se
quede dormido al raso muere por lo co-
mún como el grado dé frió sea el ocho ó el
nueve bajo de cero , en vez de que puesto
en acción puede aguantar impunemente uu
(l3t3)
frió que señale el termómetro con el gráb-
elo setenta por bajo de cero. Cuando el sue-
ño es efecto de causas naturales y se guar-
da todo aquel tiempo que necesita el cuer-
po, restablece sus fuerzas, le pone ágil y
le deja dispuesto á nuevos ejercicios. En el
sueño se suspenden el ejercicio de los sen-
tidos estemos y el de los movimientos vo-
luntarios: el pulso es lento, la respiración
menos frecuente que en la vigilia : el mo-
vimiento peristáltico del estómago é intes*
tinos mas débil. La circulación de la san-
gre y de los humores se hace con lentitud:
las secreciones y escreciones se disminuyen,
y sobre tedo la transpiración: las fuerzas se
distribuyen insensiblemente y en las debi-
das proporciones por todas las partes: los
nervios y los músculos recuperan su acti»
vidad y cesa el sueño.
La vigilia es opuesta al sueño; como que
es la acción de los sentidos y de los movi-
mientos libres, si es muy prolongada alte-
ra «el orden de las funciones é impide que
el cuerpo repare sus pérdidas continuas.
La vigilia escesiva no es menos perjudicial
á la salud que el sueño escesivo, pues per-
turba el órgano de las funciones; y hace
¡que se esfuercen los órganos que necesitan
3
0*4)
descansar, poniéndolos en un estado de
tensión sumamente perjudicial.
La naturaleza ha destinado Ja noche
para dormir y no hay nada mas contrario
al orden de las cosas , y por consiguiente
á la salud, que hacer de la noche dia. Las
vigilias nocturnas arruinan con prontitqd
los temperamentos mas bien constituidos,
como lo prueba el rostro pálido y abatido
de aquellos que hacen de la noche dia y
del dia noche. Nadie se aparta impune-
mente de la naturaleza; de modo que el
que no va dirigido por sus leyes no dejará
de padecer males : ella misma está dicien-
do al hombre que debe descansar de no-
che; pues el sueño es en ella mas tranqui-
lo y profundo, todo está en silencio y los
órganos estemos no están tan espuestos 4
las impresiones de los objetos, como sucer
de de dia, tiempo en que la luz, el calor,
el frió y el ruido de varias otras causas
afectando los órganos de los sentidos , se
opondrán al sueño é impedirán que sea
tranquilo y restaurador.
La duración del sueño debe fijarse se-
gún la edad, el temperamento 5 la estación
y el pais que se habita. Los niños , los jó-
venes y las mugeres deben dormir mas que
(1*5)
los hombres de una edad media y avanza-
da. Los pituitosos deben dormir menos que
los biliosos y atrabiliarios, y los gordos me-
nos que los flacos. En invierno se duerme
mas que en ninguna estación. En tiempo
caliente y seco se debe descansar y dormir
mas que en caliepte y húmedo; porque se-
gún notó yp Hipócrates el sueño humede-
ce al cuerpo y la vigilia le deseca. La es-
cuela de galerno \i§ áicho y *$ep(em &órr
mire saf est juvwi seriique" dormir siete
horas es suficiente al viejo y al mozo* Ma§
Otros doctores no aprueban este consejo y
dicen, que el viejo no necesita dormir tan-
to como el joven, que al primero le bas-
tan seis ó siete horas mientras que el se-
gundo necesita de ocho i nueve, Otros han
notado que los individuos mas viejos ha-
bían sido grandes dormilones, dormían ca-
da noche de diez á once horas» y les iba
perfectamente.
La siesta ó sueno después de comer es
provechosa á los que se levantan muy tem-
prano , y debe ser á lo mas de una hora,
En los países calientes es útil la siesta por
razón de libertarse con ella los hombres
del calor del mediodía y porque el sueño
dirige á la región epigástrica parte de las
(1*6)
fuerzas necesarias para la digestión que se
hallaban por razón del calor en el órgano
esterno. Lo mejor de todo es privarse de la
siesta , acostarse temprano y levantarse de
madrugada.
MORAL.
Del ainor fraternal. Deberes mutuos de
los hermanos.
Qué dulces, qué rápidos son
los momentos que los hermano*
disfrutan en sus tiernos años, bajóla
protección de sus ancianos padres.
{Chateauhianf).
Un hermano!,.. Es mas que un amigo,
es una parte de nosotros mismos, hay en é!
un sentimiento de afecto particular que
participa de la piedad filial * aunque con
mas libertad y menos respeto. El hermano
menor paga al mayor con su cariño la
protección que esté le concede. Esta dulce
igualdad que reina entre los hermanos, es-
ta -feliz intimidad, la costumbre de estar
juntos, todo concurre á entretener en ellos
aquella deliciosa harmonía producida por
la misma sangre, la cuna y el mismo gene-
ro de vida. Esta simpatía es tan fuerte y tan
natural que hace sean muy raros los asesi-
natos entre hermanos y si la historia hace
mención de Eteocles y Polinice también
nos muestra por otra parte dignos egem-
píos, y la tierra unión de muchos herma-
nos aun sobre el mismo trono como Luis
y Gariomaíi.
Este nombre hermano excita en la edací
madura los mas dulces recuerdos pues es pre-
sa la felicidad y la existencia de familia. El
que tenga la desgracia dé perder á los auto-
res de sus dias, 6 experimentar algunos re-
veses de fortuna á quien hallará capaz de
tnitígar sus penas ^ de consolarle y reani-
mar sus esperanzas? Regularmente es ira
hermano. Un hermano, según la espresiori
de un amable poeta es un amigó dado por
la naturaleza. Que dignó de lastima es el
que desconoce este don precioso, que pla-
ceres Sé reitsa. ¿Adonde hallará uú confi-
dente mejor á quien confiar sus penas?
Los hermanos primogénitos participan en
cierto modo de los deberes de los hijos : sos-
teniéndose en el camino de la. vida» deben
amanse y auxiliarse mutuamente.
Que desgracia para ün hermano ó herma-
ha el tener ojtró que se porte mal con ellos.
En este caso es precisó armarse de toda la
paciencia y lio Volver mal por mal, pues con
esto no se conseguiria que el estraviado en-
trase en sus deberes.
Para el primogénito es un deber y al
( ía 9)
mismo tiempo un placer el ser un segundo
padre cielos otros hermanitos, ayudarlos,
protegerlos y darles buen ejemplo. El mas
joven debe recompensar estos desvelos con
su afecto y reconocimiento. Los hermanos
unidos forman una liga que resiste á los
mas poderosos esfuerzos \ la familia pros-
pera porque traba jando de concierto dos ha-
cen mas que cuatro que trabajan separados;
Si un brazoóuna pierna no ayuda á la otra
mal podremos andar ó trabajar- Ved la vi-
vienda construida por todas las hormigas que
se entienden y obran en común y es uu
trabajo prodigioso. Mas dispersad la famW
Ka y no se verá otra cosa que miembros
aislados y pobres. Tenganse presen-
tes estos beneficios originados de la ben-
dición que Dios concede á la unión y afec-
to fraternal. Este afecto que empieza casi
con la vida es Uno de aquellos que deben
sobrevivir á todos los demás sino se rompe
violentamente por algún vicio ó por funes-
tas disensiones y aun en este ultimo caso
quedan los vínculos de la sangre que nada
pueden y que pueden estrecharse tarde ó
temprano. He visto mas de un egémplo de
reconciliaciones obradas per ellos. Si dos
hermanos desunidos se encuentran después
(i3o)
de largas discordias hay una fuerza interior
que los inclina unoacia otro y si uno deellos
abre involuntariamente los brazos, el otro
se precipita en ellos y sus dos corazones
quedan unidos. Y comohahian de resistir
á los recuerdos de la infancia que se presen-
tan de repente á su espíritu, los juegos de
la primera edad, el hogar paterno, las cari-
cias en el blando regazo de una madre y la
indulgencia del padre que ha olvidado tantas
faltas; estos pensamientos, como no han de
hacer palpitar á un corazón que no esté del
todo pervertido, como no ha de renovar en
él, los primeros efectos que ha sentido?
Un acídente o un obstáculo puede di-
vidir por algún tiempo las aguas de un
ai royuelo , ma$ asi que se ven libres , su
inclinación natural las mueve á reunirse y
correr juntas, Hay tanta mas fé en el poder
de los vínculos de la sangre cuanto que
hacen sentir su influencia aun entre parien- *
tes que están mas distantes que los herma-
nos. Solo el titulo de pariente da derecho
al reconocimiento pues parece que en una
necesidad, en ellos se ha de encontrar ayu<-
da y asistencia mirando los intereses como
de familia. A$i ? Dios ha ordenado las cosas
maravillosamente, que nuestro bien y pros-
peridad están siempre conjuntos con el
cumplimiento de nuestros deberes y nues-
tra felicidad pende de ser buen pariente ó
buen hermano.
Los antiguos habían establecido la
máxima deque era rara la concordia entre
parientes, mas la máxima contraria es mas
verdadera en el dia. Los Caines ^on muy ra-
ros y caria dia van desapareciendo las anti-
guas enemistades de familia originadas de
la barbarie de los siglos pasados. Cada una
juzga una locura el romper con unos seres
á los que se debe sienlpre estar unido, ¿á
quien se hade hacer bien sino se hace á un
hermano ó hermana?. Que no cesen de man-
tener aquella, mutua armonía que consti-
tuye su felicidad , que sean indulgentes,
que eviten toda injuria, toda querella,
toda disensión entre sí. Lo que un hermano
posee superfluo es el patrimonio de su
hermano que se halla necesitado. Una her-
mana en el infortunio es casi una madre
y nadie puede oir con indiferencia la tier-
na voz de una hermana, de aquella amable,
inocente y constante amiga de nuestra
niñez ? Ah ! cuando se ha mamado la
misma leche y se ha dormido en una mis-
ma cuna , cuando la naturaleza ha impreso
la semejanza en los semblantes y los dotes
en el alma , es difícil, es imposible aborre-
cerse. La amistad entre los hijos de un mis-
mo padre no es una inclinación cualquiera
que seamos dueños de seguir ó no ; es un
precepto de la naturaleza, Bernardino de
St. Pier re, dice, de todas las amistades nin-
guna hay que pueda compararse á la amis*
tad fraterna.
PAGAR EL MAL CON EL BIEN.
Hijos míos* la mas hermosa , la mas
noble y la mas difícil de todas las virtudes,
es el nacer biert á nuestros enemigos. El
que tiene VaíoiV para hacer bien al que no
le hizo fcino mal ^ encuentra fácil el ejer-
cicio de todas las cíenlas virtudes Sin duda
que parece casi imposible teneí inclina-
ción á hacer jbien á aquel que no se ocupó
sino en hacernos maK Hacadle bien no obs-
tante; reprimios hasta ese punto y bien pron-
to os alegrareis de haberlo hecho; entonces;
conoceréis todo el precio de la victoria que
habéis ganado sobre Vosotros mismos; os
estimareis en mas y tendréis derecho á ello,
Aderttas Os habréis vengado de vuestro ene-
migo del modo mas noble y de la manera
única que es permitido vengarse; al mismo
tiempo lanzareis de vuestro corazón el en-
cono \ y os contemplareis de tai modo supe-
riores á vtiestro enemigo,, que ya no po-
dréis aborrecerle. Si su corazón no está en-
teramente depravado * no podrá menos de
haceros justicia v y aun de tener hacia vos-
otros en adelante tan buenos sentimientos^
(i3 4 )
como malos eran los que antes había, teni-
do: si no viene á buscaros, parecerá mas
despreciable á los ojos de todos. En, fin el
apólogo siguiente grabará para siempre en
vuestras almas ¡a nobleza de este senti-
miento generoso. Un padre de familia, car-
gado de años y de riquezas, quiso arreglar
de antemano la sucesión, y dividir entre
sus tres hijos el fruto de su trabajo. Des-
pués de haber hecho tres partes iguales;
"toe queda, dijo, un diamante de gran pre-
cio , lo destino á aquel de vosotros que
sepa merecerle mejor por una acción noble
y generosa; y os doy tres meses de término
para obtenerle." Se dispersan los tres hijos:
vuelven á reunirse al tiempo prescrito, y
el mayor cuenta lo que sigue:
Padre mió, en mi viage hallé á un estran-
gero que sé veia en circunstancias que le
obligaron á confiarme toda su fortuna;
rio tenia seguro alguno mió por escrito,
ni hubiera podido producir prueba, ni el
menor indicio del depósito ; mas jó
se lo volvi fielmente: esta fidelidad ¿no es
una cosa digna dé elogio? Tu hiciste lo que
debias hacer: el que fuese capaz de proce-
der de otra manera , debería morirse de
vergüenza, porque la probidad es un deber:
tu acción es de justicia , mas no de genero-
sidad.
El hijo segundo se esplicó en estos tér-
minos: yo me encontré, durante mi viage,
á la orilla de un lago, en donde acababa
de caerse un niño , que se hubiera ahoga*
do sin mi: le saqué, y le salvé la vida en
presencia de los habitantes del lugar : ellos
podrán testificar la verdad del hecho. Sea
enhorabuena , interrumpió el padre ; pero
en esta acción no hay mas que humanidad.
En fin, el último de los tres hermanos
toma la palabra: padre mió, dice, yo en-
contré á mi mayor enemigo que estraviado
en la oscuridad de la noche , se habia que-
dado dormido á la orilla de un abismo;
al menor movimiento que hubiera hecho
al tiempo de despertar no podia menos de
precipitarse: su vida estaba en mis manos y
por lo mismo puse todo cuidado en des-
pertarle con las precauciones convenientes
y le saque de este fatal peligro.
¡Ah hijo mió! esclamó el buen padre
Con entusiasmo y abrazándole 9 á tí sin dis-
puta es debido el diamante.
BIOGRAFÍA.
Hortensia, hija de Hortensia famoso ora^
dor romana 9 se distinguió por su elocuen-
cia en una ocasión memorable. Los triun-
viros, magistrados de Roma, habian impues*
to cierta contribución á las damas para
acudir á una necesidad pública. Sea que la
cuota fuese demasiada ó que las damas no
quisiesen pagarla, murmuraron mucho y
resolvieron obtener su abolición. Mas te-
miendo qqe el abogado á quien encargasen^
6u causa , fuese parte interesada, determi-
naron escoger entre ellas mismas para es-
te empleo á la que juzgasen con mas ta-
lento y la elección, recayó en Hortensia Esta
se presentoante eltribnnal de los triunviros
con la mayor entereza y hablando en favor
de sus conpaneras, hizo valer sus intereses
con tanta energia y elocuencia que obtuvo
la rebaja de una gran parte deja cuota,
Madama Leprince Beaumout: No se
puede hacer mayor elogio de e»ta señora
que el decir que sus obras andan en ma-
nos de todo el mundo. H6 aqui los títulos
de sus principales produciones. El triun-
(»3 7 )
fo de la verdad. Educación completa. El ai-
macen de los niños. El nuevo almacén &c. El
almacén de las jóvenes adolescentes y la ins-
trucción á las señoritas que entran en el
mundo, qqees continuación de la obra prc*
cedente. Cartas de Madama de Montier. Car-
tas diversas,
Todas estas obras reúnen ademas del recreo,
de la delicadeza y sencillez del estilo, una
fecundidad de invaginación, una elección
admirable de asuntos y una sabia econo-
mía de moral todo al alcance de los jóve-
nes lectores á quienes quiere instruir,
i. a Al principio de la minoridad de
Don Enrique I gobernó el reino Doña
Berengela su hermana mayor, é inmediata
sucesora, con tanta felicidad, que nuestros
historiadores no hallan espresiones para
ponderar su buen gobierno. Ella reunió á
las virtudes características de su sexo,
otras las mas recomendables para man-
dar con acierto, cuales eran una gran
prudencia en los negocios , mucho celo por
k justicia , con que entrenó á los malos y
sosegó á algunos señores que gustaban de
bullicios; favoreció á los virtuosos y le-
trados, y contribuyó con sus propios bie-
nes á los gastos públicos»
EDUCACIÓN DEL BELLO SEXO.
ARTICULO 5 o .
La vigilancia activa que se debe egercer
en la casa no es por cierto la cualidad do-
minante de muchas señoras de alta clase
que creerian envilecerse mezclándose en
los pormenores de aquella y en enmendar
á un criado que sea mas exacto en el cum-
plimiento de sus deberes. Yo quisiera que
estas mugeres tan negligentes y orgullosas
hiciesen un viageá los paises estrangeros y
verían qqe la limpieza puede pasarse sin el
lujo, mas no el lujo sin la limpieza. Mas
como no se puede verlo todo ni estar en
todas partes, es necesario elegir buenos
criados y después de escogidos no dejarlos
de la mano de modo que siempre se con-
serven mas atentos en el cumplimien-*
to de su obligación. Como es imposible
á una ama de casa juzgar por sí mis-
ma del carácter, costumbres y duali-
dades de un criado que se presenta á
su servicio, importa mucho asegurarse
de antemano por informes exactos é
O 39)
im parciales. No debe fiarse de las recomen-
daciones interesadas de personas conocidái,
porque suele acontecer que, ya sea por
humanidad ó bien por reconocimiento, dan
buenos informes de un criado al que sin
embargo no quisieran admitir á su servi-
cio.
Otras veces por motivos de curiosidad
procuran que queden recibidos para saber
lo interior de Jas casas. El modo de juzgar
bien de las personas de uno y otro sexo
que se admiten á servir es informarse isi
han estado sirviendo á un mismo amo du-
dante mucho tiempo, y por su muerte ó por
algún viage se ven obligadas á buscar otra
colocación, entonces se pueden presumir
sus buenas circunstancias, y mucho mas si
«us amos eran personas de categoría y pro*
bidad. Si el caso es diferente, es decir que
ha servido en muchas partes, entonces no se
debe hacer caso de los certificados que trai-
gan, sino ir en persona á tomar informes
de las personas á quienes ha servido. Una
sencilla conversación decidirá mas que
todos los certificados del mundo, porque no
tendrán reparo en decir cosas confidencial-
mente que no se pueden confiar al pa-
pel.
4
(i4c)
Ik confianza que debemos tener en ui*
criado, es decir en una persona testigo de
riuestras acciones y algunas veces deposi-
taría de nuestros secretos, nos obliga á to-
mof las precauciones mas severas antes de
recibirle en nuestra casa. Ya que esté re-
cibido á pesar de los buenos informes que
hayan dado, no se les debe dejar entera-
mente de la mano, pues tal vez sus buenas
cualidades las debe al cuidado que tenian
con él én la otra casa , y pronto se he-
cha ria á perder si advertía que susnuevos
señores no reparaban en su conducta. Asi
es para nosotros un deber indispensable
inclinarle á la piedad y á la virtud con
nuestros egemplos , cuidar de que cumpla
con las obligaciones que el cristianismo
nos impone; porque sus principios religio-
sos y sus buenas costumbres soq tas mas
éeguros garantes de su fidelidad que pode-,
mos tener. Estemos seguros de que si
cump'e bien sus deberes para con Dios se
mostrará celoso en cumplir los que con
nosotros han contraido. En el comporta-
miento con los criados debe observarse un
termino medió, asi como no es justo des-
preciarlos^ tampoco es buena la familiaridad
con ellos, y no se debe imitar á aquellas
mugeres imprudentes que nada ocultan á
sus criadas. ¿Que autoridad se puede con-
servar sobre una persona asalariada á quien
se ha tratado como á un igual y á la
que se han hecho confianzas de amigo ?
Ah! bien pronto en lugar de mantenerse
á una distancia respetuosa , se aproximará
tanto que será imposible alejarla y tal vez
llevará la insolencia hasta tal punto que
abandone una parte de sus ocupaciones,
tengamos que hacerlas nosotros, y pagarle
su salario.
No serán estos los únicos consejos que
dé yo á mis lectoras, mi único deseo, el
mas ardiente de mis votos es proporcio-
narles la felicidad doméstica que tanto se
merecen.
(J*e continuara).
EDUCACIÓN PRIMARIA*
ARTICULO 4,*
La esfera en que viven los discípulos,
se debe ensanchar en lugar de reducirla*
Se ha de procurar por su bien obtener ven-
tajas de todo, hasta de su trato ligero con
otros niños mal educados ó de toscos mól-
dales, acostumbrándoles de esta suerte á
conocer eí mal y sus resultados, mas ó me-
nos funestos: para precaverse del veneno,
es menester distinguirle entre las otras sus-
tancias. Sometiendo este pasajero é inevita-
ble roce á una activa vigitaneia , aprende-
rá insensiblemente á hacer la oportuna di-
ferencia entre las buenas y l^s males cuali-
dades, y á preservarse de los malvados y
perversos que encontrará tan á menudo en
la sociedad.
Acostúmbrese al niña á espresarse con
claridad en todo lo que diga. Si se le quie-
ren enseñar muchas cosas á Ja vez, las a-
prenderá mal, ó no aprenderá nada: ocúpe-
seles mas bien del fondo de las cosas que
de las formas ó apariencias.
Empléense todos los resortes del talen-
. 043)
to y de la previsión para que se desarrolle
en ellos aquel espíritu que concibe y ordena
y el que aplica y rgecuta ; el primero ca-
racteriza á los teóricos 5 y el segundo á los
prácticos. Hay hombre que concibe ideas
generales, pero que le falta el ingenio para
los detalle* de egecucion, y otro excelente
para los pormenores, le falta la fuerza de
invención , ó sea el genio y las ideas gene-
rales; el que reúna lo uno y lo otro, rea-
lizará felizmente todos sus proyectos.
Todo lo que pertenece al orden moral
y á los usos de la sociedad no debe presen-
tarse al instante al niño, porque aun no es-
tá en estado de entenderlo. Así mismo se
debe procurar que adquieran fuerza antes
que finura y gracia , es menester asegurar
los cimientos y las paredes de un palacio an-
tes de hermosear la portada, La gracia es á
la fuerza como la hermosura á la bondad.
Hágaseles comprender que el cuidado
que deben tener de la limpieza y aseo no
debe ser inspirado por la vanidad, sino
fundado en el interés de su salud, en el res-
peto que el niño se debe á sí mismo, y en
el sentimiento natural de la decencia, na-
da de vanidad, nada de ostentación. Procu-
rar que se conserven sanos de cuerpo , de
corazón y de espíritu, y do que parezca que
lo están. ¡ Cuántos maestros hacen precisa-
mente lo contrario! La educación debe se-
guir á la naturaleza en su marcha arregla-
da y progresiva: la naturaleza nunca se pre-
cipita- A pesar de las preocupaciones de
ciertos padres ansiosos de gozar fuera de sa»
zon de los progresos de sus hijos , nunca
ha de acelerarse el paso, si es que no se les
quiere dar tan solo un barniz brillante, pro-
pio para seducir y engañar por el pronto.
Esto no impide que se escuchen las obser-
vaciones de los padres de familia , aprove-
chándose de sus consejos cuando parezcan
sabios y útiles. Nada debe desperdiciarse en
la educación, en especial de aquellos niños
que descubren malas inclinaciones. Toda la
maestría consiste en disponer Jas cosas de
un modo que de un carácter, cuyos prime-
ros delineamentos aparezcan desagradables
y feos, no quede otra cosa que una inflexi-
bilidad de principios, una npbleza de serir
timientos, y una energía infatigable que en
todo caso les hagan superiores á cualesquier
revés de la suerte.
(i 4 5)
DE LA EDUCACIÓN DOMESTICA
V DE LA
EDUCACIÓN PUBLICA.
La cuestión de prefereneia entre estas
dos especies de educación se suscita diaria-
mente aun con ardor. Nosotros opinamos
que para resolverla con acierto se debe ele«
gir un término medio , es decir combinar
los elementos de la educación doméstica ó
de familia, con los dé la educación públi-
ca ó social á fin de evitar en lo posible los
inconvenientes de la una y de la otra en
particular. Es menester que á las apacibles
virtudes que se adquieren en la educación
doméstica, se reúnan las adquiridas en la
vida publica y social. En la educación
de familia los niños están mas al abrigo
del contagio de las malas costumbres, mas
la educación común ofrece mas medios
¿de cultura y de instrucción de las muchas
relaciones que ella entretiene, nace aquel
rozeque suaviza la aspereza de su carácter
y por el que desaparece aquella corte-
dad que conserva aun en su edad adulta, el
(i46)
niño que se ha educado siempre bajo el te-
cho paternal. Lo mejor es que se sometan
sucesivamente á la educación doméstica y
pública/
Los efectos de familia son buenos sin
duda y se deben fomentar en los niños, mas
nada puede reemplazar los saludables efec-
tos que resultan de la frecuencia diaria de
un gran numero de individuos de diversa
edad, índole y circunstancias. Los niños
educados en Jos establecimientos públicos
adquieren conocimientos que los pueden
ser útiles en el resto de su vida. Se condiir
cen por sí mismos en la sociedad, mientras
que es preeisp conducir á los que han esta-
co siempre al lado de sus padres. Se habi-
túan mejor á los deberes recíprocos, que son
la base de la sociedad , los que han estado
reunidos en gran número y han sido go-
bernados por unas mismas leyes. Los hom-
bres mejor educados son los que primera-
mente se han instruido con las impresiones
benéficas de la educación doméstica y han
acabado de formarse en la admósfera de la
educación pública.
047)
HISTORIA NATURAL
De la rosa.
Yo quiero cantar la estación nueva
coronada de flores y la rosa de la prima-
vera. Amigos, acompañad mi canto. La
rosa es el puro aliento de los dioses, la aJe-
gría de los mortales , el mas bello adorno
de las gracias en la estación florida de los
amores y las mas caras delicias de Venus.
Ella causa todo el desvelo de los poetas,
las musas la hallan llena de atractivos co-
giéndola en medio de las espinas. ¡Qué
agradable es tener en la mano esta flor
consagrada á Jos amores y respirar su dul-
ce fragancia ! La rosa es deliciosa en las
mesas , en los festines y en las fiestas de
Baco. /Qué cosa hay buena sin las rosas?
En el lenguaje de los poetas ía Aurora se
presenta con dedos de rosas, las ninfas con
brazos de rosas, y Venus de color de rosa.
La rosa es útil á los enfermos, sirve para
embalsamar los muertos; resiste Ji\ tiempo
y conserva siempre su primer olor hasta
te vejez. Hablemos ahora de su origen:
fe. .
cuando la mar produjo de su espuma en
sangrentada á la hermosa Venus y la mos-
tró brillante sobre sus tranquilas ondas,
cuando Palas que se complace en el ruido
de las armas, splió armada de la cabeza de
Júpiter , entonces esta flor nueva y bri-
ilknte embelleció la tierra. Todos los dio-
ses quisieron contribuir á su desarrollo, y
pegándola con su bebida, al momento esta
agradable flor se elevó magestuosamente
sobre su tallo, espinoso.
A estas palabras de Anacreonte se pue-
den añadir otras muchas de diversos auto-
res que á porfía alaban á la rosa. Plinió la
llama reina de las flores y adorno de los
jardines. En todo tiempo esta flor encan-
tadora ha sido objeto de las mas risueñas
ideas, de las comparaciones mas tiernas y
de los emblemas mas voluptuosos. Los poe-
tas siempre se han quejado de la corta du-
ración de esta amable flor, que semejante
á la hermosura, el mismo astro que la ve
florecer por Ja mañana la encuentra por la
noche consumida por la vejez, Pronta á se-
carse al viento mas ligero la han hecho
emblema de la inocencia y la virginidad.
Catulo se ha servido de esta comparación
con njucha gracia y delicadeza en su epi-
. p. -
¿alarmo dé Manlio y de Junia ; y ha sido
imitado por Ariosto, Ercilla, Camoens, Ad*
dison y otros.
j En otros tiempos la rosa adornaba él
carro de triunfo, la fiesta nupcial y la urna
fúnebre. Las rosas son también el símbolo
del amor y del placer ; los amantes felices
están unidos con cadenas de rosas, y los
pintores y poetas ciñen de rosas á las gra-
cias, á las ninfas y á las pastoras. Los ro-
manos tenían mucha pasión por las rosas
y hacían- gastos considerables por tenerlas
en el invierno, en el tiempo mismo de la
república no estaban contentos, dice Paca-
to, si aun en el invierno no nadaban las
rosas sobre el vino falerno que les presen-
taban , las copas, la frente de los convida-
dos y la sala del convite estaban llenas de
rosas. Horacio nunca las olvida en las des-
cripciones de sus convites agradables, la
mas dulce recompensa del amores una ro-
sa, la que como la mas bella de las flores,
fue consagrada por la antigüedad á Venus,
madre de los placeres, la mas bella y agra-
dable de las diosas.
Ningún arbusto pued^ competir con
el rosal y sus flores por su elegante forma,
suave olor y efecto pintoresco? deben con-
(i5o)
Servarle con justo título el primer rango
en nuestros jardines, en los que se emplea
para toda clase de adornos. En todas par-
tes se halla bien colocado, ya sea en las
platabandas ó ya mezclado en los bosques-
cilios con otros arbustos de flores. Tam-
bién se pueden guarnecer de rosales los
cuadros enteros , y dejándolos crecer sola-*-
mente hasta los tres pies de altura. Mas si
se quiere sacar todo el partido posible de
este arbusto es preciso mezclarle entre jaz-
mines y otras flores, sin permitirle que pa-
se de dos ó tres pies de elevación.
^ Los jardineros florista* cuentan hasta
cien variedades de rosas, de las que una
tercera parte solo da flores sencillas. Los
colores de las rosas son cuatro principa-
1*1111
es, amarillo, blanco , rosa verdadero y
rojo. Amarillas hay muy pocas , blancas
abundan algo mas , y un gran número de
rojizas y de su verdadero color. En estos
dos últimos colores hay muchas varieda-
des, desde el claro color de carne hasta el
encarnado mas subido, y desde el rojo muy
decaido hasta la encendida púrpura. Mayor
variedad hay todavia en la estructura de
los rosales , en el olor de las flores, en su
tamaño y en la época de su desarrollo. Hay
rosales sm espinas, otros que están siem-
pre verdes, unos cuyas hojas exbalan un
olor agradable, otros que las tienen mo-
teadas. Hay rosales con las flores serai par-
tidas, algunos que las tienen prolíferas, es
decir, de cuyo seno sale segunda flor; las
hay también que florecen dos veces al año,
otras que duran cari tpdo él, y otras en
fin que solo se entreabren. Ningún arbus-
to reúne diferencias tan singulares, tan
variadas y tan interesantes. El rosal sólo
puede formar una colección numerosa , en
la que cada dia de primavera, y aun pu-
diera decirse de todo el año , se encuen*
tran cosas gratas y nuevas.
Los griegos, según dice Plutarco, ha-
bian dado á la rosa el nombre de rodos,
por su olor delicioso, los latinos rosa, los
árabes nard y naron. Se conoce en Ale-
mania y Francia con el nombre de rose,
en Bohemia con el de rousa , en Inglater-
ra rose, en Holanda roozen, y en España
é Italia con el de rosa.
Se han empleado diversos medios para
clasificar y distinguir las diferentes espe-
cies de la rosa, unos, como Plinio el natu-
ralista, las han divido en silvestres y -.do-
mésticas i otros, como Teofrasto, se han ser-
(i5a>
vido del mayor ó menor numero de sus*
hojas , de su disposición , de su superficie,
de su color y olor ; Linneo ha formado su
primera división de las rosas por la forma
del botón, que considera como oval re-
dondo ó arredondeado. Por lo demás á mm
tacion de Teofrasto, de Bouline , de Tour-
i^efort , y como lo han adoptado después
Jussieu , Goüan y Lamark , con otros cé-
lebres botánicos; se sirve para caracteres
secundarios de la forma y número de las
tojas , del porte de las plantas y del color
de los pétalos.
Al adoptar el plan del célebre natura-
lista de Üpsal, no por eso nos limitaremos
a hablar de él solamente. Tournefort colo-
ca la rosa en la octava sección de la clase
veinte y una de árboles y arbustos con flo-
res rosáceas y la llama rosa. Linneo con-
serva la misma denominación y la coloca
en la icosandría, poligínia, es decir, entre
las flores, cuyos estambres numerosos es-
tan adheridos al cáliz , y que tienen igual-
mente un gran púmero de pistilos.
Es bueno saber que en el sistema
sexual de Linneo, los estambres son los ór-
ganos masculinos, y los pistilos los feme-
ninos , y que se llaman hermafroditas las
(i 53)
plantas que reúnen ambos sexos como la
rob\ También se debe saber que en la bo-
tánki solo se conocen las flores simples,
porque las compuestas ó por mejor decir'
las dobles solo son resultado del cultivo, y
se llaman monstruos, pero estas especies
neutras son las mas lindas y que mas pom-
pa manifiestan, porque todos los estam-
bres están sustituidos por petalos.
El cáliz de la rosa está formado por
«na hoja dividida en cinco partes , la in-
ferior es carnosa , globulosa y campanifor-
me, los segmentos son laminpsos, dos tie-
nen alternativamente apéndices á los lados
y los otros dos carecen de él, el quinto
unas veces tiene uno solo y otras ninguno.
La corola Se compone de cinco pétalos
ovales acorazonados é insertos en el cáliz.
El pétalo, que es la parte colorada de la
flor, se divide en lámina, que es toda la
estension de su aparte superior, y en uña
que es la parte inferior por donde está ad-
herido al cáliz. Esta flor "tiene muchos es-
tambres cortos capilares insertos en el cue-
llo del e^liz y terminados por anteras de
tres ángulos ; tiene muchos gérmenes si-
tuados en el íondo del cáliz , y cada uno
con un estilo corto, belloso, coronado por
(iS 4 )
un stigma obtuso. La base carnosa del cá-
liz se cambia después en un fruto colorado,
persistente, coronado, en el que están con-
tenidas las simientes oblongas, bellosas, y
fijadas á los lados del cáliz. Los tallos es-
tan por lo regular guarnecidos de aguijo-
nes, y las hojas son aladas y con una ho-
\a impar.
En otro artículo se hablará de las va-
riedades, cultivo y virtudes de las rosas.
LA ROSAv
Apólogo*
La purpúrea rosa que oculta largo tiem-
po en el jardín entre las verdes hojas, re-
posa durante la noche solitaria é ignorada,
sobre su tallo maternal , se eleva fresca y
risueña asi qii€ ve brillar hacia el oriente
los rayos del sol; á la vista de este astro
encantador , abre sus pétalos colorados y
odoríferos, en los que la diligente abeja
viene susurrando á absorver las lágrimas
de la aurora* Mas entonces si una mano
discreta no tiene cuidado de cogerla, si so-
bre su tallo casi seco esper i menta los colo-
res del mediodia , la estrella brillante de
la tarde la encuentra sin color y sin vida,
y el viajero atónito no adivina si aquello
fue una rosa.
Tal es una joven virgen mientras que
custodiada por una madre tierna y vigilan-
te, cierra su corazón á los amorosos de-
seos; mas si las voluptuosas miradas de na
joven amante encienden en su seno los fue-
gos del amor, y si discreta y temerosa se ve
6
(i 56)
tensada á disimular los tormentos que pa»
dece , ¡infeliz! se consume y pierde su her-
mosura , y para siempre vuela lejos de ella,
la florida estación de los amores.
Décima de un joven á una señorita que lé
dio una jtor , cuyas hojas por fuera
eran rosadas y por dentro blancas.
Señora, es tu fiel pintura
la florecita graciosa ;
por fuera color de rosa
por dentro candida y pura :
Asi la sabia natura
engalanó tu beldad*
con prendas en esta edad
escasas sobre manera;
la vergüenza por de fuera *
por dentro la honestidad.
0*7)
GEOGRAFÍA.
El padre. Eugenio « dime algo de no-
table acerca de la Escocia.
Eugenio. Esta parte de la Gran Breta*
ña, que los antiguos llamaban Caledonia,
confina con la Inglaterra del N. E; al S. O.
desde la embocadura de Tweed hasta la
del Sark en el golfo de Solway , siguiendo
el Tweed hasta Carkam, llegan al Cheviot-
hill, continúan por la cumbre de los mon-
tes Cheviots hasta las fuentes del Jed , se
junta al Lddel^ al cual acompaña por es-
pacio de a á 3 leguas hasta su confluencia
con el Esk> y termina al encontrar el Sark.
Los demás límites de la Escocia lindan con
el mar; al E. con el del norte, y al N. y al
O. el atlántico (4 fichas].
El padre. Alejandro ¿que hay que no-
tar en la parte mas occidental de la Es-
cocia ?
Alejandro. Que las aguas del atlántico
*se han ido internando de tal modo por to-
das estas partes y formando infinitas penín-
sulas de las que hablaremos otro dia , de-
teniéndose al pie de sus elevadas montañas
(i 58)
como sino las hubieran podido forzar ni
destruir y dejándolas casi aisladas.
El padre. ¿Y sucede lo mismo en la
parte oriental? No señor, todo lo contra-
rio, en esta parte no se halla ninguna isla
y las penínsulas Tarba, Cromarty y Fif$
no son mas que otros tantos promontorios
formados por ramificaciones muy marcadas
de las cordilleras que cubren la Escocia,
(3 fichas).
El padre. Isabel ¿como evalúan la su*
perficie de este reino? Por su mayor an*
chura, tomada desde Peterhead hasta Ap*
plecros tiene 44 leguas, y su mayor estén-
sion d^ N. á S. de 77* su superficie Cua-
drada la dan algunos en 3,900 y según una
noticia que se presentó al consejo de agri-
cultura su cálculo no subía mas que á 2,45 1
leguas ó en 7,666,40© hectáreas inclu-
sas las islas: las 2,041,020 cultivadas, las
5,625, 1 20 sin cultivo, y 260 ocupadas por
los r o; y los lagos que son en gran núme-
ro especialmente en la parte septentrional;
ofreciendo las vistas mai pintorescas el con-
traste de la multitud de lagos con la dispo-
sición de sus rocas y montañas coronadas
de bosques en sus cimas , pero de todos
ellos los que merecen particular menciou
(i5y)
son el Lochy y el Ness, que parece que
estaban destinados por la naturaleza á unir
el mar del norte con el atlántico -atrave»
6ando la Escocia, y el arte lo ha realizado
por el canal Caledonio reuniendo los dos
mares y este canal y el de Forth y Clyde
marcan los límites de las tres divisiones
naturales y muy distintas de la Escocia
en* Meridional 9 Central y Septentrional
(6 fichas).
JE l padre. Enrique, ¿en cuánto* con-
dados se divide la Escocia?
Enrique. En treinta y tres, cuyos nom*
bres y población con como sigue :
División Septentrional.
Islas Oreadas y Sbetlan. *..... 53 5 i2>4
Caithness. ..••••,........ 3^,238
Sutherland •....-. 23.840
Ross-y-Cromarty. 68,8^8
Invernes. ..... ... . ...... . . 90,157
División Central.
Naim 9,006
Elgin ó Murray 3 1,1 62,
Banff. . , 43 ? 56i
Aberdeen. r55,387
Kincardinc . . , . . 29,1 18
1* oríar, ••..•••....••,..... 11 3.4. 3o
.reren. •••••••••••••...»., l3o^p5o
ArgyJe. 97,3i6
.unte. ......... f . , . . ••••. 1 3,797
Dumbarton. ,,.,.,. ,.,,..., 2,7,317
Stirling. # ..... 9 f . , -, , . 9 , 9 f f 65,376
Clackmannpn. . , , f . . ,. :j . , 9 . . , i3,¿6j
Kiurqss ;'.,,,',,.,..., ^,763
■TJie. « . f . . . 9 f . 9 9 p f . , 9 • f t f f 1 14,506
División Meridional.
Linlithgow. »,.•*,..>,»•«.,, 22,685
Edimburgo ó Mid-Iothiam. . . , 1 9 1 9 5 r 4
Haddington, , ,; , . f .,....;. . 35,i27
Berwick. , , f . r ' f 9 p .\ , , , , . . ¿ 33 9 38S
Roxburg. f ? . , , , . y* ....... , 40,89!
Seljdrk. p x>t% vK9-i..9,*f % % %+•?<• 6,637
Peebles. ...,,,,,,.,,.,,... 10,046
Lañarla . , . , , , , 9 , . , . ; -, . , 9 . 244,387
Reufrew. ,*.,,.* ... , , 9 , „ 9 . 112,1^5
Ayr. .... , .... .,...., . 9 # . , 12^,299
Durnfríes, , , , , , , ., 9 f , . , . f ■ , . ; 70,878
Kirkcpdbright, ,..,,.,....., 38,9o3
De estos el condado de Invernas se ha-
(i6i)
Ua situada la mitad en la división Septen-
trional y la mitad en la Central: los de
Dumbarton y de Sterling tienen algunas
porciones de sus distritos en la división
Meridional. (6 fichas).
El padre. Eugenio, ¿que temperatu-
ra goza la Escocia?
Eugenio. A su posición se atribuye la
gran variación que se nota en su clima: en
invierno se goza de una temperatura mas
benigna que ningún otro pais continental-
situado bajo la misma latitud, aunque esta
estación es mas larga en Escocia que aque-
llos. En verano la intensidad del calor ce-
de á las continuadas brisas. Este pais, co-
mo todo el que es montañoso está sujeto á
continuadas lluvias, (3 fichas).
, El padre. Alejandro , ¿cuales son la
producciones de la Escocia ?
Alejandro. Son casi las mismas que las
de Inglaterra, pues aunque antiguamente
los terrenos llanos estuvieron cubiertos de
bosques de encinas y abetos, en el dia es«*
tos y las tierras bajas situadas al pie de los
montes Grampianos, en la división meri-
dional se cultivan y con mucho esmero tri*
go, cebada .centeno, avena, guisantes, ha-
bas, patatas, nabos, alfalfa y heno, lino y
cánamo; progresando últimamente el cul-
tivo de las huertas, en las que han logra-
do que se dé muy bien el manzano.
Los carneros y el ganado mayor indí-
gena encuentran buenos pastos en este pais
montañoso , cuyo principal recurso es el
ganado lanar, que aunque es mas peque-
ño en general que el de Inglaterra las car-
fíes son mas sabrosas. ( 5 fichas ).
El padre. Eugenio, ¿ no se dedican los
escoceses á la pesca ?
Eugenio. Si señor, y con tanto interés
que la pesca de la costa occidental ha sido
de la mayor importancia para la Escocia
por espacio de mocho tiempo \ y el estable-
cimiento de una compañía cuyo objeto es
hacer mas productivo este ramo, hace es-
perar que.su beneficio será también pro-
vechoso para la Gran Bretaña.
Eutre los peces que dan aceite puede
citarse el mole, cuya pesca ocupa mucha
gente: algunas veces aparecen ballenas en
las costas de las Oreadas, Shetland y He-
bridas. Los salmones y merluzas se cogen
en abundancia en el puerto de Vik 9 y las
truchas, salmonetes y anguilas se pes-
con profusión en muchos de sus rios.
fichas, j
<"►«-» » i
El padre. Alejandro, ¿cuando empe-
&S á florecer la industria etr escocia?
Alejandro. A los cincuenta años cerca
después de la unión con la Inglaterra.
El padre. ¿Y cuando se verificó estó
fteunion del reitfo de Escocia ai de Ingla-
terra? En el año de 1707, después de una
0stinada lucha para sostener á sus sobera-
nos f se sometió y reunió á la corona de
Inglaterra; pero sin perder el título de rei-
fxo que conserva aun en el dia.
El padre Alejandro r los escoceses has&
la reunión que me has dicho no cultiva-
ban mas linó que el que necesitaban pa-
ra su uso fabricándose ellos mismos el
lienzo, ¿en que consisten los adelantos del
dia?
En qué actualmente se conocen todo^
los géneros de industria y especialmente
en los condados de Aberdeen , deNairn , de
Fife y de Forfar, se ha hecho tan común
el uso de las máquinas de vapor para los
hilados que dichas máquinas han llevado
al mas alto grado de perfección las manu-
facturas , esportándolas á las indias occi-
dentales y otros varios puntos. Pero entre
los progresos de su industria lo que mere-
ce citarse con particularidad son las fra-
(i6 4 )
gjjas, y especialmente la de Carrón ,, cuyo
establecimiento es el mas vasto que se co-
noce en Europa , pues no solo se estrae en
él el hierro del mineral 9 sino que alli mis-,
|iio recibe todas Jas formas posibles.
La América y las colonias británicas
$on los principales mercados para la quin-?
calla escocesa. También se labra la .madera
con todas las variedades. La estension de
su comercio está en razón, de ios progresos
de su industria. La Escocia importa frutos
coloniales 9 y el producto de sus -manufac-
turas las da en cambio de las materias pri-
meras de que está .poco surtida. Por últi-
mo, en Escocia de las 841,474 casas habi-
tadas por 447,960 familias, las i3o ? 699 se
ocupan en ja labranza, las 190,264 en las
manufacturas y el comercio. ( 6 fichas),
, El padre 9 Isabel, ¿cuál es el idiomaf
general de que usan los escoceses, sus usos
y costumbres ?j
Isabel. La lengua vulgar de los mon-
tañeses es el gaelico, los usos y costumbres
así como los trages de los habitantes de los
llanos se parecen a los de los ingleses. ($
fichas).
JE l padre, Eugenio 9 cuál es la religión
de Escocia ?
Eugenio. La primera que se conoció
en Escocia fue la de los druidas 9 mas la
religión católica se estendió por toda la Es-
cocía y fue la dominante hasta el reinadq
de Jacobo V, y en 1 592 por una acta for-
mal del parlamento se instituyó la religión
presbiteriana por la que dividieron la Igle*
sia en quince sínodos, setenta y ocho pres-
biteriatos y ochocientos noventa y nueve
parroquias. Su principio fundamental es la
igualdad entre los pastores, y cada parro»
quia tiene uno ó mas de ellos. Los minis-
tros de un cierto número de parroquias
contiguas forman un presbiíeriato * el cual
juzga y sentencia los asuntos eclesiásticos de
su distrito. Los sínodos se componen de
varios presbiteratos y juzgan las disensión
nes de estos sometiendo sus actas á la asam-
blea general. Esta compone, el tribunal su-
perior eclesiástico de cuyas decisiones no
hay apelación. Consta de 36 1 representan-
tes de los presbiteriatos de las universida-
des y de las villas realengas cuyos indivi-
duos se eligen anualmente \ y dicho tribu*
nal forma la ley á aquellas iglesias Fuera
de estas se tolera en Escocia el culto de to*
das las demás religiones, viéndo c e iglesias
católicas en tas ciudades principales y en
(i66)
los países mas al norte subsiste casi como \á
dominante. (6 fichas).
El padre. Enrique, ¿cuales son las
principales ciudades de la Escocia?
Enrique. Al norte las principales son
Invcrness buen puesto, Vick puerto pe-
queño pero de mucha pesca. Santandré.
Aberdeen considerable puf su universidad
y ¿us fábricas de lienzos y medias. Dundée
abundante en fábricas de cordages, hilos y
cueros. Per th muy notable por las curiosi-
dades que hay en sus inmediaciones, Dum*
ferling posee muchas fábricas de tegidos.
Culloden población inmediata á Inverness
célebre por la batalla que ganó en 1746
el duque de Cumberland á los escoceses ar-
mados por la causa de los estuardos sus an-
tiguos soberanos y que los mandaba el nie-
to de Jacobo II.
Al mediodía se encuentran Edimburgo
sobre el golfo de Forth capital de la Escocia
con 82,68a habitantes. Glascow la mas im-
portante después de Edimburgo y superior
á esta en la población y hermosura. Hin-
ross Sterling plaza fuerte Dumbarton. Gre-
nnoch buen puerto, Berwik plaza fuerte y
con astillero , y Kello bella ciudad con al*
gun comercio (5 fichas).
(i6 7 )
El padre. Eugenio ¿cuáles son los ríos
principales que riegan la Escocia.?
Eugenio. El Forth, Olyde, el Tuy, el
Spey y el Tweed.
Otro dia hablaremos algo de la Irlan-
da para adquirir un verdadero conocimien-
to de las tres partes que constituyen las is-
las Británicas, hoy es ya hora de que nos
retiremos, á estudiar para mañana, encar-
gándoos muy particularmente os eutereis
bien de las lecciones de geografía si queréis
sacar todo el partido posible de la lectura
de los periódicos políticos, llamándoos por
ahora la atención de la Escocia é Irlanda
según las nuevas peticiones que han presen-
tado á las cámaras, la ciudad de Abercleea
por, la primera relativa al sistema de patro-
nage clerical y parroquial vigente en tpda
la estension de la Escocia según se ha visto
al hablar de este reino cuya asamblea ge-
neral de la iglesia de Escocia se verifica en
el mes de mayo , y la segunda suplicando á
la cámara que no consienta nunca en la se-
paracion de la administración ni de la le-
gislatura entre la Irlanda y la Gran Breta-
ña cuya separación cree. el jurado de Tip-
perary (Irlanda) resultaría la ruina de am-
bos paises^
(i68)
EDUCACIÓN DE SORDO-MUDOS.
Continuación del artículo.
Aunque hemos hablado ya del artícü*
lo el la los ¡ volvemos á tocar este puntó
para su mayor inteligencia, siendo preci-
so para la exactitud del lenguage,
' El articulo el la los * sirve para gene-
ralizar y determinar. Cuando digo el hom-
bre piensa ) entiendo el hombre en gene¿-
ral; el rey ha salido esta mañana t la pa*
/labra rey está determinada al rey de Espa-
ña &c. Véase la diferencia que hay entre
¿el usó del mismo artículo y juzgúese de la
•turbación de un discípulo que no cono-
ciese el verbo ni la preposición f en cuyo
«caso están los infelices sordo-mudós.
Si se puede dar sin trabajo una expli-
cación vaga del artículo, no se puede ha-
cer conocer su usó al áordo mudo sino con
la ayuda de ejemplos bien apropiados* eri
-los que el entendimiento solo puede dudar
«entre dos sentidos perfectamente distintos
y por consiguiente bien fáciles de discer-
nir como ahora veremos.
Nuestro discípulo conoce ya el uso del
(i6 9 )
trtícuJo uño unos que excita en su enten-
dimiento la idea de una cuantidad indeter-
minada. Ahora le ponemos aquí en oposi-
ción con el articulo el los á fin de expli-
carlos mejor uno por otro.
Se dibujan en grupo un gran número
de caballos 6 se escribe solamente el ñora-
hm de caballo muchas veces. Incluyo una
gran parte de estos nombres en una línea
circular al rededor de la cual escribo unos
caballos. El sorda-mudo al ver caballos
fuera del circulo comprende sin trabrajo
que las palabras Unos caballos solo abrazan
tina parte de la especie. Trazo ahora mu-
chos circuios semejantes á aquel al rede-
dor del cual hemos escrito: unos caballos.
Las mismas palabras están aun repetidas al
rededor de cada uno de estos grupos-, otro
circulo los abraza á todos sin dejar nada
afuera. Se hace notar al discípulo esta; úl-
tima circunstancia y se escribe ai rededor
del gran círculo los caballos.
Con dos ó tres ejemplos de estos no
cabe duda que el sordo-mudo entenderá es-
ta primera distinción entre ambos artículos.
¿Queréis ahora un signo para cada uno?
pues escríbase unos caballos y los caballos
y el discípulo que conoce la diferencia de
esras expresiones la expresará con su?
signos.
Los ejemplos comparativos del cuadro
siguiente, borrarán de su espíritu hasta Id
mas ligera señal de incertidumbre :
Los corderos son mansos.
Amonio ha comprado unos corderos
Si el discípulo , al leer estos dos ejem~
píos no da á entender por sus signos que
el primero abraza la generalidad de la es-*
pecie de la que solo se indica una parte
en el segundo; si se teme que no se haya
penetrado bien de la diferencia de los dos
artículos v invístase en el segundo ejemplo,
Antonio ha comprado unos corderos ?; y re-
pitiendo el signo por el que ha expresado la
genaralidad pregúntesele si por estas pala-
bras unos corderos se conprende toda la es-
pecie. Responderá que solo se entiende por
1/7205, una parte de los corderos.
Pasando al ejemplo opuesto se le pre-
guntará si los corderos solo designan algu-
nos corderos ó si solo son mansos alaunos
corderos y contentará que todos lo son. De
este modo se le puede hacer corregir por
sí mismo las faltas qué se escapen en el uso
(i 7 O
de los artículos. Los ejemplos en que he-
mos sustituido el singular al plural le ha-
rán conocer que el artículo indica la gene-
ralidad por sí mismo é independiente del
plural.
El cordero es manso, el tigre es cruel.
Puede ser que guiado de la anología de
estas frases con las que acaba de ver, lea
el cordero es manso exactamente como ha
leido los corderos son mansos. Tal vez no-
te una contradicion al ver un nombre en
singular con el articulo el indicando la
generalidad cuyas dificultades se le disipa-
rán indicándole por medio de un 6Ígno
que las dos frases son perfectamente equi-
valentes.
Los exemplos del tercer párrafo exigen
alguna pregunta mas
Los niños aplicados no se cansan jamas
T): Todos los niños ?
R* No i los aplicados solamente.
Ya se debe haber observado que en el
lenguage del discípulo, el signo de todos
viene no solo después del sustantivo, sino
después del adjetivo que determina este
sustantivo. El sordo-mudo se expresará
pues así :
Niños aplicados todos
En cuanto á la frase opuesta se le hará
la pregunta siguiente:
D. He visto yo á todos los niños f
R. iVb, niños aplicados.
D. Todos los niños aplicados»
R. No, unos niños aplicados*
Cuando se haya familiarizado por me-
dio de numerosos egercicios en el uso del
artículo ya en singular, ya en plural, ya
en sentido general v ya contraído por un
adjetivo se le mostrará el mismo artículo
determinado por la preposición de.
Aquí será bueno variar el procedimieh*
to. Es cierto que es por grados insensibles
por los que el mismo artículo que sirve
para generalizar parece cambia de papel
para determinar. Mas lo? casos son muy su-
tiles para que el sordo*mudo los conozca y
entenderá mejor la pronunciada oposición
'(«7»)
de los dos extremos. Veamos como se le
puede hacer entender esta frase :
Los libros de Pablo están bien encuader-
nados.
Pablo tiene libros, tu sabes. Estos libros
están bien encuadernados.
El caballo , de Juan es hermoso.
Juan tiene un caballo ; tu sabes. Este ca-
ballo es hermoso.
En fin , se Je dirá que debe servirse
del artículo el lo s 9 todas las veces que se
pueda añadir los signos correspondientes
á estas palabras este.... estos.... tu sabes-*..
Como se verá mas adelante.
(*74)
MOSAICO.
Anciano no pienses en el amor, Acuér*
cíate que el viento de la tarde no hace
abrirse á las rosas , que solo se abren al cé*
firo de la mañana,
Bella Aglae, si el amor compara tu her-»
mosura á la de la rosa, escucha también
la voz de la sabiduría que te muestra lai
fragilidad de esta reina de las flores, unsj
fiel imagen de tu fugitiva hermosura*
mmm
Decía el filósofo Analixa» que la mejor
prerogativa de los soberanos es la de que
nadie puede escederlos en hacer biep ?
mmm
¿Por qué la rosa es mirada como la
reina de las flores? Por Ja delicia de su
perfume f la gracia de su forma, y la viva-
cidad de sus colores; asi no hay cosa mas
amable sobre la tierra como un niño bo~
nito v- virtuoso.
0?s)
El infame Juan Smtierra, último du-
que de Normandia y después rey de In-
glaterra , al querer apoderarse de los esta-
dos-de Ricardo Corazón de León, su her-
mano, fue vencido por este último y obli-
gado á pedir perdón. i; Os perdono le dijo
Ricardo , y no quiero acordarme de vues-
tras faltas ; vos por el contrario acordaos
de tal modo que nunca olyideis que os he
perdonado."
mm
Ves aquella á que los vientos no pue-
den privar de su perfume ; aprende ahí á
conseryar tu virtud en pjedjo de las agita-
,ciope$ de I3 y ida.
i Una joyen no pierde pada por ser mo-
¿lesU^es jan botón de rosa de la primave-
ra queaup po se %$ acabado de desplegan
En pinchas cas#s de educación de Pa-
rís han adpptadp el método de pintar en
las paredes carias geográficas. Últimamen-
te, han pipiado una que tiene 48 pies cua-
drados y qu ella no hay nombre ninguno
para que los discípulos los suplan de me*
moria. Las ciudades principales están mar-
eadas con puntos negros; los diferentes rei-
nos los distinguen líneas de colores,.' y la
mar pintada de azul verdoso.
Un hablador vino á contar á cierto su-
geto á quien apenas conocía , un secreto de
grande importancia y le encargó que no lo
dijese. "No tengas cuidado le respondió
este , pues seré tan callado como tú,"
" Que yo muera sino me vengo de tí *
decía á Euclides, discípulo de Sócrates un
hermano irritado ! Que muera yo respon-
dió Euclides sino te obligo á abjurar tu re-
sentimiento y volverme tu amistad.
Hay menos ingratos que descontentos,
porque hay mas pretendientes que em-
pleos. Acababa de vacar un empleo muy
grande, y se presentaron once personas á
pretenderlo. Dijo uno al que lo, había de
dar : Vais á hacer feliz á un hombre: No
digáis tal , respondió el sugeto y voy á ha-
.■f'77)
cer un hombre ingrato y dejar á diez des-
contentos.
Un niño siente las punzadas del dolor
antes que pueda gozar el favor de los piar
ceres. Asi el tierno rosal lleva espinas ano-
tes de dar flores.
El pudor debe defenderá la hermosura
como la espina á la rosa ; ni una ni otra
tienen valor en cuanto pierden el fiel guar-
dador que les dio naturaleza.
Jóvenes , que un solo amante posea
vuestro corazón, la rosa vive apenas un dia
porque da acogida á todos los céfiros.
(, 7 8)
Real orden para que se recomiende el catón
metódico de Seijas*
Ministerio del Fomento General del Reí-
lio.— Excmo* Señor:— .He dado cuenta á S. M. la
Reina Gobernadora de una^ exposición de don Jo-
sé González Seijas, maestro de primeras letras en
esta Corte, en solicitud de que se recomiende á las
escuelas y demás establecimientos de insirucion
primaria del Reino el catón metódico que fia pu-
blicado para enseñar áleer; y S, M., conformán-
dose con el parecer de esa Inspección General, se
ha dignado conceder al interesado la gracia que pi-
de» De Real orden lo participo á V* E. para co-
nocimento de la Inspecion y demás efectos corres*
poadientes. Dios guarde á V# £« muchos años*
(e**v<Z¿&<4¿' i^t/c^t/a^ c¿üt^mu/-n</ /
PINTURA DEL MES DE MAYO.
El mes de mayo presenta en nuestros
climas templados las mas dulces armonías
de la vida. La aurora coronada de rosas abre
en los cielos las puertas del Oriente, y anun-
cia á los seres sensibles la mañana del dia.
El céfiro que se eleva corriendo sobre los
anchurosos mares , hace ondear sus azula-?
das aguas , los mirtos de las costas , las fío-
res de la pradera, y los brillantes colores
de la rosa. Legiones de insectos revestidos
de matizadas túnicas levantan los terrones
que cubren sus subterráneos, y regocijados
de ver la luz, se esparcen susurrando de
alegría por las plantas que les están desti-
nadas. En las colinas resuena el balido de
Jas ovejas, y en los valles el mugido de los
bueyes. Las aves construyen sus simétricos
nidos en lo espeso del ramage, mientras que
la cogujada hace resonar en los campos sus
cánticos de alegría. El sol se presenta con
todo su esplendor, y á cada grado del arco
que recorre' en los cielos brotan nuevas vi-
das y nuevos amores. En la atmósfera , en
las aguas y hasta en la concavidad de los
peñascos se oyen voces que llaman, y ecos
que responden : hasta la misma noche tiene
sus conciertos. El ruiseñor, amigo de la so-
ledad y del silencio, modula á la claridad
de la luna sus cánticos melodiosos , sin que
el lamentable -eco del cárabo obscuro que
ayes despide entre la breña inculta , y el
triste ahu Mido del buho, sirvan mas que pa-
ra dar mayor realce á aquella melodiosa ar-
monía: tnientras que el monótono cuclillo
vuela de un árbol á otro, solitario, y corno
prófugo de la vida social: la tonolilla bus-
ca la dulce compañía de su semej inte, es-
citando continuamente con sus arrullos les
sentimientos nías amorosos. El heraldo de
Ja primavera hace repetir á los ecos lejanas
sus alegrías, sus penas y sus amores; todo
esto animado noche y dia, en la luz ven
la sombra. Cánticos melodiosos, ruidos con-
fusos, dulces murmullos, hacen que resue-
nen las selvas, los musgos , las yerbas , los
pastores y las florestas/La vida animal di-
versificada bajo mil formas , se esparce eíi
todo nuestro hemisferio desde las ardientes
arenas de Zara , en las que el horrible Ge-
rastes se enrosca con su odiosa hembra , y
en las que se oyen de noche los amorosos
rugidos de la pantera : hasta los escollos de
Spitzberg, en los- -que los caballos marinos
están formados por batallones, tomando ei
sol con sus hijos, y en los que los osos blan-
cos , cebándose entre hielos flotantes en el
tiadáver dé la ballena, disputan con fauce
ensangrentada al audaz europeo los últi-
mos límites del imperio del dia, de la tier-
ra y de los marea.
^J^ ?ze<?¿¿z ^^^^¿¿^^^¿^.^g^í^^^^ ¿^ rc¿&<?¿¿¿¿?<f
C&?Z飿*¿¿e/<L£¿¿Z<3.
EL GUINDO DE LA ALDEA O LA
credulidXd del vulgo.
No ha mucho tiempo que tuve que sa*
lir de la capital para asistir á una fiesta cié
familia que se había de celebrar en Un pue-
blecito algo distante de éíia. Una fiesta dé
una familia numerosa respetable y patriar-
cal, y que tiene por cabezas á dos ancianos
venerables, que parece que han transmi-
tidoá su posteridad la robustez de su cuer-
po y la serenidad de su alma. Yo que
gusto tanto de estas fiestas que se ven rara
vez en Jas grandes ciudades, fui ele los pri-
meros convidados que llegaron; otros mu-
chos fueron llegando aquel mismo dia,
pero eran ya las ocho de la noche, hora
en que todo ti mundo se acuesta en aquel
pueblo, y todavía no habian llegado dos
de mis principales amigos; quise quedar-
me á esperarlos y entonces el amo de casa
me entregó la llave del gabinetito en que
tenia sus libros ; le di las buenas noches, y
entrando en el gabinete andaba recorien^
do á la luz de la vela los títulos de los |i¿
i ,
i8c)
bros para saber cual escogerla , cuando oí
dar unos golpeeitos en la ventana que caia
al patio principal de la casa. Abro y veo
un viejo agoviado y mal vestido que mi-
rándome con ojos espantados me dice:
» Señor, V.es recien venido, y asi le avi-
so que no pase por detras de la iglesia de
este pueblo porque es muy peligroso. Ha-
bía alli antes un guindo muy hermoso
donde el diablo venia á encaramarse. Yo
por haber pasado por alli me he vuelto
loco," y se marchó sin hablar mas pala-
bra.
AI otro dia tuve gran cuidado de ir-
me á pasear detras déla iglesia para ver
el sitio donde existió el guindo del diablo,
y averiguar lo que había dado margen á
la visita del loco. Encontré á un padre de
familias que leia á sus niños los cuenteci-
tos de la Minerva y. se reían como unos bo-
bos. Ya veis amiguitos que vuestro perió-
dico va á todas partes, tanto á las grandes
capitales , como á las aldeas mas ocultas.
Asi que acabó la lectura, le salude y le dije.
Es verdad , señor , que ha habido en este pa-
rage un guindo célebre? — Verdad , es, me
respondió él-- ¿y dicen que el diablo venia
á encaramarse en él? — ¡Oh ! dijo sonden-
¿fose, esa es otra historia — ¿Sí Vd. tuviera
la bondad de contármela? — De buena ga-
na respondió , y mandando á sus niños á
jugar me contó lo que vais á leer.
Cuando yo era muchacho , este terre-
no donde ahora nos hallamos* pertenecía á
un labrador de jeste pueblo llamado el
tio Gerónimo; y entre varios arboles que
tenia plantados habia un guindo tan fron-
doso, que daba unas guindas que ni Ádan
ni Eva las comieron mejores en el paraíso
terrenal* El tio Gerónimo tenia gran cuidado
de su árbol y de la fruta, no tanto por é! co-
mo por sus hijos y sus amigos, y así para que
los pájaros no se la comiesen * hizo lo que
luego veréis*
(Jn dia pasaban un par de viejas por
delante del guindo y alzaron los ojos á
mirarle., porque entonces era tiempo de
la fruta , y estaba casi encarnado de tanta
como tenía* Mas apenas hablan mirado
cuando echaron á correr gritando :" Áh 1
Dios mió, que el diablo en persona se está
comiendo las guindas del tio Gerónimo!
Todos salían de sus casas á ías voces y se-
guían á las viejas para informarse de lo
que podía ser , hasta que ellas se pararon
de puro cansadas y asustadas. Entonces ses
(182) ,
formó al rededor suyo un gran corro de
hombres mugeres y niños, y todos pregun-
taban; pero qué es esto? Jesús! que es lo
qne habéis visto? una de las viejas al^o
mas vuelta en si, pero con voz trémula y
volviendo de cuando en cuando Ja cabeza
hacia el guindo, esclamó. Hemos visto al
diablo en el guindo del tio Gerónimo.
Verdad es que no llevarnos puestos los an-
teojos pero esta es la prueba de que era
Lucifer; pues sino fuera una cosa tan visi-
ble y tan clara, nosotras en nuestra edad y
con nuestra vista no hubiéramos podido
distinguirla.
¿Y qué señas tiene ese diablo? preguntó
uno de los circunstantes. Tiene, replicó la
vieja, una cabeza negra como de macho
cabrio y en ella fijos dos cuernos enros-
cados como dos tirabuzones; sus o;os bri-
llan corno las ascuas y hacen estremecer,
al llegar aqui la vieja hizo la señal de la
cruz y prosiguió diciendo ; su boca es lo
mismo que la de un horno y sale de ella
senperteando una lengua de fuego por entre
dos filas de dientes largos y puntiagudos
como cuchillos de cocina. Su aliento apesta
á pez, á resina y á azufre. — Ah ! Dios mió,
que miedo digeron los niños agarrándose á
(i83)
sus madres —Su cuerpo, continuó la viejs,
es negro y peludo como de oso; sus pata$
son tan gordas como el cuerpo y tiene una
cola larguísima con la que da latigazos de
cuando en cuando, — Y os ha dicho alguna
cosa, preguntó uno del corro?— Muchas
nos ha dicho respondióla otra vieja; y luego
dijo positivamente. Soy el diablo, y cuando
se reia hacia ■Hi.hi.hi.hi ! todos los aldea-
nos empezaron á encomendarse á Dios, ya
pedir misericordia, tos niños prometieron
á Dios si los libraba de las garras del dia-
blo, no desobedecer mas á sus padres , no
hacer mas gestos al maestro en la escuela,
no ser ya embusteros, glotones , ni... en fin,
ser unos muchachos perfectos , porque el
miedo hace prometer grandes cosas.
A pesar de estas precauciones no esta-
ban tranquilos los habitantes porque llega^
ha la noche y no sabian que partido tomar.
El mas valiente de e'los hizo una proposi-
ción para que reuniendo las armas que
pudiese haber en el pueblo, atacasen al dia-
blo en su posición. Brabo! esclamó á una
voz toda la aldea, porque toda ella se halla-
ba alli. Cosas como estas no sucederían en
el dia, niños mios, porque ya hay mas ins-
trucion. Tuvieron que echar suertes para
ver quien iba por las armas, pues ninguno
se atrebia á menearse de allí, cayó la suerte á
dos de los mas cobardes , que temblando
apenas daban un paso cuando retrocedían
hacia ia tropa con presteza. En fin, habién-
dolos amenazado los otros que los iban á
apedrear sino cumplían su deber, camina-
ron temblando como unos azogado^ tapán-
dose las orejas por no oir los gemidos del
diablo, y con los ojos casi cerrados en cuan-
to poclian andar sin tropezar con las pie-
dras y con los arboles. Al cabo de un cuarto
de hora volvieron con cuatro antiquísimos
fusiles, roñosos y tomados, cinco vieldos,
dos palas, tres horquillas, tenazas y asado-
res, y una buena porción de garrotes. To-
das estas armas se destribuyeron entre los
hombres. Las mugeres llenaron sus delan-
tales de piedras para cooperar á la terrible
pelea.
El guarda campestre fue nombrado ge-
neralísimo de todo el ejército. El alcalde
ee encargó de intimar al diablo que dejase
el país, y el maestro de escuela de arengar-
le, sise obstinaba en permanecer. Cuando
estuvieron tomadas todas estas disposicio-
nes y cada uno ocupaba su puesto, ya em-
pezaba á anochecer. Marchen! gritó el guar-
(*85)
<k blandiendo , una gruesa cachiporra.
Toda la tropaentonces se puso en márch¿*
con el mayor silencio para que el diabl
cogido -de improviso no pudiese hacer al-
guna de las suyas. De cuando en cuando
hacian alto para tomar aliento porque to-
dos los corazones pal pitaban con violencia y
no habia alli individuo que no tragase la
saliva con dificultad. Sin duda habria mu-
chos desertores antes de dar la batalla, sino
fuera por el miedo de encontrarse cara á
cara con el diablo durante la noche. Se
apretaban, se estrujaban unos á otros, y en-
tre la obscuridad aquella tropa comprimi-
da , parecia un animal con mas de dos-
cientos pies y cabezas. Algunos se dejaron
por alli el sombrero y los zapatos sin atre-
verse á salir de las filas para recogerlos. En
fin , después de muchos temores é incerti-
d timbres ocurrió la mayor de todas. Era el
caso que habían llegado á la casa del tio Ge-
rónimo que estaba durmiendo con toda su
familia y al revolver de la esquina de la
casa del guindo con el diablo encima se
iba á presentar á vista del ejército. Adelan-
tóse el guarda en calidad de generalísi-
mo á reconocer el terreno acompañado de
los cuatro armados con los roñosos fusiles
(i 86)
Ya había ligado sil mismísimo ángulo de la
pared, mas no se atrevía á dar la. vuelta de
miedo de encontrarse con una gran boca
flamígera que le tragase como una lanteja.
Para animarse se pellizco el brazo dsrecho
con la mano izquierda , luego el izquierdo
con la mano derecha; mordióse la lengua
hasta que uno de sus soldados que estaba
impaciente por concluir, le dio un punta-
pié por detrás que le hizo andar bien hacia
delante. Entonces el bueno del guarda quie-
ras que uo quieras tuvo que ver al diablo
y gt ico como un desesperado con los pelos
erizados. Apunten"... fuego"... Entonces se
oyó un ruido que hizo tran, trin, íraf 9
truf\ y era los cuatro fusiles que acababan
de disparar. Al oir esta esplosion de la van-
guardia todo el cuerpo de ejercito avanzó
tropezandose, confundiéndose y cayéndolos
unos sobre los otros. El alcalde celebrado
por su elocuencia se adelantó y dijo: "sa-
tanás, espíritu de las tinieblas, en nombre
de la ley te mando que te retires. y> iba á
continuar, mas fué interrumpido por el
rio Gerónimo, que habiéndole despertado
el tran^ trin , traf^ truf de los fusiles, di-
jo, sentándose en la cama con gorro de
dormir. ¿Qué bulla anda en mi jardín?
¿ Qué significa esto, añadió saltando en ca-
misa y poniéndose las chanclas ? Queréis
dejarme dormir, dijo asomándole á la ven*
tana. — Acabamos de matar al diablo, res-
pondieron los de abajo. --¿Qué diablo?-
El que estaba comiendo muestras guindas. -
Al oir esto el tío Gerónimo echóse á reir de
tal modo que cayó á la larga de pura risa.
A poco rato bajó con nn candil en la ma-
no y les enseñó el diablo que habían deja-
do caer con los tiros al pie del árbol. Ved
aqui bobos Jes dijo, ved aquí lo que os
causó tanto miedo. Era un figurón ó pelele
lleno de paja y desfigurado con trapos ne-
gror y encarnados, con su cara y brazos
correspondientes, que el lio Guillermo ha-
bía puesto en lo alto de su guindo para es-
pantar á los pájaros.
He aquí lo que las dos viejas habían
tenido por el diablo, y lo que habia espar-
cido e! terror en toda la aldea Tales son
todas las fantasmas del mundo; sueños, ilu-
siones y desvarios.
A pesar de esta evidencia, todavía h*i-
bo algunos buenos paletos que quedaron
persuadidos de que habian visto al mismis*
mo diablo , v asi lo hicieron creer en todo
el contorno. Hay necios incorregibles para
los que dos y dos no son cuatro, y á los que
se hace creer que es de dia á media noche,
y que hay estrellas á mediodía, compade»
cedlos , hijos inios , sin que os parezcáis á
ellos en ningún tiempo. Ño os dejéis arras-
trar de /as voces que oigáis por mas gran-
de que sea el número de sus propagadores
acerca de seres que no pueden existir sino
en cabezas acaloradas y que dan sus sueños
por realidades. De unos á otros va pasando
sin reflexión alguna lo que han oido á sus
antepasados, y lo siguen sin otra causa mas
que la de que lo dijeron. Vosotros ^queri-
dos niños, jamas deis asenso á lo que os re-
fieran de semejantes ficciones sino procu^
rar descubrir su origen como se ha dicho
he hice para saber la causa de que prove-
nia la creencia del diablo del guindo , la
tradición en esta materia nunca pasa de ser
un cuento,
EL ÁRABE Y EL PERSA.
ANÉCDOTA ORIENTAL,
Los rayos del sol caían perpendicula-
res, el arenoso desierto reflejaba como un
espejo ardiente, todos los fuegos de este
rey de los irópicos y ningún ser viviente
representaba á aquella hora de medio dia
en la superficie de la llanura resplande-
ciente.
Dos viajeros, un árabe y un persa hi-
cieron alto bajo la triste sombra de unas
miserables acacias. " Hermano, dijo el per-
sa , he aqui que nuestros fieles caballos
han muerto de fatiga; nuestros víveres van
á concluirse, y el odre que tu llevas, últi-
ma esperanza de mis secos labios está pa-
ra agotarse." ¿A donde está la palmera cu-
yos sabrosos frutos anunciabas á mi apeti-
to? ¿ A donde se halla la famosa fuente cu-
yas aguas me habías prometido?
El árabe levantó sus ojos y sus manos
b1 cielo: "Alá es grande, respondió, la pal-
mera ha fenecido esta primavera, y el Si-
moun ha secado la fuente," El persa no
lanzó siquiera una queja, mas dejó caer su
(.19*)
cabeza fobre el pecho, y lágrimas amargas
corrieron por sus mejillas.
"Hermano; dijo el árabe, el verdade-
ro creyente no debe agoviarse con el peso
de la desgracia, y es pecar delante del Se-
nor el abandonar la esperanza. Dos jorna-
das nos separan apenas de las tiendas de
Chasae! y cuando 'la pálida luna de Phin-
gary, se presente en el horizonte continua-
remos nuestra ruta bajo la protección de
Alá.»
Cosumieron el resto de sus provisiones
en una sola comida y continuaron su ca-
mino de noche ; mas la ausencia del sol
no alivió sus padecimientos; porque sofo-
cantes vapores se elevaban de la tierra y las
estrellas se veían ocultas por encapotadas
nubes. Caminaron por fin hasta la mitad
del día siguiente, que el árabe se detuvo
desanimado porque el persa sin poder ir
mas lejos se habia dejado caer de fatiga.
El persa se enderezó dolorosatoente.
"Oh! exclamó tristemente, una gota de
agua! ¡una gota de agua! Si el odre esta
vacío yo vey á morirme aquí. — Apenas tu
boca ó la mia podrá esprimir la humedad
necesaria para llegar al campo de Chasael,
ademas, si disfrutamos de este tríate recurro
(*9 f )
no es inútil y perecemos Jos dos... cC Tu sa-
bes qne el odre me pertenece. >;
El persa se revolcó dando gemidos so-
bre la arena abrasadora oh ! yo daria la par-
te que me corresponde en el paraíso por
un poco de agua de Bendimir! Oh! ¿por
qué he abandonado yo mi palacio de Ghi-
raz y mis jardines en los que el aire es tan
fresco á la sombra de los naranjos? ¡ Mi Du-
vilde que me esperaba por la fiesta de -la*
rosas! ¡ ya no la volveré á ver, ni á mis hi-
jos ni á mis queridos hijos! ¡Oh bárbaro,
tu eres ei que me condenas á esta muerte
horrorosa !
Amigo , pongo por testigo al profeta
que sacrificaría gustoso mi vida por salvar
la tuya; mas yo también tengo muger her-
mosa; jóvenes y risueños hijos en las coli-
nas de Hilas y me dirían un dia al pasar ei
puente del juicio: padre ¿por qué nos has
abandonado?
¡ Asi tu dejarás espirar á tu huésped á
quien podías socorrer! ¡Tú huésped que
ha bebido en tu copa y dormido en tu tien-
da! Hasta ahora se decía. 6w EI árabe tiene
la mano abierta y el corazón fiel derrama-
rá su sangre por su huésped; su pueblo es
generoso entre todos los del mundo. y> Ya
no se dirá esto de hoy en adelante: la glo-
ria de Ismael ya feneció.
El ismaelita meditó profundamente, y
luego repitió con voz grave y enfática: "El
árabe tiene la mano abierta y el corazón
fiel..*' Alargóel odre a su compañero, y en-
volviendo su cabeza con su capa se tendió
en la arena.
El persa bebió y salió del desierto ; el
árabe murió 9 mas habia salvado la gloria
de su patria , y su nombre sagrado fue tras-
mitido de generación en generaeían como
Ja herencia mas preciosa de los hijos de su
tribu.
HIGIENE,
ARTICULO 5 o .
Secreciones y Escrecioncs.
Se entiende por estas dos palabras la ac-
ción , por medio de la que la naturaleza
elabora y espeje fuera del cuerpo; las ma-
terias y humores perjudiciales.
Las secreciones y escreciones son las
funciones mas indispensables al goce de una
perfecta salud , pues siempre que alguna de
ellas se perturba cesa la armonía entre
los movimientos, y las acciones y entre los
diversos focos de sensibilidad , y es lo que
constituye la enfermedad* Los órganos que
las egercen están dotados cada uno de una
propiedad particular, esto es, un modo de
sentir que les es propio, en virtud del cual
solo admiten materias análogas á su gusto.
y rehusan todo lo que les repugna, mas
cuando se vicia la sensibilidad de estos ór-
ganos y desempeñan mal sus funciones las
materias que debían espelerse, se retienen,
se altera la masa de la sangre y de los hu-;
mores , depravan mas y mas la acción.
('94)
pervierten enteramente el orden de los mo-
vimientos, y á veces hacen tiro á un órga-
no, le irritan , cuya irritación se comuni-
ca simpáticamente á otros órganos, dando
de este modo origen a varios males.
Las escreciones escesivas son efecto del
aumento vicioso de fuerzas en los órganos
eseretorios , y á veces será producto de una
causa morbosa; y ellas mismas son siem-
pre por poco que duren causas de enfer-
medades. Para conservar la salud se nece-
sita que las secreciones y escreciones se ha*
gan con libertad y que no escedan de tos
justos limites.
La sangre, es un fluido recrementicio
y el depósito ó reservorio de todas las sus»
tandas animales, de todos los humores y
de todos los sólidos, la gelatina, la albumi-
na, el gluten y la parte fibrosa de la carne
se hallan disueltas en la sangre.
La saliva es un humor segregado en la
boca por las glándulas salivales.
La análisis química da en la salía ge-
latina , carbonate amoniacal y fóefato de
cal. La saliva por su cualidad jabonosa y
disolvente es mil á la digestión 5 y por Jo
mismo no se debe escupir con mucha fre-
cuencia. Losqu:» pierden mucha saliva bien
escupiendo ó bien fumando, pierden el ape-
tito, la animaüzacion y asimilación se ha-
cen con dificultad, los alimentos como que
se digieren mal , no reparan las fuerzas y
los sugetos se enflaquecen.
El moco de las narices y de los bron-
quios consta de gelatina, de agua, de sosa,
de fosfate de cal y de fosfate de sosa ; se
espesa con el contacto del aire por razón
del oxigeno que en él se fija. La mucosi-
dad de que está barnizado el canal alimen-
ticio, vejiga de la orina, uretra, 8tc, es de
la misma naturaleza, su secreción modera-
da tiene en perfecto equilibrio estas par-
tes, su esceso es ya dañoso.
Nada mas perjudicial que la supresión
de las evacuaciones intestinales. El espas-
mo habitual de los intestinos producido
por la constipación se comunica á las vis-
ceras abdominales, retardan su acción, y
á veces hasta la cabeza misma entra á pa-
decer, produciendo pesadez y dolor en ella,
vértigos , desvelos, y otras varias afeccio-
nes no menos incómodas.
La frecuencia de deposiciones, y la
prontitud de evacuarse, anuncian que se
hacen mal las digestiones, y que está su-
mamente debilitado el sistema ; para con-
(i 9 6)
servar la salud es preciso que ni el vientre
esté muy estriñido ni ande tampoco muy
suelto, un medio entre estos dos estreñios
es lo que mas conviene, ei cual depende
en gran parte 1 del régimen, del sueño y del
ejercicio. Los que se entregan habitual-
■ mente y con esceso á los placeres de la me-
sa dijiercn nía! ; y asi no es de estrañar que
ande su vientre mas suelto ele lo que con-
viene. Los que comen poco y duermen mu*
cho ó viven poltronamente y en la holga*
zaneria , por lo común andan siempre es-
triñidos.
Los medios que hay mas eficaces para
que el vientre se mueva debidamente to-
cios los dias,son levantarse temprano y
hacer ejercicio á campo raso. El ealor de
la cama, y la situación orizonta! producen
irregularidades en las evacuaciones ventra-
les. El uso frecuente de lavativas y pur-
gantes en caso de estreñimiento tiene el in-
conveniente de que acostumbrándose á di-
chos medios, la naturaleza pierde su ac-
ción , debilitan á los intestinos y pertur-
ban las digestiones. Los que naturalmente
son -estriñidos no deben cargarse de ropa,
evitando el uso de las sustancias ardientes
y astringentes.
La demasiada soltura de vientre pende
Jas mas veces de que las fuerzas se dirigen
liácia* lo interior ; en cuyo caso se emplea-
rán los medios que son propios para diri-
girlas hacia la circunferencia; como son» el
ejercicio moderarlo, los baños tibios, las
fricciones, conservar los pies calientes, y
usar de una túnica de franela inmediata á
la cutis.
El defecto ó esceso de la secreción ó es-
crecion de las orinas, origina muchas en-
fermedades. Su escrecion, que es una espe-
cie de íegía animal , e- indispensable para
conservar la salud, si se detiene por mu-
cho tiempo en la veg'ga , esta se dilata y
vienen dolores en eí hipogastrio y lomos,
pierde su resorte, y aveces se inflama y se
gangrena, y por lo mismo queridos niños,
jamas debéis aguantar por mucho tiempo
la gana de orinar. La retención ó supresión
de la orina produce grandes incomodida-
des, ansiedades , sed, náuseas, vómitos, es-
calofríos, fiebre, delirios, convulsiones; le-
targos , apoplegías, y últimamente la muer-
te; y todas las demás evacuaciones, con/o
la saliva, el sudor* transpiración &c; ad-
quieren en este caso el sabor y el olor pro*
pió de la orina.
(i 9 8)
Me estremezco, hijos míos, al consi-
derar á cuántos males espone la retención
de orina, y mucho mas al ver con- Ja in-
diferencia con que niegan algunos de los
encargados de la educación de la juventud
la licencia que Jes piden para su escrecion;
insistid, hijos -mios, en couseguirla antes
de esponeros á los males que os puede
acarrear, que yo por mi parte os aconsejo
que ayudéis su secreción y escrecion por
medio del egercicio , que no estéis mucho
tiempo en cama y sobre todo que esta no
sea demasiadamente blanda y mullida.
La escesiva escrecion de la orina cau-
sa también enfermedades. Por medio de la
transpiración se descarta la naturaleza de
ciertos principios que pecando en canti-
dad , llegarían á ser dañosos, y efectúa
también por este medio la animal izacion
de los humores descarbonizándolos. No se
debe confundir el sudor con el humor
perspirable, pues auuque una y otra es-
crecion se hace por el mismo lugar se di-
ferencian sin embargo en muchos puntos.
La escrecion del sudor es siempre efecto de
un estado violento, arrastra consigo gran
cantidad de moléculas nutritivas, debilita
1A cuerpo quitándole fuerzas y peso* Mas
099)
]a transpiración por ei contrario, arrastra
consigo gran cantidad de materias escrr-
menticias. que se asemejan en parte á la
orina £ aumenta las fuerzas; pone mas lige-
ro el cuerpo y favorece la animaiizacion,
Para obtener una suave transpiración
es preciso hacer egercieio al aire libre. De
dia se traspira mas que de noche , y al
acabarse la digestión mas que en ningún
otro tiempo, porque entonces los humores
se dirigen hacia la circunferencia, en vir-
tud de dirigirse hacia ella la acción gene-
ral ; pues el cutis se dilata , se esponja y
se pone encarnado, lo que prueba que su
acción se aumenta igualmente que la de los
demás órganos secretarios.
Las paciones tienen mucha influencia
en la transpiración, pues vemos que se au-
menta ó se disminuye, según que aquellas
son gratas ó ingratas. Las primeras dirigen
las fuerzas á la circunferencia, y las segun-
das las concentran en lo interior. Ninguna
cosa hay que se oponga mas á la transpi-
ración que la vida sedentaria, las variacio-
nes de la atmósfera y el frió húmedo. Guan-
do la transpiracon es escesiva, el cuerpo se
debilita en sumo grado: y si se disminuye
ó suprime produce varias enfermedades que
fsoo)
afectan con particularidad á las membra-
nas mucosas, por la afinidad que tiene el
humor perspirabie con el de dichas mem-
branas. Lo dicho acerca de la transpira-
ción^ debe igualmente aplicarse al sudor,
cuyo esceso ó defecto es muy perjudicial; y
sobre todo cuando se suprime siendo críti-
co ó periódico. Las fricciones secas, el uso
habitual de los baños tan saludables en ge-
neral, contribuyen á entretener la transpi-
ración y fortificar el cuerpo. Es muy útil
á la salud .mudarse á menudo y bañarse
una vez por semana en agua caliente, cui-
dando que pasen al menos cinco horas des-
pués de comer. Solo se debe estar una ho-
ra á lo mas en el agua caliente, y un cuar-
to de hora en el agua corriente ó de man
Hay otra secreción mas preciosa toda-
vía que la que acabamos de indicar, por-
que su pérdida produce daños terribles en
lo físico y en lo moral , y de ella se siguen
el enflaquecimiento, la consumpcion dor-
sal y la muerte,
Gada época de la \'ida tiene sus place-
res, mas los de Venus no convienen á to-
das edades. Las personas débiles y de pe-
cho delicado y oprimido, y predispuestas
á las afecciones de dicha cavidad , deben
(*oi)
usar de este placer con tanta mas modera-
ción cuanto es su propensión á el.
La primavera es la estación mas favo-
rable y el estío la mas perjudicial, la ma-
ñana preferible á la noche, en que el cuer-
po fatigado del trabajo de todo el dia ne-
cesita de mas descanso.
La Venus solitaria es aun mas perjudi-
cial , pues arruina en breve los mejores
temperamentos, y produce terribles males
que acaban con la vida. Queridos niños,
los placeres solitarios > son tan injuriosos
á la naturaleza, como vergonzosos al pu-
dor. El virtuoso y sensible no puede sct
por si solo feliz, sino que necesita hacer
á otra persona partícipe de sus placeres;
el verdadero placer, y del que es capaz de
disfrutar el hombre de bien , es aquel que
no causa remordimientos en su conciencia,
de los que está llena la Venus solitaria,
pues cada acto va marcado con el sello de
un homicidio.
La edad , las fuerzas y el temperamen-
to, son las cosas que se deben consultar pa-
ra hacer uso de la Venus , pues si se em-
pieza á usar desde muy joven y sin que
haya adquirido el cuerpo el debido incre-
mento , acarrea un sin número ele males.
(aoa)
El uso del vino", café y licores fuertes,
contribuye á escitar á dichos placeres, y
por consiguiente á acelerar la ruina final»
mente, si se quieren prolongar los goces es
preciso usarlos con moderación. El canci-
ller Bacon decia con mucha verdad " que
los desordenes de la juventud son conjura-
ciones contra la vejez* >}
te
EDUCACIÓN PRIMARIA-
De tiempo en tiempo se hará repetirá
los discípulos lo que hayan aprendido , y
asi no lo olvidarán, consolidando de esta
manera su ciencia, pues que no se puede
decir la hay de la que se olvida. Se debe
exigir que reciten bien y noque sean siem-
pre declamadores , pero sin dejarlos pasar
falta ninguna en la espresion y en el tono*
Este precepto es importante , porque
aun en muchas clases de retórica se en-
cuentran alumnos que carecen de un reci-
tado natural y regular.
La imaginación es entre todas la facul-
tades del hombre la que egerce sobre él,
mayor influencia, y asi pide mucha aten-
ción de parte del maestro encargado de di-
rigir su desarrollo. Se evitan sus estravíos
haciendo analizar ideas , examinando su
moralidad y consultando sin cesar la ver-
dad y la utilidad. Se despierta la imagina-
ción incitando á los discípulos á describir
los objetos que han visto, contádolos con
sus mas vivos colores y acostumbrándolos
á inventar por si mismos algunas historie-
(204)
tas. Mas téngase cuidado de no exaltar su
imaginación con relaciones fantásticas y de»
masiado romancescas, y con descripciones
exageradas ó desnudas de verdad , pues les
pueden, resultar graves inconvenientes.
EDUCACIÓN DEL CORAZÓN.
El maestro debe cuidar míicho del des-
/
arrollo y dirección del juicio de sus discí-
pulos. Para cultivarle les presentará las co-
sas en su verdadero punto de vista , evitará
las reticencias, prevendrá los errores, y
fortificará en su corazón con egemplos bis*
toncos el amor á la verdad y el horror á
la mentira. Les acostumbrará á someterse
á las inspiraciones de su conciencia ó lo que
es lo mismo su recto juicio á despecho de
la sensualidad y de los dornas pretendidos
intereses contrarios*
Les hará ver palpablemente que el cti«
tendimiendo no se engaña admitiendo la
existencia de una causa primera de las co-
fas , de un moderador del universo, de un
legislador del género humano. Les mostra-
rá en todas partes el dedo de Dios, padre
de las luces y manantial de toda perfecti-
bilidad.
- ^3"
EDUCACIÓN MORAL.
El hombre se ve dominado por movi-
mientos y apetitos sensuales ., que pudiendo
colocarle al nivel del bruto, necesitan de un
correctivo poderoso, de una vigilancia ac-
tiva y una dirección fuerte y sostenida. Es-
te correctivo, esta vigilancia, esta dirección
es loque se llama educación moral de la
especie humana.
Habiendo el hombre nacido libre , la
violencia puede hacer legales sus acciones,
mas no puede determinar la voluntad ín-
tima y producir la convicción , pues este
efecto solo es debido á la persuasión.
El preceptor acostumbrará á sus discí-
pulos á caminar por la senda de la recti-
tud , de la justicia y de la honradez. Para
conseguirlo se verá precisado alguna vez á
usar de su autoridad , mas en lo posible que
se dirija á la persuasión sino quiere hacer
ele su discípulo, una máquina ó un mal-
vado. Se domina la voluntad , es decir, se
hace al hombre mora! por la razón, espo-
niéndole las ventajas de una conducta con-
forme á las reglas que se le dan, y conven-
ciéndole de que obrando en sentido opues-
to se priva ele la estimación cíe si mismo y
de los demás.
Se domina la voluntad por la coneiefi-
cia, y por las ideas religiosas , por el res-
pecto que inspiran los maestros, y por los
castigos, y recompensas.
El preceptor para asegurar el éxito d$
la educación moral . se ocupará principal-
mente de los sucesos ordinarios de la vida
en los que los niños puedan intervenir. Los
enseñará á respetar los derechos de otro, á
reconocer la dignidad humana y á amar I
los hombres.
Es preciso preservarlos también de la
incredulidad, aunque la credulidad debe
ser bien dirigida por no caer en la supers-
tición, ni hacer brotar en sus corazones los
funestos principios del fanatismo.
EL JOVEN ESPAÑOL.
Suceso histórico de la guerra de la inde-
pendencia*
¿Sabéis lo que es la patria, hijos mies t
Es el país en donde habéis recibido con el
dia los primeros besos de una madre: don-
de cada uno tiene sus padres y todo lo que
nías ama ; donde cuando habláis todos os
entienden, y si pedis panos lo dan. Porque
habéis de saber queridos que hay bien cer-
ca de España , países en los que no hablan
vuestro idioma que no os comprenderían
si pidieseis pan , y que se reirían de vues-
tro lenguaje como vosotros os habréis ral
vez reído de algún estra.ngero porque no
le entendíais. Mas nunca os riáis de un es-
trangero que harto infeliz es él ya por es-
tar en tierra estrafia. ¡Cuánto se sufre en
ella! (i) Esto no os debe admirar ¡habéis
(i) El vizconde de Chateaubriand en su Aben-
cerrage dice:
¡Oh, que dulce es acordarse
De su patria y recrearse
En ios años que pasaron
Y que cual sueño volaron
De la infancia í
(20 9 )
sentido tanto el separaros del logar donde
habéis sido criados ó del lado de vuestros
buenos padres! Pues» bien ,se esperimenta
en grande por la patria lo que vosotros ha-
béis padecido por ei campo que fue testi-
go de vuestros primeros juegos. Ademas,
el amor de la patria es una cosa que se
siente mejor que se espiica; y es muy se-
mejante al que tenéis á vuestra madre;
porque la patria es madre también ¿ una
madre que os alimenta y que también ali-
menta á vuestra madre.
Amad mucho á vuestro país, y cuan-*
do seáis mayores que podáis maneje runa
espada ó un fusil, defencledle como defen-
deríais á vuestro padre si unos malvados
quisiesen asesinarle. Haced por él lo que
vuestro compatriota ,. cuya historia os voy
á contar, hizo por su padre Ambrosio.
Ambrosio habia desplegado en la guer-
ra de la independencia de 1809 un valor
y energía propios del carácter español, (1)
(1) Esperamos ver publicada ai fin una com-
posición de un íntimo amigo nuestro, titulada:
" Sentimientos que me inspiró el cuadro del año
del hambre, escritos sobre los cimientos que re-
cuerdan las víctimas del a de Mayo."
frío)
Se le acusa de haber sublevado á Men-
da contra los franceses que la ocupaban
militarmente , en su consecuencia envia-
ron un destacamento en su busca. Llegó
este de noche á la casa en que habitaba el
valiente habiéndola cercado el oficial que
la mandaba llamó á la puerta muy recio.
Ambrosio se había escondido, porque hay
momentos en los que la resistencia es una
ridicula temeridad. Solo y sin armas, nada
podía contra tantos enemigos, y por esto
era de su deber conservarse para dias mas
favorables y servir entonces á la patria,
que no quiere que se vierta la sangre sin
fruto.
El oficial viendo que no le respondían
llamó nuevamente con ruidoso estrépito.
Entonces una muger gritó desde adentro.
"¿ A quién buscáis?— A Ambrosio. — Am-
brosio no está aquí, tal vez habrá muerto,
yo no sé lo que es de él Vamos que
venga con nosotros que nos hemos esíra-
viado y queremos que nos guie Sino es-
tá aquí, 'jz De todos modos abrid la puerta
y nos daréis hs sefjas que necesitamos. >}
La pobre muger ni abria la puerta ni
respondía. El oficial escuchando creyó oír-
Ja llorar. Entonces temiendo perder el tiem.
po en forzar la puerta hizo que le subiesen
á una gran claraboya que había abierta, y
con espada en mano para rechazar los pri-
meros golpes que pudieran dirigirle, saltó
al medio de una pieza en la que reinaba la
mas profunda oscuridad. Siguiéronle dos ó
tres soldados que encendieron un mal can-
dil y abrieron á sus camaradas. El oficial
encontró sentada en el suelo en un rincón
del cuarto , una muger como de treinta
años que daba de mamar á una criatura.
Procuró tranquilizarla y la volvió á hacer
varias preguntas, todas inútiles, pues per-
sistía en decir que ignoraba el paradero de
su marido. "Nos han quitado todo cuanto
temarnos eselamaba; mi Ambrosio no está
aquí para trabajar y me muero de ham-
bre" y al concluir estas palabras echó de
nuevo á llorar: durante esta escena los sol-
dados andaban registrando todo, y uno vio
á un niño como de cinco á seis años que
estaba acurrucado entre la chimenea y un
grande armario, y asiéndole de la oreja,
bien que sin hacerle mal le llevó á donde
estaba el gefe diciendo: "Aqui tenemos
quien nos ayudará á descubrir el delin-
cuente."
El niño, sorprendido y asustado estaba
3
(aia)
de pie derecho delante del oficial levantan-
do algnnas veces los ojos hacia él , y otras
volviéndolos hacia su madre. "El oficial le
tomó una mano, le acarició y le preguntó
con suavidad." ¿Está aquí tu padre?
No, señor. ¿Sabes dónde está? Yo no lo
sé ¿Cuando ha salido? — Ya hace mu-
cho tiempo ¿Sí, mas, me han dicho que
habia vuelto? — No señor ¿Y si tu pa-
dre no está, quién es el que os mantiene?
Tu madre está mala y no puede comprar
pan. _ Llora y se lo dan. -- Escucha niño,
te han mandado que no dijeras donde está
tu padre porque creen que le vamos á ha-
cer daño , pero no es verdad. Ves este peso
duro, tómale y dime donde está tu padre
para darle también á él dinero, pues no
venimos á prenderle sino á que nos guie al
camino real.
El niño sin cogerlo nada contestaba.
El oficial le enseñó el reloj prometiendo
qne se le daria si le llevaba donde estaba
su padre. Siempre la misma firmeza y el
mismo silencio, en fin, no pudiendo ha-
cerle caer en la tentación le agarró violen-
tamente de un brazo y apretándole con la
espada al corazón le amenazó pasarle de
parte á parte sino descubría su padre. El
(ai3)
niño pálido , trémulo y desfallecido miró
á su madre como implorando su socorro,
mas no profirió una palabra , ni una que-
ja , y fue imposible arrancarle su secreto.
Él oficial le soltó vivamente conmovido
y aplaudiendo en su interior Ja conducta
del muchacho cuando le vio lanzar un gri-
to lastimoso y prorrumpir en lágrimas
amargas. Era porque uno de los soldados
habia derribado un gran rollo de tela que
habia bajo de un telar, y le estaba desa-
rollando y pinchándole con la bayoneta.
Dentro de este paquete se encontró al po-
bre Ambrosio que apenas respiraba. Su hi-
jo corrió á él juntas las manos, del modo
mas espresivo y gritando. "¡Padre de mi
alma !... ¡ padree de mi corazón ! hasta que
los sollozos sofocaron su voz, Ambrosio le
estrechó tiernamente entre sus brazos 9 y
volviéndose hacia la muger la dijo: ¡á
Dios!... y echó á andar entre los soldados.
Esta vez el oficial no tuvo que encargar la
humanidad ásu tropa aquellos mismos que
se habían mostrado sin piedad dos dias an-
tes estaban enternecidos con el dolor y va-
lor de un pobre muchacho y asi no mal-
trataron á su padre en todo el camino.
Ya lo veis queridos niños, la. piedad fl»
(ai 4 )
lia] , el amor á los padres, es una cosa fan
bella que desarma hasta á los hombres nías
insensibles. Seguid el ejemplo de vuestro
compatriota $ si amáis bien á vuestro pa-
dre, amareis bien á vuestra patria. Un buen
hijo es siempre un buen ciudadano.
««SJ*^ 5 ^'
VB ian i m u miiÉJto
biografía.
Helena. Emperatriz de Ábisima, mu-
ger del emperador Beda-Mariam que mu-
rió en 1475 , dejando á su viuda por go-
bernadora del reino. Esta princesa célebre
por su prudencia y su piedad, tuvo por
largo tiempo las riendas del gobierno; jun-
tó inmensas riquezas y adquirió los territo-
rios fértiles de Goiam. Empleaba gran par-
te de sus rentas en obras de caridad, en
fundar establecimientos de instrucción y de
beneficencia , edificar iglesias y otros mo-
numentos magníficos. Tuvo el disgusto de
ver su imperio atacado por lo esterior, por
los mahometanos , y turbada la paz de su
regencia por partidos y facciones interio-
res; por lo que se vio precisada á solicitar
la intervención del rey de Portugal por una
solemne embajada en 1 5 19. Favoreció mu-
cho á los portugueses, los que á pesar de
esto, todavía tardaron algunos años en es-
tablecerse en Abisinia.
MBa-v
POESÍA'
FÁBULA.
El hombre y el árbol.
Levantando el campesino
Con brazo intrépido el hacha,
El amenazado roble
Le dirige estas palabras :
Detente, inhumano, ¿olvidas
Con cuánto placer descansas
Bajo mi benigna sombra
Por las siestas abrasadas?
¿ No sabes que á su recinto
Vienen las lindas zagalas ,
Ora á decir sus amores,
Ora á tejer Sus guirnaldas ?
¿Quién , si mi tronco destruyes ,
Dará abrigo á la calandria ,
Cuando en el mayo florido
Venga á cantar á mis ramas ?
Es cierto, el villano dice;
Pero la cuenta mas clara
Es que llenaré la bolsa
Cuando te venda en la plaza.
Dijo , y el hierro homicida
(j22 7 )
En el duro leño clava ,
Mientras compasivas gimen
Las ninfas y las driadas.
Es vergonzoso decirlo;
Pero la familia humana
Llega á perder la cabeza
Cuando de interés se trata.
Por él la inocente virgen ,
Cubierta de pena amarga ,
Con el hombre que aborrece
Temblando llega á las aras.
Por él en la oscura noche ,
La fiera traición levanta
Su puñal, atroz sonríe,
Y el sangriento golpe lanza.
El remordimiento grita
Tal vez , v triste amenaza ;
Pero á la voz imperiosa
Del interés 9 todo calla.
UTILIDAD DEL ESTUDIO
DE LA ASTRONOMÍAS
Felices anime quibus hec cógnoscere primts
Iii^ue domo superas scandere cura fait..
O* id. Fas l, Lib, i .
Cuan venturos fueron los primeros
Que el orden penetraron de estas cosas
Subiendo á la región de los luceros.
Asi como es impropio 9 según nuestras
costumbres, el que una muger se emplee
con cálculos, medidas y observaciones en
determinar el curso de los astros , averi-
guar su distancia y fijar su tamaño , no es
menos indecoroso el que sea tan ruda é ig-
norante, que entienda como los siameses
y los antiguos peruanos que los eclipses son
unas enfermedades del sol ó da la luna;
que los cometas no tienen mas destino que
anunciar sucesos infaustos,' que las estrellas
están clavadas inmóvilmente en una bóve-
da sólida é impenetrable de esmalte azul,
sin mas oficio que recrear por la noche
nuestra vista , con otros errores de esta na-
turaleza. Unas preocupaciones tan groseras
no son menos vituperables en una muger que
en un hombre , y no pocas veces los que
(* f 9)
las lian adoptado han sido juguete de su
credulidad é ignorancia. En el tercero y úl-
timo viage que hizo á las indias occidenta-
les su célebre descubridor Cristóbal Colon,
se vio precisado á varar en la costa de la
Jamaica , para mantenerse en aquella isla
hasta que el cielo le deparase algún medio
para salir de ella. Los naturales al princi*
pió suministraban á los españoles cuantos
víveres necesitaban ; pero temiendo luego
que con motivo de tanto consumo llegasen
á apurarse las producciones de la tierra en
términos de verse ellos reducidos á perecer
de hambre desistieron de llevar víveres á
los navios encallados, poniendo con esto á
los españoles en el mayor apuro , de que
solo pudieron sacarlos los conocimientos
astronómicos de Colon y la torpeza de los
isleños. Sabia el almirante que á los tres dias
Labia de haber un eclipse de luna , y apro-
vechándose de este conocimiento convocó
á los priucipales de la isla, a quienes dijo;
que irritado el ser Supremo al ver que se
negaban á asistir con víveres á sus adora*
clores , habia resuelto castigarlos con infi-
nitas calamidades, y que para que no du-
dasen de la verdad de su aserción verian
por la noche salir la luna enojada y de co -
(a 2 o)
lor de sangre. Mofáronse al pronto de la
profecía los isleños, pero cuando al salir la
luna vieron los efectos del eclipse , como
ignoraban enteramente la causa que le ori-
ginaba , corrieron á los navios cargados de
víveres , y pidiendo á Co>on con gemidos
y lágrimas que se empeñase con su Dios
para que suspendiese el castigo con que los
amenazaba , ofrecieron que continuarían
llevando bastimentos como lo habian he-
cho antes. Aparentó Colon acceder á su3
instancias , y asi que principió á aclarar,
les aseguró que ya Dios estaba aplacado co-
mo lo indicaba el color de la luna. Agrá*
dccidos los indios cumplieron fielmente su
promesa , y los españoles riéndose de su
ignorancia se aprovecharon de ella par evi-
tar su esterminio.
Esto no es decir que todos hayan de
ser astrónomos consumados, pero sí que es
necesario tener aquellas noticias de astro-
nomía que basten para despreciar las vu!-*
garidades y estar libre de ridiculas preocu*
paciones, en este supuesto tocaremos una
que otra vez algunos puntos de esta y otras
ciencias con la sencillez y amenidad que
corresponde á este papel ; por lo cual cree-
mos que no desagradará ahora el que de-
( 32,1 )
mos una leve y sucinta ¡dea de ellas*
La astronomía ó la ciencia de los astros
tiene por objeto examinar sus movimien-
tos , distancias y tamaños. Es una de las
partes mas útiles de la filosofía, ya con res-
pecto á la agricultura, para distinguir las
estaciones propias, para cultivar la tierra,
ya con respecto al comercio para elegir el
tiempo oportuno de los viages y dirigir la
navegación, ya con respecto á la guerra}
para emprender con acierto asi en el mar
como en la tierra las grandes espediciones,
ya con respecto á la política y á la religión,
tanto para fijar los dias destinados al tra-
bajo y los festivos cuanto para arreglar el
calendario civil y eclesiástico. En fin, la
astronomía se aplica á todas aquellas nece-
sidades que tienen relación con el conoci-
miento del tiempo, y demás de estas utili-
dades es en cuanto á las materias físicas el
objeto mas noble y digno de la aplicación
del entendimiento humano.
La mayor parte de los escritores atri-
buye su origen á los caldeos, quienes coa
motivo de dedicarse á la vida pastoril tu-
vieron ocasión da examinar los movimien-
tos de los astros, y fueron los primeros
que determinaron el giro sucesivo de las
(ana)
estaciones. Esta ciencia es la base de la cro-
nología (i), de la geografía , de la gnomo-
nica y de la navegación.
Todos los cuerpos celestes guardan en-
tre sí cierta orden ó disposición de que te-
nemos algunas probabilidades que casi to-
can en evidencia, y su examen y coordi-
nación es lo que llamamos sistema.
Pocos filósofos ha habido, especialmen-
te en la antigüedad , que no hayan esta-
blecido el suyo , pero los principales son
tres, que han tomado el nombre de sus
autores, á saber: el de Ptolomeo , el de
Copernico y el de Ficho Brache, de los
cuales daremos en otra ocasión una breve
noticia igualmente que de sus inventores.
No hay estudio que mas dé una idea
de la grandeza del Criador que la astrono-
mía. Cualquiera que pare la consideración
en esa innumerable cantidad de estrellas
mayores y mas resplandecientes que el sol
■i ' ■ ' ' — — *■ '■ » ii ' iiii i,, . j mi i i. i r i i. n — —»
(a) La cronología es la ciencia que enseña á
computar los tiempos y á fijar las épocas; la gno-
niórüca la que trata de los reiójes de sol ; y la geo-
grafía la que trata de la descripción genera! de la
tierra. Por mas que se escandalicen los sabios se
que muchos de mis lectoros me agradecerán esta
iiota.
(am3)
que nos alumbra , en su asombroso tama-
ño, en sus movimientos y leyes invaria-
bles, en la distancia infinita que hay de
unas á otras, y en el espacio inmenso que
ocupan, es forzoso que confundido y ano-
nadado esclame. Tu solo gran Dios eres
capaz de comprehender tu grandeza.
LAS FRESAS Y LAS GROSELLAS.
Anatalío había oído decir á su padre
que los niños no saben nada.de lo que pue-
de convenirles, y que toda su sabiduría
consiste en seguir los consejos de las per-
sonas mayores de edad. Mas no habia que-
rido comprender esta lección ó tal vez la
habia olvidado. Habian partido entre su
hermano Próspero y él un cuadrito del jar-
din para que cada uno tuviese en propie-
dad cierta porción de terreno en la que
pudiesen plantar todo lo que quisiesen,
Próspero acordándose de la instrucción
de su padre , fue á buscar al jardinero y
le dijo: 44 Amigo Rufino, te ruego me di-
gas qué es lo que yo debo plantar en mi
jardín y cómo lo he de hacer. >y "Anatalio
se encojia de hombros al ver la docilidad
de su hermano , y cuando el jardinero le
preguntó si queria que le enseñase algún?
cosa , respondió muy satisfecho. ¿" Le pa-
rece á V. que yo nesesito lecciones de na-
die?" En seguida fue á coger flores y las
plantó por el tallo en la tierra. El jardine-
ro le dejó hacer todo cuanto cjuiso.
Al otro dia por la mañana Anataíio
(2*5)
vio que todas sus flores se habían marchi-
tado. Plantó otras que al otro dia le suce-
dió otro tanto. Disgustado de esta manio-
bra cesó de trabajar y el terreno no tardó
en cubrirse de cardos y de ortigas.
Hacia el fin de la primavera vio en el
pedazo que cultivaba su hermano algunas
cosillas encarnadas; se acercó y vio que
eran fresas, del gusto mas esquisito: jAh!
esclamó, ¡si yo tuviera unas asi en mi jar-
din ! Poco tiempo después reparó unos gra-
nillos colorados que pendían en racimos
entré las hojas, se acercó y vio que eran
apetitosas grosellas. ¡Ah esclamó segunda
vez, si yo tuviera unas asi en mi jardín!
Come como si fuesen tuyas, le dijo sü
hermano, y el jardinero añadió. "En vues-
tra mano ha estado el tener otra fruta igual
á esta , y asi no despreciéis en lo sucesi-
vo los consejos de las personas espeí ¡men-
tadas."
EDUCACIÓN DEL BELLO SEXO.
ARTICULO 6.°
Gramática y literatura.
No hace mucho tiempo que la mayor
parte de las jóvenes, aun las de un naci-
miento distinguido, se educaban en la mas
completa ignoransia de los principios de
nuestra rica y magestuosa lengua y de los
elementos de otros ramos del saber , útiles
y propios para formar su entendimiento.
En el dia se ha caido en otro estremo , y
bajo pretesto de desarrollar sus facultades
entorpecidas , se trata de enseñárselo todo
y aun iniciarles en los mas profundos mis-
terios de la naturaleza. Ha habido sabios
benévolos que deseando obtener cierta ce-
lebridad entre las damas, han despojado á
las ciencias elevadas de su aridez para po-
nerlas al alcance de las jóvenes, y ha habi-
do también maestros ¡complacientes que se
han tomado el trabajo de formar cursos de
estudios espresamente para las mismas. Hay
un justo medio éntrela ignorancia y la eru-
dición , entre una enseñanza muy superfi-
cial y una enseñanza muy profunda. Sin
procurar que las jóvenes sean sabias , con-
tentémonos con que sean instruidas. No ol-
videmos jamas que la naturaleza las des-
tina á hacer la felicidad de la sociedad do-
méstica, para que de aqui provenga la de
la sociedad general. Enhorabuena que los
hombres sean oradores, químicos, astróno-
mos, &.; pero á las mugeres basta con que
después de la ciencia de la religión sepan
escribir y hablar su lengua correctamente,
no equivocarse al efectuar las primeras
operaciones aritméticas. Respecto á la li-
teratura, bueno es que tengan algunas no-
ciones , especialmente en el estilo episto-
lar; mas evítese el entrar en pormenores
sobre las sutilezas de figuras del lenguaje y
multitud de clases de versificaciones. De-
masiado poseerán el arte de persuadir si
son dulces y virtuosas, porque nada hay
mas elocuente que la virtud. Mas esto no
impide que se dediquen á la lectura de los
autores clásicos de nuestra nación , tanto
en prosa como en verso, á cuya lectura
quisiera que hubiese mas afición en el be-
llo sexo qué la que tienen á las novelas.
En cuanto á la historia nadie duda que
debe hacer una parte muy estensa de la
4
( 2a8 J
educación de las jóvenes No se habla aqui
de la Historia Sagrada , cuyo conocimiento
es -indispensable á todos los cristianos que
aman su religión y quieren hacerla amar;
sino de la historia profana, de la que las
mugeres bien educadas deben haber reci-
bido una tintura suficiente para saber las
principales épocas y los hechos mas impor-
tantes, y sucesos que referidos á sus hijos
pueden fortificar los principios de moral
que ellas mismas han recibido.
De esta y utilidad del estudio de la his-
toria nace la del estudio de la geografía que
es su llave principal. Si las jóvenes no han
de ser profundas geógrafas, nadie puede al
menos dispensarlas de adquirir ciertas no-
ciones relativas al globo que habitamos y
á sus diferentes partes. En efecto \ la des-
cripción de la tierra es de un uso tan fre-
cuente en la conversación y en la lectura,
que ignorarla es esponerse óá un ridícu-
lo desprecio ó á no entender palabra de
cuanto se lea , bien por afición ó por nece-
sidad. ¿ Cómo una joven podrá hablar bien
de la España , sino conoce sus límites , ni
el número de sus provincias, ni las ciuda-
des principales, ni la distancia de los lu-
gares? ¿Una muger que ignora estas cosa*
no colocará hacia el Norte lo qne está ha-
cia el Mediodía, y al Oriente lo que está
al Occidente? ¿No colocará en una misma
lineadlos Alpes y los Pirineos? ¿No hará
correr hacia un mismo lado al Ebro y al
Duero?
Por estas sencillas razones , la geografía
debe ser una parte muy esencial de la edu-
cación de las jóvenes. Para esto, no se debe
sujetar la enseñanza tan servilmente á los
métodos ordinarios que no se cambie na-
da, absolutamente nada. Asi se debe ins-
truir á las jóvenes de las principales divi-
siones del globo que habitamos , los límites
de los reinos y las provincias y las capita-
les de los imperios , pero de un modo que
no se las desanimase y se evite todo cuanto
haya de árido en este estudio, (i) Por esta
razón, la parte astronómica de la geografía
debe reservarse para lo último , cuando ios
conocimientos preliminares de la geografía
(i.) Véase el mímero 6? de ln Colección, to-
mo 2?, y el i o del tomo 3?
(a3o)
hayan puesto su cabeza en disposición de
entender las descripciones de Ja esfera y
el uso de los círculos que la componen.
En el número próximo se hablará de
las bellas artes con relación á la educaeion
de esta xlase¡tan"precio$a'de á la sociedad.
ÍMM®
jSfltó-.
SS^SSasra^
GEOGRAFÍA.
f El padre. Eugenio, tu distes princi-
pio en la lección anterior de los conoci-
mientos que teníais de la Escocia , y hoy
quiero que hagas lo mismo con los relati-
vos á la Irlanda..
Eugenio. Papá, con muchísimo gusto,
deseo complacer á V. y agradar á mis hei>
mauitos, que con tanta docilidad me ce-
den la preferencia, y para satisfacer los de*
seos de iodos digo: Que la Irlanda, ó sea la
antigua Hibernia, forma una isla situada
al Oeste de la Inglaterra, entre los 5i.° 20. 1
y 55.° 20.' lat. Norte y i.° 33.' y 6.° 38
longitud Oeste. La bañan al Este el canal
del Norte que la separa de la Escocia , el
mar de Irlanda que está entre ella y la In-
glaterra , y el canal de san Jorge, que se
prolonga entre sus costas y el principado
de Gales, al Norte , al Sur y al Oeste, la
circuye el Occéano atlántico. Su estension
de N. N. E. á S. S. O. entre los cabos Cleac
y Malin , es algo mas de 80 leguas y su ma-
yor anchura de E. á O. entre los promon-
torios Howth-head y Seynehead, de 5 j| le-
guas. (4 fichas)
El padre. Isabel, ¿ qué número de
puertos, ensenadas y fondeaderos se cuen-
tan en Irlanda?
Isabel. Ciento treinta , los que son can-
sa que se haga tan fácil y cómodamente la
navegación en las costas de esta isla, y al-*
gunos ele ellos se los puede corhparar con
los mas vastos y herniosos de Europa, en-
tre ellos 14. son capaces para poder recibir
navios de línea , y de este numero son : Ban*
try, Belíast, Gurlingford, Cork, Diogles,
Slígo , &c. El puerto ó mas bien bahía de
Bantry es una de las mas dilatadas y segu-
ras del mundo; las irias grandes armadas
pueden estacionar entre la costa y la isla
nombrada Beard-island situada en esta ba-
hía. La ensenada de Cork es singular por
su profundidad , toda la marina de Ingla-
terra pudiera fondear en ella teniendo los
buques un seguro abrigo detrás de las tres
pequeñas islas. El puerto Swil y, en el con-
dado de Donegal , tiene asimismo sufi-
ciente capacidad para la mayor escuadra.
(4 fichas)
El padre. Alejandro , ¿ con que la na-
vegación por las costas de Irlanda es tan
segura ?
Alejandro. Si señor, con poca escep-
(*33)
cion estas costa» son en lo general seguras,
y pueden aproximarse á ellas los buques
sin mucho peligro, pues aunque hay algu-
nos escollos puede navegarse sin gran mie-
do. Sin embargo, se encuentran muchos
bancos de arena y algunas rocas entre el
puerto de Dublin y las islas Sattee ; ia cos-
ta comprendida entre Coulinhead y I3 pun-
ta de Buinaha , está erizada de escollos y
en ella es arriesgada la navegación , duran-
te un temporal ; pero de todos modos re-
sulta que las tres cuartas partes casi de las
costas de Irlanda son completamente segu-
ras. (4 fichas)
El padre. Eugenia, ¿ qué hay que no-
tar en el suelo de Irlanda?
Eugenio. Que al Norte y al Sur es muy
montuoso, pantanoso en lo interior , no
obstante de atravesarla cadenas de colinas.
También se encuentran muchos lagos , so-
bre todo en las montuosas provincias de
Connanght y de Ulster, en la primera es-
tan Conn , Mask, Corrib, Alien , &c. En la
de Ulster se ve el gran lago de Eme que
consiste en dos lagos unidos por un estre-
cho, el lago Neagh que comunica por me-
dio de canales con el canal del Norte y q1
mar de Irlanda, y con el mar Atlántico por
(»34)
el rio Bann; y los lagos Strangfore, Willy
y Foyle. En los confines de Gonnauoht y
de Leinster están Jos de Derg y Ree que
atraviesa el rio Shannon, y comunica con
otros lagos mas pequeños. En el Munster
se admira el lago Killerney, celebrado por
sus hermosos puntos de vista. (4 fichas)
El padre. Enrique, ¿me podrás tu de-
cir cuántas leguas cuadradas tiene la su-
perficie de Irlanda?
Enrique. Si señor, tiene 3,o5o en una
estension de 165 leguas de largo y 60 de
ancho.
¿ Y qué clima esperimentan en esta isla?
El mas húmedo y el mas insalubre de
toda la Gran Bretaña , aunque mas tem-
plado que el de Inglaterra, pues aun en las
mismas montañas, exceptuando algunos pi-
cos de grande elevación, no dura la nieve
muchos dias. Preténdese que desde algu-
nos siglos á esta parte es mas benigna la
temperatura. El suelo de Irlanda es en ge-
neral bueno y feraz, fuera de los dilatados
terrenos pantanosos que se encuentran en
ella. El principal alimento de los irlande-
ses es en lo general la patata; tanto que es
famosa esta isla por el cultivo de este tu-
bérculo, y desiguada por I03 ingleses con
(a35)
el nombre cíe land of patatoes: pais de
las patatas , los labradores las comen todo
el año agregándoles la leche, de modo que
una lechería es parte indispensable de.
un edificio rural por reducido que sea
(5 fichas)
El padre. Eugenio, ¿ di me algo de la
industria de Irlanda?
Eugenio. Los tejidos de hilo de la Ir-
landa tienen tantn nombradla que se pue-
de decir que es uno de los puntos del glo-
bo que surte con mas telas al general con-
sumo; su industria data desde el reinado
de Garlos I.°, en cuya época se hallaba de
virrey de la isla el conde Strafford , el cual
haciendo traer de Holanda simiente de li-
no y diestros operarios de Francia , que cul-
tivando esta planta y la elavoracion de te-
las dieron tal incremento á estas que asom-
bran los estados de su esportacion ; ño han
prosperado tanto las fábricas de algodón,
aunque no obstante se han casi duplicado
desde el principio de este siglo. Las fábri-
cas de tejidos de seda declinan en lugar de
aumentar, si ha de juzgarse por las impor-
taciones de seda: i,5oo telares para tejerla
poco mas ó menos hay en Irlanda , que
consumen según los últimos 6 años 64,55o
(^36)
libras de seda ; y en su elavoracion se ocu-
pan 39 á q$ individuos. La fabricación de
telas de lana, lejos de ser estimulada, se
ha procurado contrariar por el gobierno
inglés , que pretende eximir á los fabrican-
tes de sus dominios de la emulación de los
irlandeses y reducirlos á las manufacturas
de lienzo. Hay pocas fábricas para forjar
metales, pocas fundiciones; creyéndose que
el motivo sea la escasez de combustible.
Hay fábricas de vidrio , pero no labran es-
pejos ni cristal ; cuatro de ellas hay en Du-
blin , dos en Belfast 9 dos en Cork, una en
Waterford, y una en Londonderry: poseen
muchísimas fábricas de aguardiente que se
estrae de la cebada y otras semillas; sobre
las cuales tiene el gobierno impuesta una
contribución. En las grandes poblaciones
hay inumerables cervecerías.,- y ]$ importa-
ción de barriles de cerveza ingleses está re-
ducida al presente á muy pocos centena-
res, regulándose el consumo de cebada en
las fábricas de esta isla á 36i,3oi- fanegas.
La sal les viene del estrangero, y la In-
glaterra por si sola la provee de un millón
á. millón y medio de fanegas cada año. Los
Irlandeses salan para esportar considerables
cantidades de carne de buey y cerdo. La
exportan en toneles para América , y en
cambio de la cual traen leña. En el conda-
do de Cork hay dilatados saladeros por ser
el puerto principal por donde se esporta
este artículo. Los jamones los salan en Li~
merick , Clomnel 9 y Vaterford , en donde
los embarcan para Londres, y asi á este
punto como á otros varios de Inglaterra lle-
van también macho ganado vacuno.. Tam-
bién esporta granos que solo á Inglaterra
sube anualmente á 1,603,39 1 cuarters.
La mejora que han esperimentado los
•pastos de Irlanda mantiene tanto ganado
mayor que esporta parte también para las
colonias. Ademas de la gran cantidad de le-
che para el habitual consumo se emplea
mucha parte para hacer manteca, que es
otro de los principales artículos de espor-
tacion. El ganado lanar constituye una de
las riquezas de la isla; la casta del ganado
irlandés es conocida generalmente por sus
piernas cortas , gran vientre y blancura de
lá lana. Los caballos de Irlanda son vigoro-
sos y de talla mediana , y en muchos con-
dados en que hay dilatados prados son de
pelo negro. En las campiñas se crian mu-
chas cabras y cerdos.
En tiempo de Cromvrel! fue estirpada
(238)
la raza de los lobos que inundaban el pais,
y en el dia está estinguida también la cas-
ta de lebreles irlandeses que tanto contri-
buyó á destruir á aquellos. Esta hermosa
casta se conocia por su alta talla y color
blanco.
En Irlanda no existen muchos délos
animales del continente , tales como ser-
pientes , topos , sapos, escuerzos; pero es
muy común la volatería y abundan las aves
acuáticas. La pesca abunda tanto en las eos*
tas de Irlanda que ha hecho decir á 5ir
Villiam que poseían una mina en el agtíá.
Sus muchas bahías, embocaderos de rios de
estas costas atraen los arenques , congrios,
y bacalaos; sin citar los peces de agua dul-
ce que se pescan en los rios y lagos. Según
una relación hecha al parlamento se ocupan
en las pescas de Irlanda 49*448 individuos.
(10 fichas)
El padre. Alejandro , ¿cómo se sub-
divide la Irlanda?
Alejandro. En cuatro provincias, que
son : el Ulsíer al norte , el Leinste al este^
el Munstez al mediodía y el Connanght al
oeste. Estas provincias se gubdividen en 32
condados: cuyos nombres y estension eu
acres de aque! país son ;
( a3 9)
Condados» Es tensión en acres de Cabezas de territorio»
Irlanda.
Connaught.
Galway ......... 989,950 Galway.
Seitriun a 55-95o Carriek.
Mayo. . . • 790,600. . • Bailinrobe.
Roscommon 346, 150. • Roscommon.
SUgo. . . . . H7> l S° Sligo.
Leinster.
Carlow . . . . 137,050 Carlow.
Dublin 142,050, . . . . Dublin.
Kildare. • 236,750. • • • , . Naas.
Kilkenney 3° 535°* • • Kilkenney.
KingVCounty ó Con-
dado del Rey. .... 282,900. . Philipstowu.
Longford 134,150. . • Lougsford.
Lonth. . . . , 110,750. . . . Duldalk.
Meath. . . 327,900. Trim.
Qeen's-County ó Con-
dado de la Reina. . 235,300. Marybordugh.
Vest-Meath. ...... 331,550. . . Mulüngar.
Vexford. 342,900. . . . Vexford,
Vicklow. ........ 3 ir, 600. ... Vicklow.
Munster.
Clare. .......... 476,000. ..... Eunis.
Couk. .......... 1.048,800 Cork.
Kerrey. ........: 647 650 , Tralee.
Limerick 386,750. , . , Limenck.
Tipperary . 554,950] . . . . Clonmel.
Vaterford. . . . : . . . 362,800. . . Vaterford.
Ulster*
Antrim ...... 387,100- Antrim*
Armagh 181,450, .... Armagh.
Cavan. , . 301,000 Cavan.
Donegal , . . . 679,550. ... . Donegal.
Down. .......... 348,5S°-' • • • • • Down.
Fermanagh ....... 283,450. . . Enniskillen.
Londonderry. . . . . , 318,500.. Londonderry*.
Monaghau, . . . . . . . 179,600. , . Monaghau.
Tyrone , . . . . 4635^00. . • . . Omagh.
Estos estados se subdivideu en baro-
nías , qóe según su estension tienen uno
ó mas gobernadores que dependen del Lord
lugar teniente , en el día son setenta. El
sistema judicial de Irlanda es semejante al
de Inglaterra. En primavera y estío los
jueces - de los tribunales ordinarios visitan
todos los condados,, para cuyo efecto es-
tá dividida la Irlanda en sris circuitos.
(8 fichas)
El padre. Eugenio, ¿cuándo se reunió
la Irlanda á la Gran Bretaña ?
Eugenio. El año de 1801 , pues aun-
que su sumisión se verificó en 1 17a por
Enrique II.? rey de Inglaterra», tuvo su par*
•lamento separado hasta el año dé 1800, y
en ei año siguiente fue sometido al de la
Gran Bretaña { i ficha)
(a 4 i)
Él padre. Isabel , ¿ en qué estado se ha-
lla la instrucción en Irlanda?
Isabel. Para la primera instrucción se
han, establecido millares de escuelas nuevas
en toda la isla, cuyo núnlero asciende á
u,823, de las cuales en la provincia de
Ulster, hay 3,449: en la de Leinster, 3,492:
en la de Munster, 3,359, Y ?$&§ en ' a
de Connaught, Mas de 2000 sostenidas por
las sociedades de beneficencia, y se calcula
en 56o,ooo el número de niños que las fre«
cuentan, entre los que se cuentan 420,000
católicos . 93,000 anglicanos, y 44,000
presbiterianos. Hay una universidad esta-
blecida en el colegio de la Trinidad de Du-
blin; en donde reside también la academia
real Irlandesa, que publica la compilación
de sus memorias, y transaciones, y otras
muchas ciudades grandes de las provincias
tienen también sus academias y sociedades
literarias. Mas sin embargo de estar en el
dia tan diseminados los medios de instruc-
ción en todo el territorio de la isla, aun
reina njucha ignorancia , particularmente
en el campo. (3 fichas)
El padre' Enrique, ¿qué idioma se
habla generalmente en Irlanda?
Enrique. El vulgo habla el antiguo gaé-
licó, que era también en otro tiempo idio-
ma muy generalizado en Inglaterra, pero
en el dia corrompida y mezclada en el pais
de Gales y en Escocia , donde se conserva
mejor es en Irlanda, (2 fichas)
El padre. Eugenio, ¿cuál es la religión
dominante de la Irlanda?
Eugenio. La católica , y esta servi-
da por cuatro arzobispados y veinte y dos
obispados sufragáneos distribuidos de este
modo. El arzobispado de Armagh, que se
titula primado del reino, y cuyos sn traga»,
ueos son los obispos de Meath , Derry , Hit-
more; Afdagh , Clogher, Raplide, Doron-
•Connor y Dromore. El arzobispado de Du-
bün capital de la isla, y de cuya metrópo-
li son/ sufragáneas las iglesias de Cnery,
Terns, y Hildare. El arzobispado de Gashc!,
de que dependen los obispados, Hillaloe,
Cork , Limerik , Cloyne-Ron , Valsford,
Lismore y Kirry. Y de la metropolitana de
Tiraus , penden las episcopales de Glonfert,
Elphin , Kissala, Achoury , Kilmadragh,
Kilfenora y Varen, cuyos ministros se sos-
tienen á espensas de los 5. ^00,000 católi-
cos que babi tan la isla , subiendo las ren-
tas á 26,400,000 reales, con la que sostie-
nen un clero de 2,378 individuos. (4 fichas)
(H3)
El padre. Enrique . ¿ cuáles son las
principales ciudades de Irlanda?
Enrique, En Ulster pasan por princi-
pales Londonderry , ciudad nueva , hermo-
sa y fuerte , y Belfasi con muchas fábricas.
En Lcimter , Dublin capital de la isla , ciu*
dad considerable con 196,733 habitantes,
con buenos edificios, y célebre por su un i*
\ersidad sobre el Ligffey , y Drogheda pla-
za fuerte. En el Munster , Cork puerto de
mar, Limeñk sobre el Shannon, esta ciu-
dad y la de Cork son las mejores después
de Dublin , y Vaterford puerto bien defen-*
dido, con mucho comercio en ganados. Ett
el Connanght, Galoway hermosa ciudad,
con pesquerías de salmones, y Roscom-
nión.
Los rios principales de la Irlanda son;
el Suive, el Barrew, Shannon y el Bayne,
en cuyas márgenes consiguió el rey Gui-
llermo III en 1690 una gran victoria con-*
tra Jacobo II. ( 4 fichas)
El padre, Eugenio , ¿ qué población
cuentan lo? ingleses 9 en las posesiones que
reconocen I9 dominación de esta potencia ea
los cinco mundos ?
Eugenio. Papá los iré enumerando por
el orden siguiente;
6
fM4)
La isla de Heligoland^
en la embocadura del
J-M03. • ••«••••• 22Qq
Gibrdltar sobre el es- s m ,
p* I trecho de su nombre,
& J en la costa de España. 12,000 \
g\La isla de Malta ai > l ^ ol ^°°
fc jsur de la Turquía. . 96,300
Las islas Jónicas, . • 2,27,000
El reino de Hanowzv
enclavado en la Alt-*
( mania. ...,.,,, 1.463,700/
. , Isla de Ceylan. , . . 830,000 ^
S { Bengala , 76.367,000 > 103.597,000
^ % Madras , . 26.400,000 '
/El Cap. ....... i29,6oo\
Sierra Leona. .... 13,000]
gj (isla Mauricia ó de ' 239,200
^ /Francia. ....... 90,000!
islas del Almirante. 6,000/
(América del Norte. 1*033,140
5 \Guayanay Hopparo. 128.000
S < \ 1,882,821
g \ Antillas , Lucayas y
(Honduras, ••♦.♦, 721,683
5 ) Van.Diemen y Nueva Gales. . . í 42,000
mtmmmmtmmtesmmmmmm
I07,j6a.223
CONTINUACIÓN A LA BIOGRAFÍA
DE LOS CIEGOS CELEBRES EN LAS CIENCIAS.
Nicolás Saunderson nació en 1682 en
la provincia de York : nombrar á este ilus»
tre ciego, es cqsí tener que hacer su histo-
ria como lo ha publicado ha cerca de un
siglo, la fama de sus talentos estraordma-
ríos. Estudió con aprovechamiento las hu~
inanidades, y fue guiado por su propio
gusto á las matemáticas viéndose obligado,
por la mediocridad de su fortuna , á dar
lecciones públicas, que eran muy concur-
ridas; hablaba á sos discípulos como si fue-
sen ciegos, y se deja conocer que obrando
de esta manera debía tener sobre ellos graa
ventaja. Explicó las obras de Newton acer-
ca de la luz y los colores. Mas adelante da-
remos una idea de lo que hay mas natural
en aquellas demostraciones que parecen
milagrosas..
Habiendo renunciado "Withorr so cáte-
dra de profesor de matemáticas en la uni-
versidad de Cambridge,, fue nombrado pa-
ra sucedería Saunderson en 17H * y en
esta época fue cuando dio á luz sus eterncn*
tos de álgebra > obra estraorduiariay ííena
(a 4 6)
de demostraciones singulares <¡ que un
hombre de vista, no hubiera quizá encon-
trado.
Inventó una aritmética palpable, y
una tableta con agugeros, en la cual co-
locando clavijas ó alfileres de diversos grue-
sos que tenia n valores diferentes según ei
lugar que ocupaban, hacia con facilidad
las operaciones mas complicadas.
Creo que recibirán con gusto mis lec-
tores las figuras de estas tabletas y en su
obsequio daremos la descripción según la
que hace de ellas Mr. William Inchlif, el
discípulo, amigo y sucesor de Saurderson^
en la obra que publicó «n Dublin en
1747(1).
Su tablita para calcular es delgada y
lisa y tiene poco mas de un pie cuadrado;
está engastada en un pequeño marco cu-
yos bordes sobresalen á la plancha y con-
tienen un gran número de líneas paralelas
en igual número formando ángulos rectos
con las primeras. Los bordes de la plancha
(1) The Ufe and cárter of doct. Nicholas Saim-
derson late Lucasian -profesor of tbe mathemstfck
ín the pniversid of Camferige; by his disciple and
friend Villíam Inclif,
; (H7)
tieqen muescas a la distancia como de dos
pulgadas una de otra , y á cada ranura
pertenecen cinco de las paralelas de que
acabamos de hablar, y cada pulgada cua-
drada está dividida en cien- cuadros peque-
ños. En cada punto de intersección está
pasada la plancha por un pequeño aguge-
rito destinado á recibir una clavija, me-
dio de que se valia para espresar sus nú-
meros. Empleaba dos géneros de clavijas ó
alfileres de diferentes tamaños, ó al menos
su cabeza era diferente 9 que se distinguía
fácilmente por el tacto , y tenia en dos ca-
jas siempre á la mano, una gran cantidad
de estas clavijas con las puntas cortadas.
Veamos ahora el uso que hacia de sus
alfileres ó clavijas y de la plancha. Para es-
te efecto, observaremos desde luego que
cada carácter numérico tiene en la tableta
su cuadrado particular compuesto de otros
cuatro cuadritos pequeños y contiguos des*
criptos ya arriba, y que dejan por lo mis-
mo un pequeño intervalo entre cada ca-
rácter, y este es diferente según la diferen-
cia de magnitud ó de situación de una ó
de dos clavijas de que siempre está com-
puesto. He aquí el sistema de que se valia
Saunderson : una clavija grande en el cen-
i, 1 , (248)
tro del cuadro (cuyo único lugar es este)
significa un cero, por lo que yo le desig-*
.na&écon este nombre; y su principal Fun-*
cion consiste en conservar el orden y la
distancia entre los caracteres y las lineas*
Este cero siempre presente escepto en el
solo caso en que se trate de marcar la unU
dad que está espresada por la substitución
de un alfiler ó pequeña clavija en lugar
de la grande que está en el centro.
Si es menester espresar dos el cero de^
be volverse á su lugar, y la clavija pe-
queña colocarse precisamente en la parte
superior. Para espresar tres debe estar el
cero en su piyno contrario, y la clavija
pequeña fijarla en el ángulo superior de la
derecha; para expresar cuatro desciende la
clavija pequeña y sigue inmediatamente al
cero, y para denotar cinco desciende esta
clavija hasta el ángulo inferior de la dere-
cha: para decir seis debe ser la clavija di-
cha bajo del cero, y para espreear siete el
lugar que debe ocupar es el ángulo infe-
rior de la izquierda, para ocho sube al ni-
vel del cero; en fin para espresar nueve
ocupa el ángulo superior de la izquierda.
Por esta ingeniosa invención pueden
conocerse sin trabajo los diez caracteres nu-
(249) \
méritos , por el solo medio del tacto. Pe-
ro para que el lector se forme una idea mas
distinta de estos caracteres bastara que di-
rija su Vista á la lámina adjunta ^Vease lá-
mina i *% figuras 1. a y 2. a
Las clavijas grandes ó ceros , que están
siempre en los centros de los pequeños cua-
dros, y generalmente en iguales distancias
una de otra le servían de guias para guar-
dar su línea, para fijar los límites de cada
carácter é impedir las equivocaciones que
pudiera tener. Como son suficientes tres pa-
ralelas perpendiculares para un solo carác-
ter, tampoco hay necesidad mas que de
otras tres paralelas orizontales para otra lí-
nea, y asi de las demás sin peligro de con-
fundirlas.
De esta manera podía tener á la vez en
su plancha algunas líneas de caracreres una
sobre la otra, y dividir por consiguiente
con facilidad un numero de otro. Por últi-
mo fijaba y quitaba de todas parles sus cla-
vijas con una velocidad inconcebible.
Los modelos de esta aritmética, redu-
cidos á números vulgares , consisten en
tablas aritméticas, que tenia calculadas y
guardadas para su propio uso. Pero no po-
demos adivinar el fin que erí ella se pro-
( 2 5o)
ponía porque según parece tienen algu-
na semejanza con las de los senos natura-
les, de las secantes y de las tangentes, y
consisten en cuatro piezas de una madera
sólida con la figura de paralelipipedos rec-
tángulos de cerca de once pulgadas de lon-
gitud sobre cinco y media de latiud, y &
veces mas de media pulgada de grueso. Los
dos lados opuestos de cada parálelipipedo
están divididos en pequeños cuadros preci-
samente como la tableta descripta arriba
pero no tienen agugeros mas que en los
parages necesarios para asegurar en ellos las
clavijas. Cada cara contiene nueve tablas
pequeñas aritméticas ¿ cada una compuesta
de diez números, y cada número de cinco
caracteres. (Mas adelante se verá en su arit-
mética palpable).
La figura número 3.° es el modelo de
una adición , cuyos números están repre-
sentados en el lado derecho; la misma
plancha se hacia si era menester geometría
y le servia para demostrar las propiedades
de las figuras rectilíneas, Situaba cada cla-
vija ó alfiler en los puntos angulares ro-
deándola con una hebra de seda, y hacia
aparentes todas las figuras que quería for-
mar, como se denota en la figura núm. 4*®
(a5r)
Por medio ele las referidas tablas cal- 4 *
culan los ciegos con la misma facilidad y
exactitud que los que^ tienen vista.
Saunderson tenia el tacto tan perfecto
que con solo pasar la mano por cualquier
cuerpo distinguía y manifestaba con una
exactitud admirable las mas pequeñas desi-
gualdades de las superficies, y en Jos mue-
bles mas bien trabajados el menor defecto
en el pulimento. El fue el que en el mo-
netario de la universidad de Cambrid que
distinguió las verdaderas monedas romanas
antiguas de las falsas. La menor vicisitud
de la atmósfera se bacía sensible para él:
asi es que asistiendo un dia á las observa-
ciones astronómicas notaba por la alteración
de los rayos del sol en su cara cuando pa-
saba una nube entre el disco de aquel astro
y es circunstancia tanto mas estraordinaria
cuanto no solamente estaba privado de la
vista, sino que carecía también de los mis-
mos ojos; perdiendo estos y aquella en las
horrorosas viruelas que padeció al año de
su vida.
El oido le tenia tan delicado como el
tacto, distinguía exactamente todos los to-
nos musicales, y!a flauta á cuyo instrumen-
to se dedicó en su juventud la tocaba tam-
bien que si hubiera querido seguir esta pro-
fesión le habrían buscado con las mismas
diligencias como músico que como mate-
mático. En íin^ todos los que le conocieron
aseguran que introducido en una habita-
cioft juzgaba de su esténsion con tanta pre-
cisión que aunque se pasease por ella no se
equivocaba en la distancia de las paredes ni
aun en líneas.
Para concluir con las noticias de un
hombre dotado de cualidades sobresalientes
diremos que sus costumbres no coi respon-
dían á sus talentos con quien no se herma-
nan bien algunos estravíos vergonzosos
aunque no falten diculpadores. Murió
en Cambridge en 1789 de edad de 56
años.
Sir Henry Hoyes, Escoces, que vivía á
últimos del siglo 18, profesó la filosofía neW-
toniana con admiración , era un sabio quí*
mico, esce lente matemático y buen músico.
El doctor Blackloch , de Ebmburgo,
ciego de nacimiento es considerado en In-
glaterra como uno de los mejores poe-
tas.
Mr. Pfeffel , de Colmar, perdió la vista
siendo muy joven á consecuencia de una of-
talmía violenta y ha compuesto algunas poe-
ra ■■; ^n ■■: «■!
■I i* IB
■■ BB- Pl
«i
■«
B£
BB
m
•:■■
aw
II
.
■■
J.. J$P.J JRdLJ
III
■■
fl£ü
BB
■■
IB
BB
BB
BB
■a
■■:;
BB
mm
BBJ
s:
i»
«¡ir
si
■■i
■al
H
■B
BB
!■
SR
BK<
mm
BB
IB
«B
BU
■■
Efe
telll !■:!■ IB
ti BB í» El II
II II II II l|
¡BB «« IB: BB IB
BB ■« Hl ÍH «0
81 «B B£ BB
B BB BB B
BB BB BB BB BB
!M BB »B II lll
III ¡I II II II
IBB II II BB' II
BB BB BB BB BB
IBB BB IB BB II
II II II
llfl ■! II II II
i;: _
BB IB
d* i/V\^cu-Une% y f
(253)
siasde mucho gusto (i) particularmente fá-
bulas, de las cuales hay algunas traducidas
en francés por Mr. Degeiando. Fue cen-
se joro privado del Margrave de Badén. Es-
tableció en Colmar una escuela militaren
la que se admitían los jóvenes de las fami-
lias mas distinguidas. El príncipe de Eisem-
burg y el de Schwartzemherg que estudia-
ron en ella se glorian de haber tenido por
ministro á este sabio ciego. Mr. Htilman
pensionista en el dia en el hospicio de los
trescientos en Paris fue también discípulo
suyo y uno de los que le hacen mas honor
Mr. Pfeffel murió en Colmar su patria en
1809.
\
(1) Seis volúmenes en 8?, Colmar 9 1 791
MOSAICO.
En 1088 Roberto II, octavo tinque de
Normandía, tenia sitiado, en el monte san
Miguel á su hermano Enrique, que le ha-
bía despojado de la corona de Inglaterra
y de su ducado de Normandía* Gomo á
este principe le faltase el agua se la envió
á pedir á su hermano Roberto , el que le
envió ademas del agua que pedia un tonel
devino, y respondió Guillermo el Rojo:
"que se burlaba de su generosidad con un
enemigo. aa ¿Y qué por que mi herpiano
sfc haya portado mal conmigo debo yo de-
sear que se muera de sed ? se obstinaría
tal vez antes de rendirse. En lo sucesivo
puedo necesitar un hermano, y si pierdo
este, ¿dónde le iré á encontrar? He aquí
el lenguaje de la naturaleza , el acento de
un buen corazón y un bello egcmplo pro-
puesto á todos Jas hermanos.
as amamos por el bien que hacemos
que por el que recibimos, siendo esta la
principal causa, segua- algunos, de que los
(*55)
padres amen mas á los hijos que los hijos
á los padres.
No lejof de las venas de Naphta (com-
bustible natural) que se encuentra abun-
dantemente en las provincias meridionales
del Caucaso , la naturaleza ha colocado uno
desús fenómenos mas raros que es el fue*
go perpetuo , ó como otros dicen el fuego
indiano, porque los indios de la secta de
Brama vienen á adorarle. El gas combus~
tibie está esparcido por toda la llanura, y
basta aproximar fuego para inflamarle. Se
elevan continuamente cuatro enormes co-
lumnas de gas hidrógeno inflamado, que
hacen veces de un faro en medio del Asia^
Naipes. Los inventó en 1892 un pin-
tor llamado Jaquemin Griugonneur , para
divertir á Carlos VI durante una enferme-
dud mental que padecía.
Cartas geométricas. Strabon las atri-
buye á Anaximandro de Mileto; otros ha-
cen subir la invención á Sesostris rey de
Egipto.
(256)
El amor propio es el mayor de todos
los aduladores, y mas industrioso que el
hombre mas hábil del mundo.
Carteles y anuncios. Los alemanes fue*
ron los primeros que pusieron en noticia
del público por medio de papeles impresos
los bienes de venta ? avisos, nacimientos^
muertes; &;e.
Las pasiones suelen hacer un lpco del
hombre mas hábil , y hacen hombres há-
biles á los mas locos.
Bayonetas, Esta arma trae su nombre
de la ciudad de Bayona , donde se inventó.
El primer regimiento que hizo uso de ella
fue el titulado regimiento Real Artillería en
tiempo de Luis XIV.
Hay en el corazón humano una gene-
ración perpetua de pasiones y de modo que
la ruina de una es casi siempre el estable-
cimiento de otra»
Relojes de música. Losjflamencos in-
ventaron los relojes de campanillas de mú-
sica. El primer reloj de estos se opea
Alost en 1487.
Campanas. Kircher atribuye la inven-
clon á ios egipcios, que hacian uso de ellas
para la celebración de las íiestas de Osiris.
Los sacerdotes de Proserpina , £la muger
de Pluton entre los paganos) convocaban
al pueblo á los sacrificios á son de campa-
na. Los sacerdotes de Cibeles se servian
también de ellas en sus misterios. Se cree
que fue el papa Sabiniano el que introdu-
jo su uso en la iglesia cristiana. Lo que hay
de cierto es, que pasaron de Italia á Fran-
cia en 55o , en tiempo de Ghildeberto y
Gotario I hijo de Cío vis.
Molinos. El usó de los molinos es an-
tiquísimo en Egipto, porque ya se habla
de piedras de moiino en los libros de Job
y de Moisés. Estos primeros molinos se mo-
vían á brazo,
■I III I ■ I Ji—11 u ^ m
Molinos de agua* Ya se usaban en Ro-
ma en el reinado de Augusto, mas se ig-
nora la época precisa de su invención. Ya
(258)
eran conocidos en Francia en el^reinado
de Glovis en~ Si i ; porque la ley sálica pu-
blicada en aquella época hace mencioa
de ellos.
Molinos de viento. El uso de estos mo-
linos nos ha venido de Oriente, y fue in-
troducido a la vuelta de las cruzadas hacia
el año de 1 04.0.
*■*
Nuestro amor propio sufre mejor la
condenación de nuestras opiniones que la
de nuestros gustos,
tmmmmmmmmmmmmmmm
Plumas de escribir. Hasta el quinto si-
glo no se empezaron á usar las plumas de
ganso para escribir. Todavía es mas mo-
derno el uso de las plumas de cisne 5 de
cuerbo , de hierro y de cobre. Los instru-
mentos de que se servían antes para escri-
bir eran el estilo , la caña y el puntero.
Por cuidado que se tenga de ocultar las
pasiones bajo las apariencias de piedad y
de honor siempre se divisan al través de
estos velos;
Discurso de apertura y anacreóntica de conctu-
. sion , pronunciados en 27 de abril de 1 834 , ert
las casas consistoriales de la M* N. y Mí Z*
ciudad de León , por dos niños de la escuela
del maestro don Vicente Nieto Picado \ en los
exámenes públicos que con distribución de pre-
. mios, se verificaron en celebridad del cumple*
años de S. M. la Reina Gobernadora , á quien
los dedica el referido profesor. Fueron presi-
didos por la real Junta de Inspección de Es-
cuelas de esta provincia , con asistencia de
Iqs señores gobernadores del obispado y demás
autoridades convidadas al efecto.
Discurso pronunciado por don Fernando
Pastor del Castillo de edad de siete años.
SEÑORES.
Al principiarse este grandioso acto que
vais a presenciar: acto de aprecio y de pla-
cer para la humanidad benéFica: acto que
hace mns célebre el cumple años de nuestra
Reina Gobernadora á ia que la niñez es-
pañola entonará incensaritemente himnos
de gratitud y de ventura: acto que en-
noblecen infinito las auroridadés que ]¿
presiden, las condecoradas personas que
le honran y el grande é ilustrado concursó
que lo embellece, permitidme dirigir mi
débil voz á mis caros condiscípulos que
siempre aplicados y látenosos comiéñzah
6
(a6c)
á marchar con planta firme y resuelta por
la gloriosa senda de la ilustración. Al tiem-
po que van á presentaros las pruebas de
sus progresos en la carrera de la educación
primaria, en los diferentes ramos que ésta
comprende, haciendo demostrables los in-
fatigables desvelos de nuestro amado maes*
tro en la lectura , escritura* aritmética,
lengua castellana, en diversas é intere-
santes nociones, y sobre todo én el co-
nocimiento de loa sólidos é incontras-
tables principios dé nuestra santa Re-
ligión, toda paz, toda dulzura y manse-
dumbre dadme licencia para que los feli-
cite al verlos dirigirse gozosos hacia el
augusto templo de las ciencias, convenci-
dos como están que es vituperable el es-
pañol que en este tiempo que felizmente
alcanzamos en el reinado de nuestra So-
berana Doña Isabel II en los dias de la
ilustración y del saber, rehuye adquirir
al menos los primeros elementos de 1^
educación primaria.
Sí, señores, es vituperable, es una
carga pesada al estado, es un hombre que
fio coresponde por su parte á los bene?
6cios que la dispensa la sociedad que le
proteje y le defiende. Bien penetrados
estáis por cierto 5 que la ignorancia crea
la holgazanería, la holgazanería el crimen,
y el crimen trae en pos de si, la deshon-
rosa muerte. Pero ¡cuan diferentes son los
efectos de la ilustración ¡ ¡Cuantos bienes
no proporciona á la patria el desarro-
llo de las facultades intelectuales de sus
individuos ¡ Icuanta riqueza , cuanta pros-
peridad no derraman en las naciones la
aplicación al trabajo y la moderación de
costumbres, resultados infalibles de la
adquisición de conocimientos! Todo es vi*
da, todo es acción, todo es movimiento
en los pueblos, cuyos habitantes poseen
las útiles nociones que ofrece la educación
pública. Buenos hijos, tiernos esposos y
padres amantes, hacen renacer la dicha
fn el seno de sus familias; y de las sumas
de estas felicidades, resulta la general de
la nación que los sustenta y encuentra en
cada uno de sus ciudadanos un hombre
religioso sin fanatismo ni supertieion , mi
moderado por interés , y un constante
productor por utilidad propia.
Escusese enhorabuena la ignorancia con
los tiérripos en que humilladas las luces
tremolaba el error la fatal bandera que
eonducia sus victoriosas huestes. Escúsese
(*6a)
si ge quiere con los siglos de tinieblas,
eo los que se hacia gala de ignorar los
primeros rudimentos de Ja enseñanza ;es^
cúsese también si puede con el porfiado
obscurantismo que casi en nuestros di^
ha pretendido estender en nuestra m%>
tria su adusto y sombrío imperiq; pero
después que ilumina el solio español
lina naciente aurora , después que . una
benéfica Reina Gobernadora nos señal?,
Ja senda de la ilustración; después que
sus puros labios desterraron para siem-
pre la ignorancia como principio omi-
noso de los capitales vicios que destru-
yen los imperios, y como creadora de
las divisiones de los partidos y de la garra-
lidad con que se afectan como virtudes
los efectos mas abominables; después que
los hombres amantes de su pais y de la
.humanidad, ofrecen sus fatigas y desvelos
en favor de la educación publica; des-
pués que el benemérito lirerato don José
Mariano Vallejo ha hecho nacer ma^
nantial de bienes con su método analítico
para ensañar á leer con el que en muy
corto tiempo y sin grandes gastos se pro-
porcionan incalculables ventajas á todas
las clases del estado; es vituperable 5 lo
(*63)
repito f es una carga pesada á la nación,
es un hombre ingrato á los beneficios que
de la misma recibe, el español que se
jiiegue á ilustrarse y adquirir útiles y pro*
vechosos conocimientos.
No* caiga, amados condiscípulos míos,
no caiga sobre nosotros inculpación tan
justa. Redoblemos nuestro afán y nuestra
aplicación por inunciones, para que un
día Seamos españoles religiosos , morigera-
dos y útiles al estado que nos , protege,
y llevemos con nuestro trabajo la felici-
dad la paz á nuestras familias. Entre tan-
to, bendigamos incesantemente á nuestras
familias nuestra candida é inocente Rei-
na^ y su augusta madre gobernadora.
I Que su reinado sea el reinado de la
prosperidad y de la ventura, y á vista
del trono se llenen de horror y confusión
sus enemigos! Tributemos rendidas gra-
cias á la real Junta de Inspección de es-
cuelas, á las celosas autoridades que nos
gobiernan y con particular encarecimien-
to á los dignos maestros que nos enseñan-
y cuya afanosa fatiga por nuestros ade-
lantamientos los hace acredores á nuestra
eterna gratitud. Dije.
ANACREÓNTICA
PRONUNCIADA POR DON DÁMASO MERINO
mSo de cinco anos de edad
En la obscura caberna
del fiero error vencido,
boy tan solo se escuchan
sollozos y gemidos.
La vendada ignorancia
exhala alli suspiros,
y alli su suerte llora
el necio fanatismo.
La criminal holganza
lamenta su destino,
y en hierros aherrojados
claman los torpes vicios.
Claman y entre tormentos
repiten confundidos;
ya en León para siempre
nuestro imperio perdmíos
Un plantel delicado
de mil amables niños
crece ufano y pomposo
floreciente y altivo.
(*65)
De educación primaria
puro riego y continuo
hoy le cubre de flores
luego de fruto opimo.
La ilustración sonrie
al ver sus enemigos
desechos y para sienpre,
para siempre abatidos,
Entorno de ella vuelan
los placeres sencillos 5
las gracias , la abundancia *
la paz y el regocija
Y celebrando todos
el triunfa conseguido
á Isabel y á Cristina
entonan dulces imnos.
Decid también vosotros
caros amigos mios,
que tan amables Reinas
vivan mil luengos siglos.
Que bajo su reinado
y bajo sus auspicios
á la niuez leonesa
se le abre ya camino *
del saber y las ciencias %
y allá en el alto olimpo,
nuestros progresos canten
y alaben nuestro juicio. Canté.
LITERATURA.
Hosalíay Remigio ó la unión lograda
por la constancia. Nóvela político-moral
publicada en i8¿6 por don Diego Go-
nesa.
En este escrito se ventilan cuestiones
de la época, bajo el pretesto disimulado de
referir lo que sucedió á dos familias bene-
méritas, cada una en su clase. Se describen
en él con energia las intrigas de la corte y
se censura vivamente la conducta de los
que debiendo ser defensores del feyno,
centinelas de la ley, y atalayas del orden se
convierten en viles instrumentos de la opre-
sión general del mérito y de las virtudes;
en el padre de Rosaba se presenta el decba.
do de un magistrado recto, ciudadano inte-
gro, buen padre y esposo fiel amigo, y en fin
de un subdito preparado á arrostrar toda
suerte de peligros por su rey y por su patria.
Rosaba, Remigio y lasdemas persona?, de que
se habla son lo que conviene al objeto que el
autorse propuso. Contienesaíudables precep-
tos de educación y acerca del modo de prote-
ger á los desgraciados. Uhimamentee} escri-
tor satiriza con tanta valentía é independencia
los abusos, las injusticias y las crueldades
de los enemigos del país, corno elogia las
buenas prendas de los verdaderos españo-
les, con especialidad de los que tanto han
padecido en las Américas. Esta novela es,
sino nos equivocamos un breve compendio
en que con la restricción indispensable, se
dibuja el cuadro del tiempo en que se es-
cribió ; y ¡ojalá se hubiese retocado como
convenia, descargándole de tal cual pesa-
dez , confusión é inexactitud que se
nota en alguna de sus partes! También
fuera de desear que del lenguage desapa-
reciesen varios arcaismos que le afean , y
por cierto que es lastima que una composi-
ción en que se hallan tan buenas cosas, ado-
lezca de faltas fáciles de corregir.
EDUCACIÓN.
Vemos con singular placer, que van
sucediendose rápidamente las mejoras de
¡que es susceptible la educación de la ju-
ventud ; con Jas acertadas providencias
del gobierno y principalmente con el es*
tablecimiento de colegios y casas de edu-
cación, al nivel de lo que exigen nuestras
necesidades sociales en .este particular. En-
tre este número debe contarse la casa de
educación titulada de Santa Cristina que
ha establecido con real aprobación , el
presbítero don Enrique Alvaro Molina, en
la calle de santa Isabel casa de Ja cadena.
Tenemos la mayor satisfacción en reco-
mendar este establecimiento, al ver que
está formado bajo un plan muy análogo á
lo que la Minerva tiene indicado sobre
educación de la juventud. Primeras letras,
latinidad, retórica, poética, matemáticas,
lengua francesa y dibujo, contitnyen sus
clases; procurando sobretodo, hermanar
el estudio y amor de la religión y de la
patria, con los deberes sociales por medio
de una educación doméstica y religiosa.
El director que á un celo decidido por
(269)
los progresos de la educación 9 reúne la es-
periencia y observaciones hechas en pais
estrangero, no ha omitido medio de hacer
acreedor su establecimiento á la confianza
de los padres de familia y personas encar-,
gadas de la educación. La mas activa vigilan-
cia se empleará en el régimen interior del
colegio, hasta en los juegos y recreaciones
que se les permitan, aseo y abundancia en
las comidas y una elegante asistencia en to-
dos los ramos. Los precios que deberán pa-
garse anticipadamente son los siguientes;
los pupilos internos nueve reales diarios,
los medios pupilos cinco y los estemos cua-
renta reales mensuales. Mas cornea la, vigi-
lancia del director se estiende mas allá de
la esfera del colegio , ha establecido ayos
que traigan los alumnos desde su casa al
establecimiento y vice versa pagando los
padres á quienes esto acomode diez reales
mensuales con lo que tendrán la mas com-
pleta seguridad de sus hijos y evitarán los
peligros de la distracción. Proporciona ade-
mas el establecimiento otras ventajas que
justamente apreciadas del público no duv
damos reportarán al director el premio de
sus tareas.
(2 7 C)
REALES ORDENES.
En real orden comunicada á la ins-
pección general de instrucción pública del
reino con fecha la de abril último por el
Excelentísimo Señor ministro del interior
Se dice entre otras cosas lo que sigue:
^S. M. la reina gobernadora se ha dig-
nado resolver que se recomiende á todas
las casas de enseñanza primaria el arte de
escribir la letra bastarda española compues-
to por Don Francisco Iturzáeta, juntamen-
te con la colección de muestras ampliada.
Ministerio de lo interiot.z—Á] Señor Pre-
sidente de la Inspección general de instruc-
ción pública digo con esta fecha lo que
sigue.
f> S. M. la Reina Gobernadora se ha
dignado resolver que se recomiende á los
maestros de primeras letras y directores de
casas de pensión del reino la lectura en sus
establecimientos de la obra titulada Minerva
de la juventud, que publica en esta corte
el licenciado Don Juan Manuel Balles-
teros.*
De real orden lo traslado á V. para su
inteligencia y satisfacción. Dios guarde á V.
muchos años. Madrid 1 8 de Junio de 1 83^ —
Mostoso
LA REAL ARMERÍA,
El Padre. Llegó al fin , hijos míos,
deseado día destinado á ocuparnos de los
recuerdos que escitan las glorias de nues-
tra patria. Vosotros que os ocupáis á mi
lado en recorrer y examinar todo lo que
hay grande y sublime en püéátrá capital:
vosotros que sois españoles y que abrigáis
en vuestros tiernos corazones et entusias-
mo que produce et haber nacido err tan
privilegiado pais, duya historia habéis leW
do, no podíais menos de venir á mi lado
á contemplar los objetos que encierra la
Real Armería , monumento grandioso de
nuestra historia. Tal vez? olvidaremos mien-
tras estemos en este recinto, los pesares
que nos oprimen por nuestra actual situa-
ción, trasportándonos con la imaginación
é aquellos tiempos felítesV á aquellas épo-
cas que debieron ser eternas en las que el
mundo todo estaba lleno del nombre es-
pañol y su pabellón tremolaba en cuantos
paises baña ei Océano. . . . *
Eo este recinto teneb simétricamente
i
(a 7 2)
colocada y perfectamente conservada una
numerosa colección 'dé armas de diversas
clases, gustos y tamaños desde las primeras
y mas toscas que se inventaron, basta las mas
acabadas que se conocen : porque este es-
tablecimiento, no solo es recuerdo de nues-
tras glorias, sino testimonio constante de
los progresos sucesivos de las artes. De tan-
ta multitud de armas, todavía faltan muchas
que fueron estraidas para armar" á los pa-
triotas de Madrid, cuando se presentaron
]os franceses mandados por Napoleón de-
Jante de esta capital á principios de diciem-
bre de 1808. De modo que sirvieron para
pelear y rechazar á I03 franceses , las mis-
mas armas que habían servido para pelear
con los moros y expelerlos del territorio es-
pañol- Oh! cuánta variedad de espadas, lan-
zas, escudos, sillas y armaduras se ofrece
á nuestra vista! Salud, ó ilustres restos de
los Rodrigos, Fernandos, Conches y Gon-
zalos, vosotros si fenecisteis, y pagando el
tributo á que esta sujeta la fragilidad hu-
mana, fue instantánea vuestra existencia
sobre la tierra; mas vuestro nombre en ei
que están cifrados el honor y el valor, re-
cordado por las ilustres prendas que tene-
mos á Ja vista, sobrevivirá á los imperios
y durara tanto como el país que habéis in-
mortal izado,
Muchas reflexiones $e agolpan á mi es-
píritu al contemplar este vasto almacén
donde están depositadas las glorias españo-
las de muchos' siglos, que se presentan
ahora á mi imaginación ; mas sigamos ade-
lante y examinando en lo posible cada cosa
en particular, os daré una breve idea de
las preciosidades que encierra este recinto.
Aqui veis primeramente la caja del primer
coche que se presentó en Madrid, pertene-
ciente á la reina doña Juana esposa de don
Felipe I el Hermoso. El gusto de los ador-
nos de la caja se resiente del que dominaba
en aquella época y del estilo que empezaba
á introducir B-rruguete de cuyo artista son
las esculturas que la adoruan. Esta otra
magnífica carroza de hierro que veis , fue
regalada al señor Don Fernando VII por
el señorío de Vizcaya y fue construida en
veinte y siete dias bajo la dirección de
don Pedro Na verán. Su forma es coma
de una falúa, y está adornada con dife-
rentes relieves, entre los que se distin-
guen las armas reales que bay en la
proa y los leones que hay á los lados de los
asientos*
z
>?4)
Alejandro. Diga V papá, subió ct rey
en la carroza?
El Padre. Si, hijo mió: hizo en ella su
entrada publica en Bilbao juntamente con
su esposa Doña Maria Josefa Amalia en el
viage que hicieron por las provincias en el
año de 1828. Esta litera que veisaqui jun*
ta mente con aquella silla de manos, pertene-
cieron al emperador Garlos V ósea el I de
España, De tan modestos muebles se servia
aquel que dejó al mundo lleno de su poder y
de sus victorias. Hermanaba la grandeza de
su persona, con la mas estrema sencillez y po-
co fausto de los muebles de su uso, y mas
adelante os enseñaré en prueba de esto f
cuatro platos de hoja de lata pertenecien-
tes á la bajilla del mismo emperador. Aqui
tenéis esta armadura de la prudente y va-
lerosa Reina Doña Isabel la Católica cuya
cifra se ve calada en la visera del morrión.
Enrique. Con que es decir, que iba la
Reina á la guerra vestida coa esa arma*
dura?
El Padre. Si querido: acompañaba á
$u esposo Fernanda en todas sus empresas
y aun se puede decir que ella era la que le
sugeria los grandes designios e inventaba
los i&edios de ejecución de aquellas proezas
tjue inmortalizaron su reinado * entre ella»
la conquista de Granada en la que se halló
esta heroica Reina. En aquel escudo que
hay alli colgado veis representada la toma
de dicha ciudad y ahi podéis reconocer
también á la Reina entre los héroes de la
conquista/Esta ilustre Reina que reunía los
talentos de la guerra á las virtudes domés-
ticas y de la paz, hizo conocer á la nación
tinos tiempos felices que todos los españo-
les tenemos fundadas esperanzas de ver re-
novados en el reinado de la Segunda Isabel
que hoy ocupa el trono, no por medio de
las glorias bélicas de la primera , sino por
una dulce paz, á cuyo abrigo se pueda
proseguir y completar nuestra prosperidad
nacional. Estas otras cuatro armaduras que
veis son todas de Don Felipe I , y aquellas
otras cuatro que hay sobre caballetes son
de generales y guerreros del tiempo de don
Felipe II, y aquel famoso escudo fomano,
que veis alli colgado es de cuero y en el es»
ta grabada Ja famosa batalla de Constanti-
no con Majencio,
Eugenio. ¿Y toda esta multitud de si-
llas de montar que forman cuadros en me-
dio del salón?
El Padre. Todo ese jnego de sillas de
tan vanada forma y adornos son las que
sirvieron en otro tiempo en las funciones
de justas y parejas: en aquellos estantes del
frente veréis luego otra colección de espa-
das usadas también en estas funciones, en
las que tanto se lucia el valor é intrepidez
de nuestros antiguos caballeros. Aquellos
del centro son cañones de diferentes cali~
bres y entre ellos es digno de notarse este
mosquete de artillería montado ya sobre su
cureña y construido en 1 565 por Cristóbal
Freisleba en Pvicla de Aragón, y aquel ca-
non que esta en el medio hecho en MadiidL
Todas estas armaduras que hay á este lado
son del emperador Carlos V , mas aqui se
halla una en la que debéis fijar vuestra
atención. Esta perteneció al heroico defen-
sor de Tarifa Don Alonso Pérez de Guz-
man el Bueno, que sacrificó su primogéni-
to en las aras de la parria arrojando su pro-
pia espada desde la muralla con notable
entereza, para qup asesinasen á su hijo,
antes que consentir en lo que repugnaba á
eu honor y patriotismo. Estas otras arma-
duras de tan admirable labor son de Feli-
pe II , y aquellas otras de su abuelo Feli-
pe J el hermoso. ■/;
Enrique. Esta armadura que hay aqui
(>?7) ' . ■ _.
st que es fuerte y pesada; sin duela el
que se la puso fue hombre robusto y de
valor.
El Padre. Fue nada menos que el es-
forzarlo Don Juan de Austria, hijo natural
del emperador Carlos V, y el que humilló
el poder otomano venciendo sus medias lu-
nas en la batalla naval de Lepanto. De tan
eélebre victoria ya os hablaré después
cuando veáis los trofeos cogidos en ella; abo*
ra quiero solo que veáis aquel sencillo es-
cudo que está alli colgado y fue regalado
por el sumo pontífice á Don Juan como en
prenda de la victoria; este escudo tenia an-
tes en el centro un crucifijo dé plata que
ha sido quitado ;< y tanto el escudo como la
armadura, son los mismos que llevó Don
Juan el dia del combate Esta otra soberbia
armadura que veis sobre su caballo, el que
también esta vestido con su armadura cor-
respondiente, os representa al emperador
Carlos V conforme fue á la espedieion de
Túnez, y ademas de ios recuerdos histórico*
que tiene, os da una idea de la perfección
de las artes de nuestro pais en aquella épo-
ca. Lns otras armadoras que hay 'también
á caballo son de su hijo Felipe II.
£u genio* líe notado que hay muchas
( 2 7 8 )
cosas en la -Armería de Felipe II ópertene*
cien tes á su época.
El Padre, Eso consiste en que fue en
tiempo de ese rey cuando se estableció la
Armería 9 trayendo algunos objetos de Va-
Iladolid en el año de 1565, y siendo cons-
truido este edificio por Gaspar de Ja Vega
arquitecto de aquel monarca, en cuyo rei-
nado se verificaron muchas obras de esta
clase por la protección que dispensaba á
Jas artes y afición que tenia a ellas. Vamos
phora i ver en estos escaparates diferentes
armas y monturas regaladas á nuestros mo-
narcas en diversas ocasiones. Aquí se halla
el regalo que hicieron los moros á Carlos III:
€\ que envió el general Morillo de la Amé-
rica: una primorosa guarnición de caballo
regalada por el marques de Camarasa : do$
pistolas regaladas al Rey Don Fernando VII
por el emperador Napoleón, Primorosas es»
copetas de caza de los reyes Carlos III, Car-
los IV é infantes/Dos escudos regalados á
Felipe II, por los duques de Saboya y por
ultimo, arcos, flechas y otras armas de ame»
ricanos, primeros despojos obtenidos por
Hernán-Cortes.
Alejandro. Papá venga V. aqui á ver
¿sta espada tan particular*
(*79)
El Padre. Es una espada que se bailó
petrificada en él rio Tajo , y cuyo origen
;*e cree sea del tiempo de los Godos; mas
dejad eso, niños, y venid á contemplar
&Qn respetuosa admiración esta primorosa
efigie y armadura del Santo Rey Don Fer-
«arado III de Castilla , monarca admirable
por su piedad y valor, por los que obtuvo
la conquista de los reinos de Córdoba,
Murcia, Jaén y Sevilla que reuniéndolos
al de León que heredó de.su padre, solo
dejó á los moros, de quienes fue terror, el
reino de Granada, y aun este queda mío
tributario. Ademas de tan sublime gloria,
mereció por sus virtudes numerarse en el
catálogo de Jos santos. Vamos ahora á ver
Km
el escaparate de las espadas, entre lasque
se hallan algunas que hicieron rendir la
vida á numerosos enemigos de la patria,
manejadas por los robustos brazos de Ber-
nardo del Carpió, García de Paredes, Her-
nán Cortes, El Cid , Alvar- Fañez su sobri-
no; el Gran Capitán y otros hombres cé-
lebres ; en casi todas están grabados los
nombres con que mas las embellecían. La
del Cid , por exemplo, se distingue por el
grabado que tiene en la hoja de Tizona, y
asi de las demás.
Eugenio ¿A quién perteneció esta es-
pada que hay aqui tan bonita y coa vaK
na azul?
EL Padre. Esa es la espacia ríe la he-'
roinade quien ya os he hablado, Doña Isa-
bel la Católica También se hallaba entre
estas espada? la que tuvo que rendir el rey
de Francia Francisco I cuando fué hecho
prisionero en la batalla de Pavía. Dicha
espada hubo que entregársela á Mnrat
cuando Ja pedia protegido por cuarenta
mil bayonetas en la época de la invasioa
Francesa , y en aquellos estantes se veiaa
en otro tiempo las águilas imperiales que
tanta sangre costó á los españoles su aba-
timiento en la guerra de la independen-
cia, y que S. M. Fernando VII se las
entregó al duque de Angulema, restituyén-
donos en cambio las banderas que habéis
Visto en el templo de Atocha que nos ha-
bían cojido en la misma campaña. Aqui
se halla también la lanza del Rey D Pe-
dro llamado el cruel , y las antiguas ma-
zas de anuas.
Eugenio. ¿Y esta es maza de armas
también?
El Padre. No hijo, que es el bastón
ó insignia de generalísimo que llevaba Alí-
(¿8 1)
bajá en la batalla de Lepanto; ahí tenéis
los collares con punzas de hierro de que
usaban para atormentar á los cautivos ? y
asi mismo gumías, cimitarras y sables co-
gidos en tan célebre batalla.
Alejandro. ¿Y aquella bota que* hay
allí colgada^ a quién perteneció?
EL Padre. Aquella enorme bota-, y
la armadura que hay inmediata , pertene-
cieron al duque Federico de S ajenia , ven-
cido juntamente con el Lantgrave de Hes-
ee y hecho prisionero por las armas de
Caries V. en las guerras contra los lutera-
nos de Alemania. Esta otra armadura que
veis es mas preciosa para nosotros que la
primera; esta es del Arzobispo de Toledo
D. Fray Francisco Jiménez de Cisneros,
gobernador de los reinos de España du-
rante la ausencia del príncipe D.Catlos. Es-
te prelado de singular celo, valor, y eru*
dicion hizo célebre su gobierno con la con-
quista de Oran y Mazalqnivir , la funda-
ción de la universidad de Aléala, la pro-
tección que dispensó á las letras y otras ha-
zañas. Aquella otra armadura que hay á
caballo es la del Rey D. Felipe III; allí
veréis laque regató Luis XIV á Felipe V,
y también se conservan armaduras del tiem-
{282)
po de los romanos y de mas ó menos an*
tiguedad.
Enrique. Vamos ahora á ver aquella
armadura que hay á caballo con aquel
morrión tan particular; que tengo deseo
fíe saber de quien es.
El Padre, Esperad niños; no paséis
tan de prisa sin examinar esta sencilla ar-
madura del conquistador del imperio Me-
jicano: del valeroso Hernán Cortes. Aquel
héroe cuyas hazañas superaron cuantos es-
fuerzos militares conservaba la historia , y
que poniendo á sus soldados en la dura
precisión de vencer ó morir , hizo aque-
llas distinguidas proezas que han sido la
admiración y envidia de los siglos venide-
ros. La armadura que tanto llama la aten-
ción de Enrique por la forma ele la cela-
da, y la otra que hace juego con ella, per-
tenecieron al último rey moro de Granada
Boabdii ¿ llamado el Rey Chico, y no se
puede verlas sin recordar los acontecimien-
tos de su reinado, y las disensiones y por-
fías de las tribus moriscas que aceleraron
la eaida de su trono.
Alejandro. Todavía se queda Eugenio
alli parado, mirándola armadura de Hernán
Corté*.
(283)
El Padre. Dejadle: en eso podéis re-
conocer cual es el mágico poder de la glo-
ria. Antes pasaba indiferente,. sin que aque»
Has armas llamasen su atención; pero le
han dicho que son de Hernán Cortes y po-
seído de la idea de tan sublime varón, fija
en ellas sus miradas y aun le parece que las
agita la sombra del héroe. Estas dos arma-
duras, son del Rey D Juan II de Castilla^
y tal vez alguna de ellas llevaria puesta en
la famosa batalla de la Higuera^ en la que
se debió hi victoria a sii persona y esfuerzo,
haciendo volver á la carga nuestras desor-
denadas legiones que hicieron gran niatan-
ía en los moros. ¿Deseabais ver la armadu-
ra de Gonzalo de Córdoba? pues aqui te-
neis tres de aquel célebre varón , que des-
pués de haber contribuido con su invicto
brazo á destruir los restos del poder Ma-
hometano en España , pasa á Italia donde
mereció por sus hazañas el renombre de
Gran Capitán. Ya leeréis en la historia sus
proezas, y veréis al mismo tiempo lo mal
recompensados que han sido este y otro*
hombres célebres.
Eugenio. ¡Qué particular es este trage
que hay aquí de redecilla de alambre!
El Padre, Esa viene á ser una arma-
(284)
dura de redecilla, que á pesar de ofrecer
bastante defensa por la consistencia y te-^
jido de los alambres, no embaraza ni es-
torva los movimientos porque se ciñe mas
al cuerpo que las otras armaduras. Esta
que veis 5 perteneció á Alfonso I de Ña-
póles*
Ahora es preciso que veáis esta arma-
dura del famoso Rodrigo' Diaz de Vivar ,á
quien sus mismos enemigos dieron el nom-
bre de Cid Campeador porque se les mos-
tró in vencible en repelidas batallas cam-
pales. Allí tenéis una bonita armadura ro-
mana ; y en estos armarios varios regalos
hechos á nuestros monarcas; entre tilos
se di-ringuen muchas encopetas con embu-
tidos de coral, marfil, concha , turque-
sas, &c. Alíi trages de la india oriental,
regalados á Felipe II por el emperador
de la China , y aquí sillas de montar, chi-
nas y moriscas. En este último estante
quiero que veáis el trage completo del ge-
nefalismo de la armada turquesa en el gol-
fo de Lepanto* Trage que tuvo que ren-
dir con la vida el soberbio Bajá al vale-
roso B. Juan de Austria quien decidió ía
victoria con la embestida y abordage de
la capitana enemiga en que iba el geqeraL
(*85)
Este trofeo , con Jos que ya habéis visto,
y con las banderas que hay colgadas del te-
cho, forman parte de los despojos cogidos
en tan célebre victoria.
Eugenio. Papá; ¿no fué en esta batalla
donde quedó manco nuestro Cervantes?
El Padre. Si , hijo mió : mas solo de
la mano izquierda t pues la derecha estaba
reservada á mas alto destino. En dicha ba-
talla quedaron libres veinte mil cristianos
cautivos que los turcos traían puestos al
remo.
Ea niños , echad una ojeada de despe-
dida sobre esa multitud de lanzas, alabar-
das, hachas, mazas y venablos, sobre esa,
colección de puñales, sables, cimitarras
dagas > gumías, sobre esa variedad de pe-
tos, espaldares, brazaletes y piezas sueltas
de armadura que adornan las paredes del
salón , y tenéis completo el cuadro de lo
contenido en este recinto.
Alejandro. ¡Qué vista tan magnífica
ofrece iodo el conjunto de la sala con tan«
ta diveisidad de armas y tanta variedad de
trages y objetos!
Eugenio. Como que aquí están recojí-
das todas las curiosidades y todo lo que hay
digno de conservarse en nuestra historia»
(286)
El Padre Aunque es verdad que la Reaf
Armería contiene cosas muy dignas de me-
mona, todavía parece que queda algo que-
desear y que podía estar mudiomasennque*
cid a sif hubiera habido mas esmero en recojer
y conservar las piezas dignas de ello, pues
ninguna nación puede tener tina suntuosa
armería mejor que la España. Esta ha sido
siempre H teatro de la ambición y contien-
das de diversos monarcas y en su suelo clá-
sico se han ventilado las grandes cuestionen
que han dividido al mundo. No cabe duda
de qne pudiera estar mas enriquecida la Ar-
mería de una naeinn que sometió* el orgu-
llo Cartaginés, que fae el terror delí impe-
rio Romano , y que en el espacio 4 de ocho
siglos no* hubo nuevfr sol: que no j vinieso
á alumbrar nuevas victorias y nuevos des-
pojos cojidos á los africanos en lid tan* con-
tinuada. Lat patria de aquéllos valentísimos
soldados que asombraron á ambos¿ mandos
con Ja fama* de sus conquistas y la gloria
de sus victorias, y en las que se han con*
centrado todas las virtudes morales mili-
tares y políticas % por las que supo mar-
chitar los laureles que adornabais las sie-
nes del primer capitán de nuestro siglo.
s ya que las vicisitudes y trastornos do
(a8 7 )
los tiempos han impedido que se conserva-
se mayor numero , contentémonos al me-
nos con poseer prendas de nuestros mas
valientes soldados , heroicos caudillos y es-
clarecidos príncipes. Contemplémoslas con
patriótico entusiasmo , felicitándonos al
ver reunidas en un mismo local las ar-
mas de aquellos ínclitos varones que en
diferentes épocas y en diferentes circuns-
tancias concurrieron con sus ingeuios y
sus brazos , como hijos todos de una madre
patria á elevarla á la cumbre excelsa del
poder y de la gloria.
F. F- Villabrillc.
MORAL.
Consejos útiles a todos los lbctomí.
Sobriedad. No comas hasta el espeso
de sobrecargarte y hacerte incapaz de apli-
cación , im beba» basta que se te trastorne
la cabeza y debilite la razón ,. pues pende
de ello tu salud, tu honor y tu fortuna*
compara al sobrio con el intemperante:
aqueí siempre apto para pensar, este siem-
pre sonando en engullir; aquel siempre
dueño de sus potencias, este entorpecida
ó privado de sus sentidos.
Silencio* No digas más que lo que pue«
da ser útil á tí ó a los demás; evita las con-
versaciones frivolas 6 que sirven de pábu-
lo á la murmuración.
Orden. Que todas tus cosas tengan su
sitio destinado, y tus ocupaciones su tiem-
po señalado ; el orden es una riqueza»
Resolución. Ejecuta sin falta lo que
has resuelto hacer; el que no es resuelto
en sus operaciones no alcanza nada.
Economía. No hagas gasto ninguno
•in que &ea por tu provecho ó el de los de*
mas; es decir no gastes nada Inútilmente*
Aplicación. No piérdase! tiempo, siem-
pre te has de ocupar en cosa utif y absten-
te de lo que no lo sea; ocupaos bien hijo»
irnos y acordaos siempre que la ociosidad
es un verdadero crimen ó pecado contra
naturaleza, como funesto y fecundo origen
de males y vicios.
Sinceridad* No te valgas de disculpas
perjudiciales; tus pensamientos han de ser
inocentes? y justo* y conforme á ellos seatt
iíua palabras.
Buena fe. Cumple tu palabra y no en*
gañes por nada de este mundo, que se di-
ga de vosotros hijos mios lo que de Esci-
pión Emiliano, á saber que en su vida, ni
hizo, ni dijo, ni pensó cosa que no fuese
laudable*
fusticia* No perjudiques á nadie, ya:
sea haciéndole daño , 6 dejando de hacer el
bien á que estás obligado por tu deber de
hombre, sabed que el justo goza en su in-
terior una calma inalterable ; y en medio
de $us infortunios se acoge tranquilo al se-
no de la inocencia.
Limpieza. No sufras ninguna porque-
ría en tu cuerpo* en tus vestidos y ea tu
casa.
( a ?° )
' Moderación. Evita los estremos , guar*
date de ofenderte al instante de las faltas
de otro y tanto como crees tener motivo*
Tranquilidad. No te turbes por baga-
telas ni por accidentes ordinarios ó inevi-
tables sin saber resistir á los ataques de la
desgracia; tras de tiempo tiempo llega.
Castidad. El esceso en los placeres te
embrutecería, te privaría de tus facultades
y perjudicaría á tu reposo y consideración.
Humildad. La humildad aumenta el
talento. El orgullo es el patrimonio de los
necios y los hace insoportables al resto de
los hombres.
Humanidad. Eres hombre y nada da
lo que interesa á los demás hombres pué-
de serte indiferente: de la humanidad pro-
vienen muchas virtudes, como beneficen-
cia indulgencia, perdón de las injurias y
otras.
Discreccion. La naturaleza nos ha da-
do una sola boca y dos orejas para enseñar-
nos que debemos escuchar mas que hablar,
terrible lección para los charlatanes. .
Amistad. La amistad se parece por su
desinterés al amor maternal , las penas que
nos cansa son otros tantos lazos que nos
unen á ella. La amistad también tiene sus
tíctimas , pues un español murió en el mo
dio de La-Cha peí le, abrazando el cadáver
de un amigo suyo ; y Horacio solo vivió 9
dias después de muerto Mecenas.
Riqueza. La mas ligera pena acibara la
felicidad de los ricos , y la mas ligera dicha
consuela á los desgraciados
Ambición. El ambicioso se hace escla-
yo de todas las personas cuyo amparo soli-
cita; no tiene amigos sino un enemigo cruel
que es el mismo»
Vida. Vive para tus semejantes para
que vivan para ti, el que hace bien no te*
me la muerte*
Espíritu de partido. Es una locura de
muchos hombres para provecho de algu*
n@s, Nosotros no tenemos mas que un inte*
res que consultar, que es el de la patria;
ni mas guia que seguir que la de la virtud.
Pasiones. Las pasiones son la voz del
cuerpo y es menester resistirlas ; mas la
conciencia es la voz del alma y es preciso
escucharla puesto que es á la vez la regla,
él testigo, el acusador, el juez y recompen-
sa de nuestras acciones*
Calumnia. Perjudica mas al que se ha-
ce culpable que no al que va dirigida. Se
cesa de dar f é á las palabras de aquel é
quien se había creído hasta entonces, al
ver que vitupera la conducta de un hom-
bre de bien.
Buen empleo de la pida* La pena y
él placer pasan como una sombra. jLa vida
es alguna cosa solo por el bien que hace*
unos durante ella.
Beneficencia. Ayudándonos mutua-
mente se hará mas ligero el peso de la
desgracia. El bien que hagamos á nuestros
semejante* será un alivio de nuestros pade-
cimientos, y deberemos estenderla aun áque*
líos que nos hayan causado algún mal: la
venganza noble es la que nos lleva á ha-
cer un bien á aquellos de quienes cenemos
motivos de quejarnos, y esta conducta es
muy propia para mudar el corazón de un
enemigo.
Malignidad,, Las agudezas son desa-
gradables cuando van acompañadas de ma*
Iignidad. Reir del mal que han hecho á
etiopes hacerse cómplice de esta mala acción.
Costumbres. Una mala costumbre no
puede hacerse buena por mucho trempo
qne haya estado entronizada. Todo al con*»
trario a se hace mas ridicula mas tiránica^
y mas insoportable.
Instrucción. Todos los vicios provie~
ncn de la ignorancia; es el mayor de los
males.
Tiempo. El que sabe bien emplearle*
ha hallado el camino de la viril id.
Vida futura. |Ohj que consuelo para
«1 hombre virtuoso el esperar una vida
futura. Aunque la inmortalidad del alma
no fuese mas que juna opinión piobable,
siempre sería apetecida por los puros y
rectos corazones, y mirada por el buen
cristiano como un fin dichoso.
Avaricia, jEI uso de los bienes y no su
posesión, es lo que nos hace felices \ el que
es rico y no sabe usar de sus riquezas se
parece al asno agoyiado con el peso del
oro,
Prudencia, Adquiérase Ja suficiente
para discernir lo bueno de lo malo, y la
firmeza necesaria para perseverar en la ad-
hesión al bien y la aversión al nial.
Vanidad. Es una vanidad muy ridi-
cula el afectar ser maestro en todas las co-
sas y alabarse á cada momento de lo que
se cree haber hecho bien. La humildad y
la modestia son virtudes que siempre se
deben tener presentes.
(*94)
HIGIENE.
vm las pasiohhs.
Toda sensación está acompañada del
dolor ó del placer. El dolor y el placer
son pues los elementos generadores dé to-
das las pasiones, las cuales pueden reducir-
se á dos amor y odio. El placer no es sino
momentáneo, y es tanto mayor ó menor,
cuanto es mayor ó menor su intensidad; to-
do lo que obra de un modo suave en lo*
sentidos produce el placer, al paso que sí
se afectan violentamente se escita el dolor.
El placer tiene varios grados, según que
es mas ó menos viva la sensación.
Cuanto mayor es el placer tanto mas
siente el alma verse privada de él, y lie aqui
el origen del temor, el cual viene por lo
común acompañado de la esperanza, y á
esta falta se sigue la tristeza; pero si el
hombre no ve en lo futuro sino una serie
de desgracias sin término, su tristeza pa-
sa á desesperación, odiando su existencia.
El amor de sí mismo hace que el hom-
bre recorra sin cesar los objetos que pue-
cien aumentar su felicidad, y de aquí nace
la curiosidad. La inconstancia sugiere los
deseos de variar á cada paso de sensacio-
nes agradables, y satisfecha su cuiiosidad
con su placer uuevo , se ejercita en él la
admiración, la ¿Él) se convierte en entu-
siasmo en los hombres de talento y es co-
mo se admiran las grandes almas. No su-
cede lo mismo á las almas flébiles, las cua-
les envidian en los demás tos bienes que
fio poseen. La pasión de la envidia es, hi-
jos mios, el a/ote mas terrible de la, socie-
dad, es el cáncer del honor. Huid , queri-
dos niños, de tan asquerosa enfermedad
del alma. Sin embarco, las pasiones son
tan necesarias á la vida, como las mismas
sensaciones y por eso decia Jiive^a!, que
el corazón del hombre tiene horror al va-
cio, mas su abuso es únicamente el que se
debe vituperar. Las funciones del cuerpo
no pueden ejercerse convenientemente sin
que el epigastrio reciba y envié libremente
la acción, lo que ejecutan las alecciones del
alma pues impiden la concentración de
fuerzas, y favorecen su libre circulación,
bajo cuyo respecto son absolutamente úti-
les á la vida. Todo lp dicho acerca de la
utilidad de las afecciones del alma 6e debe
¿ ( 2 96)
cnetnder de las que son moderadas. Asi
pues,, queridos niños, en la moderación ha*
llamos por ultimo rebultado, que guardán-
dola en todo, asegura la salud y longevi-
dad del cuerpo, del espíritu y del cora-
zón, ó Jo que es Jo mismo, ella m el prin-
cipio y fuente de la vida, de la ciencia, de
la virtud y de Ja felicidad, j Ved pues, hi-
jos mios, el beneficio é interés que logra-
mos en ser bnenosj
JLas mismas pasiones en su origen pue~
den, con Ja eukura, contribuir para con-
seguirlo: sus propios terriblea efectos nos
exhortan á contenerlas; sin estos, hasta loa
que parecían inocentes ocasionan graves
danos. La alegría inmoderada , cuando no
mate corno á Fonguet, preso hacía muchos
meses por orden de Luis XI Y. al noticiar-
le m libertad ; al papa León X, al oir las
desgracias sucedidas en Francia; á Chilon y
JMgoras de R bodas al abrazar á sus hijos
Vencedores, ya Sófocles al presentarle un
cetro que él no esperaba, y á la sobrina dfc
Lejbnstz al coger llenos de oro los cofres
«e su áo: ^ i ) á lo menos altera la transpi-
, ■<» «. ' m i n,i..ij..!,_jjj. u . ., , , . . i i ...... f i n i mu. 1 1 n i i, ,.,i...i.i... . n i. . »■ i ■■' *
(i) Otro caso igual 4 los que vienen propues-
tos y mas reciente, prueba de lo que es capaz uní
alegría escesiva é inesperada*
í a 97) . f . t
í-acion, según Santario; quita el sueno, el
apetito y Jas fuerzas. ¿Qué seria de Jas
otras, hijos mías? El amor desgraciado can-
ia desabrimientos, que Ileyan jfrecuejoie^
El año de 1816 Lord Exmout entró victorioso
¿n Argel en la mañana del 28 de agosto, y resca-
tó todjQS los esclavos .cristianos que allí había y eji
sus alrededores , y enire ellos i¿eo de los que ha-
feian cogido á Jos Koubals los argelinos en la
guerra que tuvo en el año anterior el Dey de Ar-
gel con el Ósixian de la montaña Félix, ¿entre Oran
y Argel,, doad^ los tenían trabajando* Eiiíre los
rescatados habla pifo de ¿ion, llamado Estevan 9
que había sido esclavo 15 años, llega una larde 4
casa de su$ padres en compañía de Pedro José Bu*
tnont , .encuentra en ella á su madre y una herma-
na, pide de cenar para los dos sin darse á cono-
cer, cenan y despees jse descubra ; una violenta
impresión se apodera de su jnadre, cae en el sue-
lo,, la hermana corre á dar cuenta del suceso á su
padre que estaba en el cafe. jSstevan se apresura
é dar socorro 4 su pobre madre, los criados gri*
tan, Dumont llora con ellos, el padre viene cor-
riendo con su hija; pero Madama Estevan ya no
existe, jiña escesiva alegría hizo que la sangre la
sofocase.
En el mes de setiembre de 1833 una muger
pobre de Viltoianxe (Francia), que acababa de
heredar &5QQ0 francos* se volvió loca de alegría
y se ahorcó. Posteriormente otm muger cayó muer-
la al saber le habia caido un premio grande en 1*
lotería*
(a 9 8)
mente á la melancolía. Los zelos y la en-
vidia acarrean la consunción, dolor de ca-
beza y delirio. El orgullo afecta el cerebro
y produce locura. El despecho y ,el odio
atraen las convulsiones, flujos de sangre y
aun fiebres malignas. La cólera apüga la
razón, perrmba la vista y el habla, da tem-
blores, sofocación, cólicos y otros males.
En los enfados, el hombre mas juicioso se
parece á un imbécil, dice Zimmermann.
Para abochornarlos y corregirlos, Sócrates
y Lavater. proponen dar un espejo á Jos ira-
cundos, á quienes Séneca llama abiertamen-
te locos. Evitemos* hijos mios, para siem-
pre esos crueles movimientos que nos per-
judican y degradan: queridos niños, es im-
posible destruirlos; pero es preciso mode-
rarlos. El hombre sin pasiones no seria
mas que un autómata. El hombre dado á
ellas es menos que un bruto: el hombre
superior á ellas es el verdadero filósofo.
Adquiriendo, hijos mios, él señorío sobre
nuestros primeros ímpetus ó agitaciones
morales, resultan virtudes del deseo -y de la
aversión; pues solo se busca lo bueno y se
repudia lo malo. Entonces 'la envidia re-
fregada pasa á noble emulación. La des-
confianza se trasforma en prudente caute-
(299)
la 5 la ambición reprimida queda en espe-
ranza modesta. Los zelos honrados estimu-
lan á contraer nuevos méritos, la fogosi-
dad no pasa de viveza; la inquietud se con-
vierte en calma, el disgusto en serenidad
y la venganza en indulgencia. Les movi-
mientos tumultuarios de un amor violento,
se arreglarán al compás de la moderación?
y la concupiscencia ardorosa cede su lugar
á la dulce emoción de un cariño apacible
y sosegado, á las caricias de una fina amis-
tad, al atractivo de una fiel benevolencia.
De este modo, hijos mios, os repito, libres
dé la tiranía de las pasiones, seréis dulces,
tranquilos, amables, honestos, generosos,
obrareis siempre con madura reflexión, coa
equidad y con justicia.
He procurado haceros ver los daños
que resultan del abuso de las pasiones, veo
que no es tan fácil precaverlos como cono-
cerlos, una educación bien dirigida es el
único dique que puede contener sus cau-
sas, y conviene habituarse desde niño á
reprimirse y no dejarse llevar de ellas, bien
persuadidos que á poco que nos abando-
nemos llegan á ser en breve tiranos crue-
les que destruyen la salud, destrozando
sus víctimas; pero las pasiones que mas
(3oo )
^tormentan, mis queridos niños f y fcuyt$
germen no está en nuestra mano destruir,
fon ef miedo y el temor. Uno y otra ha
ocasionado muchas veces una muerte re-
pentina* Marcelo Donato refivre, que uti
muchacho murió de repente por hal er vis*
lo junto á él y en medio de un campo;
lina persona v< stida de mgro aí amanecer.
Oíros tunebos ejemplos de este género prue-
ban ío peligroso- que es hacer miedo á los
niños. Jamas deis oídos á las personas que
os hablen de brujas, fantasmas, diablos y
de otras cosas semejantes para causaros míe*
do, pues sus impresiones duran toda la vi-
da, quitan al alma su vigor y energía, y
pueden ser causa de muchos niales; Fara
quitarse el miedo y disminuir ía disposi-
ción á tenerle, no hay cosa como sacu-
dirse defc yugo de las preocupaciones, re-
flexionaorfo seriamente sobre los objetos
que le producen, y cuidar atentamente no
ser el juguete de aquellas como hemos vis*
to lo fueron los de la akíea con efc diablo
del guindo, y los de la ciudad marítima
de LcmgoLin con sus espíritus malignos,
yo os aseguro, hijos míos, no perder la
ocasión en que, por media de instructivas
historietas, consiga destruir todas aquellas
(3oi>
|>reocupacíones que os hiciera o el juguete
de ilusiones fantásticas; del miedo y del
temoi nace la tristeza. Nada mas peligroso
¡que los afectos tristes del alma. Muchos sa-
bios médicos opinan que producen casi la
mitad de los maíesyqne afligen á la especie
humana. En la tristeza y la pena el epi-
gastrio se oprime dolorosamente, lo que
hace la respiración difícil y hace suspi-
rar, disminuye las secreciones y sobre todo
la transpiración.
La pena se suele cambiar muchas ve-»
tes en una melancolía continua, que altera
el estado del alma, destruyela constitu-
ción del individuo, y ocasiona la ruina to-
tal de la salud. Para combatir la pena re-
currase á u fi recreo honesto y moderado,
á las distracciones y placeres inocentes, y
sobre todo á la música de fa que os hablo
hoy mismo artísticamente y como media
higiénico*
Mi objeto, hijos míos, es haceros feli-
ces; para conseguirlo quiero persuadiros,
que el esceso en las pasiones es un vicio,
y en los placeres una enfermedad. Gozar
de las comodidades y de las diversiones de
la vida, sin buscarlas con an-ia y fatiga,
dirigiendo según la razón los movimiento*
(3oa)
de la naturaleza, sacrificándolos favores
de la fortuna y de los honores por las deli-
cias de la libertad,- viviendo entre su fa-
milia y amigos, es en lo que consiste lo
feliz de esta vida. Quizá oiréis agitar la an-
tigua cuestión de si es mejor ser sensible ó
indiferente; pero yo siempre os diré que
la indiferencia hace al hombre incapaz de
gozar de las dulzuras, de la ternura y de
la amistad, paralizando su corazón y recha-
zando toda pasión. La sensibilidad por el
contrario; hace que se sientan vivamente
todas las facciones, dando entrada á las mas
dulces impresiones, obligándonos á tomar
parte en los males de nuestros semejantes.
El insensible no conoce los placeres, y su
helado corazón jamas se presta á las deli-
cias del amor, y careciendo de deseos y
de sentimientos es casi un autómata; pe-
ro el que tiene electrizada su alma con el
sentimiento, encuentra su felicidad en cuan-
to le rodea; interesándose en la suerte de
sus semejantes, siendo para el la humani-
dad un vínculo sagrado que le llena de
delicias y placeres, partiendo sus bienes y
«us gustos con el desgraciado y con el ami»
go. El hombre sensible conoce la vida y
disfruta de ella deliciosamente , mas el
(3o3)
insensible , nacido bajo nn centro sinies-*
tro ^h i conoce los puros é inocentes goce»
del alma, ni su corazón forrado en baque-
ta, da entrada á las dulces impresiones*
iii se ha entregado jamas á los placeres
y á las gracias siendo su vida el sueño de
la naturaleza.
« •
EDUCACIÓN DEL BELLO SEXGk
ARTICULO OCTAVa
BELLAS ARTES*
El dibujo es mas útil á las jóvenet
que lo que se cree común mente. ¿Qué ar*
te hay en efecto que sea mas capaz cíe fi-
jar y rectificar su modo <le ver y • acostum-
brar sus manos á trazar con regularidad Id
que competa á sus quehaceres ? No hay ar*
te que las acostumbie mejor á la observa-
ción de los objetos que la naturaleza ofre-
ce á su vista. ¡Qué 'le cosas se escapan á
los que le ignoran! {Cuántas cosas llaman
la atención de los que le cuhivan! Utvvia*
gero que no sabe dibuar, ó no para la
atención en nada, ó no espeiimonta mas
que impresiones pasageras : ¡mas que goces
y placeres disfruta la vista y el alma de
aquel cuya mano sabe manejar un lápiz!
Todo le interesa; las menores cosas tienen
para él ocultos atractivos, y aun los ros-
tros mas comunes le muestran facciones y
particularidades que no ha observado en
(5o5)
jos mas peregrinos, Como el dibujo de £k
gura es mas difiíil que el de paisaje* las
jóvenes no se del>en dedicar á él* ó si se
dedican que sea después de haberse ejer-
citado muy bien en el segundo. Se debe
páájr desde los primeros principios basta
las reglas mas difíciles. Cuando las discí-
pulos hayan aprendido á dibujar festones,
bordados y flores bien separadas bien agru«
padas* pasarán al paisage sirviéndose de su
lapicero para dibujar vistas, perspectivas,
árboles * casitas rústicas* puentes* rios* &c*
A estas ocupaciones solo deben dedicar-
te las que manifiesten mas disposiciones,,
lo mismo que se debe observar respecto de
la música vocal é instrumental Sin dete-
nernos en los efectos de la música en nues-
tros templos* en los ejércitos y en los es-
pectácn os, ¿qué ventajas no procura á una
joven este bello arte? Para juzgar de ello
basta comparar la voz de una jólren que
no ha aprendido eí arte del sonido con f a
que ha recibido algunos principios* (qué
diferencia! y no solamente se nota cuando
canta que una joven ignora los principios
de la música por eí desagrado de los que
Ja escuchan, sino también cuando habla;
pues por la «flexibilidad del -órgano- de
(3o6)
la voz, siempre se espresa en un mismo
tbnó. ¡Pero de qué excelentes cualidades
*e baila dotada la voz de una joven acos-
tumbrada á modular sus sonidos por las re-
glas de la armonía! Dulce y flexible, encan-
ta el oído y el corazón: á pesar de la varie-
dad de sus inflexiones, ya que se eleve ó
ya baje , sabe evitar las bruscas transicio-
nes que chocan á los oídos menos delica-
dos. Enemiga de toda afectación nunca tras-
pasa los límites prescritos por la naturale-
za. La flexibilidad del órgano de la voz f
no es la única ventaja que produce el ar-
te de la armonía. ¿Qué cosa hay mas á
propósito para alejar de una joven un pe-
ligroso fastidio ó una ociosidad funesta?
Cuando llegan estos casos, se recurre á un
instrumento con alegría , y después de ha-
ber estado un rato al piano ó con la gui-
tarra, se vuelve alegremente á las ocupa-
ciones mas serias y á los estudios que es-
taban ya casi olvidados. No se pretende por
ésto que las jóvenes deban tener unos co-
nocimientos músicos capaces de competir
ton las primas donnas de la ópera : regu-
lar ejecución en un instrumento con el que
acompañen exactamente á su voz ; aqui se
debe terminar su educación música / con
(3o 7 )
tal que los padres no tengan empeño ea
que pase adelante.
El baile es un arte tan antiguo como el
mundo : todas las naciones le han cultiva-
do con mas ó menos ardor y éxito , y es-
te arte que se ha hecho profano en el dia f
hacía parte del culto que se tributaba á la
Divinidad entre los hebreos y los romanos.
David bailaba delante del arca, y en Ro-
ma se ejecutaban danzas en honra del dios
Marte. Mas nuestro designio no es referir
su historia y progresos, sino manifestar
que en el dia el baile es una parte muy
importante de la educación de ambos sexos,
y no sin fundamento. Ademas del placer
que este ejercicio procura á la juventud,
da á sus miembros mas agilidad, y los acos-
tumbra á andar con paso firme, noble y
gracioso. Para convencerse de la realidad
de estas ventájaselo huy masque estable-
cer la misma comparación entre dos jóve-
nes, de las cualeá Ja una sepa bailar y la
otra ignore los principios de este arte. Li
primera es dueña de todos sus movimien-
tos , y todos sus miembros parece que obe-
decen á una misma regla. La segunda al
contrario, parece que ignora basta el modo
xle presentarse , y repugna á los circunstan-
(3o8)
tes por sus movimientos ridículos y afecta*
dos. Aquí se habla del baile en general,
pues hay algunos que de concierto deben
proscribirse por la moral y buenas costum-
bres, á causa de Jos movimientos voluptuo-
sos de que se componen. El baile de las
jóvenes debe ser el suficiente para diver-
tirse en las reuniones de familia y hacer
un papel que no les perjudique á vista de
los que piensan que la modestia es el mai
bello ornamento del sexo.
(3c 9 )
EDUCACIÓN PRIMARIA,
DE LA EDUCACIÓN INTELECTUAL
Hay ciertas facultades intelectuales que
clominan á las demás, es menester animar
á las primeras y trabajar con celo en forti-
ficar las menos pronunciadas para asegurar
el éxito de la instrucción. A esto debfe
acompañar también el desarrollo de los
sentidos, del entendimiento y de la razón.
El mayor obstáculo al desarrollo inte*
lectual de la juventud , es su inexperiencia
corapltta al llegará ja escuela. Sus progre-
sos serian mas rápidos y la obligación del
maestro menos costosa, si se hubiesen ejer-
citado suavemente sus facultades desde el
tegundo año de su vida.
La intuición (ó acción dé mirar) está
reconocida hace mucho tiempo corno el
mejor auxiliar de la instrucción, pues se
ocupa de las popes 9 los nombres y hs figu*
Tasu Fija la atención, enseña á ver bien los
objetos, prepara 3 las 'lecciones del cálcu-
lo , da aptitud para las artes y oficios* y rec-
(3ip)
tífica el discernimiento influyendo en el
carácter moral*
Desde que el niño entra en la escuela
se le acostumbrará á prestar atención 4 los
discursos del maestro, á decir distintameh*
te en buen castellano lo que sepa, particu-
larmente cuando en su casa paterna no
hayan tenido jnucho cuidado de la pro-
nunciación.
Se principia preguntándole acerca de
todos los objetos presentes, mandándole
que los cuente ó que los vaya nombrando,
por ejemplo, las ventanas, los cuadros, los
bancos , los discípulos &. En otro ejerci-
cio se pasará á objetos que están fuera de
Ja escuela pero que se ven qontjnuamea^
íe. Mas adelante se le hará fijar la atención
«obre las partes de que estos objetos se com*
ponen , y de estas partes se le enseñará á
rehacer el todo. £sto es lo que se llama
darle nociones*
Ya que el discípulo tenga nociones
será fácil ejercitar su juicio progresivas
mente, En este caso se le hará compa?
rar entre sí las nociones adquiridas, prime*
ro de I045 objetos visibles, después de las
ideas abstractas, aprendiendo á distinguir
:§u$ diferentes atribu tos ? notando su analar
(3n)
jia 6u semejanza ó diferencia al clasificar la»
Hecho esto, se pasará al examen de los
efectos de las causas y de las causas de los
efectos, cuyo estudio corresponde á la fí-
sica. Se le esplicarán los términos abstrae^
tos de que se usa en la enseñanza , prepa-*
rándole de esta suerte á encontrar por sí
mismo el significado de estos términos.
Para asegurarse de que la inteligencia
de los discípulos se desarrolla realmen-
te, procurar interpolar entre las proposi-
ciones verdaderas algunas falsas que no de*
jara de notarse.
Ya qu<* los niños conozcan las partes
principales del discurso, se les pondrán
lecciones prácticas acostumbrándolos á se->
ñalar los sustantivos á los que se deber»
unir adjetivos y recíprocamente , se escri*
birán en el encerado palabras de diversa
especie para que las clasifiquen. El pre-t
ceptor mezclará también en sq conversa-*
cion rasgos históricos , interesantes y dra-*
máticos de que tanto gustan los niños y
los instruyen divirtiéndoles. Añadirá tam?
bien algunas anédoctas morales &, hacién-
doles pregq utas sobre el mérito de lo quo
acaban de oir.
Propondrá proverbios cuyo sentido est
f3,a)
plícará en seguida.' Los enigmas con qué
también se suele ejercitar la capacidad de
los cliscipidos no son can provechosos. Es
lüenester acostumbrar á los niños á respon*
der 3 Jas preguntas que se Jes hagan dé
un modo que manifieste sus ideas y sus mo*
tivosde determinación. En este caso un si f
6 un no, son insuficientes para juzgar de
•us f nrogresos.
Sin Ja memoria no hay aplicación ni
educación. Se debe cuidar mucho de ella
por esto mismo, sus objetos principales son
las cosa?, los números , los lugares % y las
palabras. La memoria tiene estemion
cuando retiene mucho en poco tiempo, es
exacta cuando se impresiona hasta de los
mas mínimos pormenores , y es fiel cuan*
do retiene largo tiempo» Las cualidades de
una buena memoria son ser fácil , fieLje*
naz y pronta y se fortifica pó por medios
artificiales sino por un frecuente y conti*
nuado ejercicio: cuanto mas se la descuida
mas indócil se hace, pero tampoco es bue*
no recargarla demasiado.
Se cultiva la memoria de los lugaret
repitiendo las lecciones de geografía, y re*
citándolas sin cuaderno y bajo tin orden da»
da La memoria de los números por nada
§e perfecciona mejor que con la historia y
el cálculo de memoria.
La memoria de las palabras se ejercita
con frecuentes repeticiones en nn ordeo
variado sin cesar, y también por medio de
preguntas y respuestas , fábulas , máxi-
mas .&. Son conducentes á fortificar Ja me-
moria de las palabras que aunque meaos
impórtame no por eso se debe descuidan
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA.
*■*•
Siendo las vicisitudes de los primeros
Siglos y el origen de las monarquías un¿>
de los puntos mas importantes é instructi-*
vos de la historia, contemplo que no des-
agradará á mis lectores el ensayo siguiente*
Desde Adán hasta el diluvio, esto es
por el espacio de mas de 1600 años, vivie-
ron los hombres con la mas absoluta in-
dependencia. Formaba cada familia un pe-
queño estado cuyo gefe era el padre, el
cual no conocía otro superior alguno. Co-
mo esos primeros hombres no tenian toda-
vía la mayor esperiencia en materias de
política, vivían sin ambición no estendien-
do sus deseos a mas que á Jo que alcanza-
ban los reducidos límites de sus herencias,
y todas sus riquezas se reducían á algún
ganado en cuanto bastaba para vestirlos
y alimentarlos, sin embargo fueron tales
los*delitos que cometieron, que la justicia
del Todo-poderoso hizo un grande ejem-
plar en ellos esterminándolos por medio de
un diluvio universal. Desde entonces los
tres hijos de Noé qttc Dios conservó con
(3,5)
fru* »uu^ac8 para que volviesen á pobíat
el mundo repartieron entre ellos la tier-
ra, y fueron Jos gefes de los diferentes
pueblos que se derramaron por el Uni-
verso. Esta puede considerarse como la
época del^rinci pió de las monarquías, por-
que Nembrod hombre revoltoso y enemigo
del descanso no contentándose con su pa-
trimonio trató de usurpar la tierra de su»
vecinos, y después de haber invadido sus
heredades las sometió á Su dominio forman-
do luego una especie de imperio en Babi-
lonia. El ejemplo de Nembrod estimuló á
algunos otros que del mismo modo se hi-
cieron Reyes, y aquellas armas que los
hombres habían inventado desde luego pa-
ra defenderse del furor de las fieras, las
emplearon después contra ellos mismos. Ni-
no, hijo de Bel, sentando su trono en Ninive
ciudad ya célebre y antigua, fundó el famo-
so imperio de los asirios, duró rSooañog,
y acabó por último en la afeminación de
Sardanapalo que se sumergió en la sensua-
lidad y los vicios. Los primeros que se re-
velaron contra este JRey fueron los ruedos,
y los ciernas pueblos de su dominio te des»
preciaron y redujeron á tal estremidad que
' l se vio. precisado á quemarse en su mismo
(3i6)
palacio con sus mngeres, cómplices en snt
desordene*. De las tuinas de e¿te grande
impelía se formaron otros tres remos. Uno
de los mas florecientes fue el de ios medo**
Poco después de la ni tuerte de Sardana pa-*
lo comenzó el segundo imperio de los así-
ríos cuya capital fue Ñinive y bastante ce-*
lebre es en la historia sigrai la el de Babilo-»
Iiiav pues Dios se sirvió Varias veces de tas ar-
jiiasííe los gentiles para castigar la ídola-?
tría y denlas delitos de su pueblo, A caz Rey
de Judá^ estrechado por sus enemigos, im-
ploró el auxilio -del primer Rey de Asiría
ó de Niuivter* enseñando de este modo el
camino de la Jndea á aquellos pueblos*
quienes varias veces la asolaron concluyen»
do por con -pistarla.- Siquearon el famoso
templo de Jerasilen donde hallaron in-
mensas riquezas y una cantidad asombro?
$a de vasos de oro y plata destinados al
cuho divino, llevando cautivos á los judíos
á Niuive y á B íbilonia,, y Sa Imana z'.ir estera
minó el reino de Israel. Unos y53 años an-**
tes de la venida de Je*if~crU(0', Reino j
Hornillo descendientes de los reyes de Alba
fundaron la ciudad de Romav capital del
imperio romano y del universo : Ciro ge-
neral del ejército de Ciaváres, el mismo
(3 ■?)
qne el profeta Daniel llama Darío el me-*
do, hijo de Mandarle y de Cambines Rey do
Persia, después de haber conseguida va*
rias victorias de consideración , unió el rei*
no de la Persia al de los inedns, se apode-
ró de rodo el oriente, y fundo el imperio
mas famoso de cuantos hubo hasta entou*
ees pii el mundo. No obstante que los me-
dos eran poderosos antes que Gira juntas©
las dos monarquías, estaban muy distantes
de pode r compararse con los Reyes de Ba-
bilonia que Ciro venció con las tuerzas
unidas de los medos y los persas. Apenas
este gran príncipe se vio dueño de tan
vasta míMiarquíi dejó que los judíos, cau-
tivos muchos años había, volviesen á Judea
bajo el mando de Zorababtl, y les peí mi-
tio reedificar el templo de Jniualen, Al
cabo de a'guo- tiempo extinguida ya la fa-
milia de Ciro, ocupó el trono de aquel
Vasto impeno Darío hijo de ti i laspe, el
que suponen algunos ser el Asnero deque
habla la Sagradla escritura en el libro do
E^er. Durante el reinada fie <ste monarca
fue cuando se hicieron repúblicas Roma y
Atenas, La muerte de Lucrecia que violó
Sexto , hijo de Tarquino el sobervio, eseu
lando á lo» romanos á la venganza les ins~
(3,8)
ptró la idea de la independencia, con ía
cual* desterrados para siempre de Roma loa
reyes * se estableció el gobierno consular.
Por lo que toca á Atenas , en poco estuvo
que no la esterminase en los principios de
su nuevo sistema el poder de los persas.
Dario con efecto envió nn ejército formida-
ble contra la Grecia, pero el célebre Mil-
eíades con solo diez mil hombres lo desba-
rató completamente en la llanura de Ma-
ratón. Nuevos esfuerzos hizo Gerges hijo
de Dario, para vengar el oprobio de se-
mejante derrota, sin embargo no tuvo me-
jor éxito su espedicion porque trescientos
lacedemonios mandados por Leónidas Rey
de Esparta, detuvieron en el paso de
Thermópila su ejército compuesto de na
millón y doscientos mil hombres. Su arma-
da fue derrotada igualmente cerca de Sala-*
mina por el gran Temístocles, y él pere-
ció el mismo año á manos de Artabano ca-
pitán de su guardia. Entre tanto los mace-
donios que habían de ser los qué destrui-
rían el imperio de los persas comenzaban á
distinguirse bajo las órdenes de Filipd,.
padre de Alejandro el grande, quien des-
pués de veinte años de continuas victorias,
consiguió .por fin hacerse -dueño de toda la
P>9)
Grecia mediante la batalla del Chersoneso
cu que venció á los atenienses y sus aliados^
y donde Alejandro, que entonces sola
tenia diez y odios años hizo prodigios.
Con tantas prosperidades formó Filipo el
designio de abatir el poder de los per-
.gas, y para este fin se hizo nombrar ca-
pitán general de todas las tropas de la
Grecia ; pero antes de que llevase á efec-
to su empresa le asesinó Pausanias en un
banquete. Alejandro que no tenia menos
valor, ni menos ambición que su padre, se
puso al frente de sus rnacedonios y de otros
griegos que se le agregaron , acometió á
Darío Rey de Persia, le derrotó en tres
batallas campales, y después de haber pene*
trado con sus armas victoriosas basta la Ju*
dea, vinoá morir á Babilonia en la flor de
su edad y en medio de sus triunfos. Este es
en resumen el orden sucesivo que han teni-
do las monarquías, y cuates han 9Ído los ira*
perios mas célebres, comenzando poco des-
pués del diluvio. Los asirios, los medos, lo»
persas, los griegos y los romanos se hicieron
temibles sucesivamente por la grandeza de
su poder, asi que la ambición de algunos
de eiios íes inspiró la idea de elevarse sobre
los «lema* ? de su tetarlas*
4
(3ao )
DE LA PAZ Y DE LA UNION,
Irevanfa al cielo el aclamar sonor»
lo* paz donosa y sin mancilla , puro
Vivaz «destello de la eterna lumbre.
Don Diego Cortesa en m canto á la pat„
Queridos jóvenes ; dedicado con toda
el ahinco de que es capaz rai paternal co-
razón á dirigir vuestras tiernas almas por
el camino de la rectitud , voy á presenta-
ros aqui dos escritos de paz y de unión,
por abundar entrambos de máximas eter-
nas de justicia. Sea el primero un apostro-
fe á la paz, impreso á fines del siglo últi-
mo , el cual dice así:
Paz amable! paz dulce y deliciosa! en
tu frente resplandece la alegría de los mor-
tales. Á tu vista se prosterna el furor y se
ensalza la piedad. Tu ocupas tranquilamen*
te el corazón del hombre y le llenas de
lina suave complacencia. Tú estás rodearla
de un sin número de adoradores que conti-
nuamente esparcen olorosos perfumes á tu
deidad , pronunciando los nombres mas
agradables de humanidad , reposo, gusto y
regocijo. No caminas cual -la guerra san*
(3a i )
guiñaría con la estrepitosa música de sus
feroces secuaces , sino con las aclamaciones
y vivas de ternura. No ofreces á los ojos
deslumhrados la pompa de tus tiendas de
campaña* las falanges, los penachos, las
garzotas flotantes .... Al contrario , la senci*-
llez de la cabana, los inocentes festejos de
los pueblos ¿ las aclamaciones de los niños,
y la amistosai reunión de todas las nacio-
nes es el único objeto de tus benéficas ideas.
Yo veo en ti la amable tranquilidad que
deja á los padres gozar de los mas sinceros
afectos de su prole , y á íos hombres todos
comunicarse por medio del comercio * los
bienes que la naturaleza y el clima de sus
terrenos les ha dado con esclusion de los
otros, manteniendo entre ellos la mas es-
trecha sociedad. No adornas á tus partida-
rios con el acero esíermínador ^ ni 'abruma*
sus pechos con las pesadas planchas de hier-
ro , que los ponga á cubierta de íos tiros
de sus enemigos; antes sí, inspirando segu-
ridad en el trato recíproco de los hombres*
haces que la vasta extensión de este inun-
da sea para ellos *un albergue común , en
donde cada cual encuentre el mas cómodo
hospeda ge. &
En cuanto á. la i\£*ío« deseo que apren-
dais bien cíe memoria los siguientes verso*
del canto que sobre el asunto escribió é
imprimió D. Diego Conesa en i8¿o.
Cortando el hilo adverso de los hadot
y eseedieudo el suceso á la esperanza»
la angélica Cristina . en suave brillo
de Oriámbar pintando al suelo Ibero t
alza de unión la generosa frente.
De la unión que colora en claros vísoi
dp. gualda y de carmín la amiga mano*
del Itis nuevo que á la España ahora
pace riente en el sagrado Empíreo»'
y en nudos liga fáciles al orbe,
tolo en los brazos de la unión dichoso.
La ley se cumple, las pasiones ceden»
y el áureo siglo de Saturno y Rbea
torna á la España en su mayor desdicha*
Abriendo al bien el agitado j>ecKo
remite el hombre el ceño desabrido ,
y al hombre alivia en prospero semblante»
Asi acabaron los horribles inanes
que á estragos nunca vistos causa dieran,
causas en fin de mal y desventura.
Así acabaron , ¡Célica Cristina!
y la unión y k lealtad armóaica » \ /
P»3)
qne la tfaicion en la virtud oprime »
fué la eterna. ambición del pecho mió*
y la enseña inefable del acierto.
La mente viva apresurando al tiempo
su curso leve, en sublimado trono
mira del campo la esmaltada Diosa
(la sien ceñida de granadas raieses)
de cuya frente la abundancia llueve
vida á las plantas y en las flores vida*
Ya corre sin peligro derramado
un divago apacible el adaí mentó,
pastando el verde prado qne agradece
y recompensa con visible usura
del noble bruto la amistad estrecha*
Las inocentes aves y pintadas
sobre copados árboles frondosos
por tanto bien á su Hacedor honornn
en almo gozo y en placer cumplido.
Y de aito ejemplo las preciadas sombr
de Carlos , de Felipes y Fernandos
vuelan en torno de Isabel hermosa
k quien el aura del amor sustente
y los humos del favor mentido.
Al brillante poder y soberano
culto se presta , á ia bondad afecto»
afecto divinal que , cual fa patria »
(3H)
á sola una la opinión redujo.
Nació ya Ja Salad , y el turbio llanto
torna en placer y celestial delicia.
¡Oh que puro consgelo, y suspirado
el aliña rnia en su presencia siente!
¿Nos distes la salpd, o Dios bondoso?
de tus piedades con eternos himnos,
celebre el mundo la memoria dulce.
Todo Isabel, te aplauda, y fiel tributo
todo te rinda de obediencia justa #
hasta do piora antipoda remoto.
> V
,%*
(5*5)
DE LA MÚSICA.
El pintor Theon.su po aprovecharse déla
Virtud de la música pues teniendo que expo-
ner al publico un cuadro que representaba á
tin soldadoen el acto de acometer al enemigo
enardeció primero los ánimos de los espec-
tadores con la música marcial , y cuando
los creyó bastante conmovidos descubrió su
pintura y la admiraron todos. Esto nos in-
duce á traducir y publicar el siguiente tro-
zo de una carta sobre la música que se ha-
lla impresa en cierta obra francesa de co-
nocido mérito. Dice, pues asi:
La música , este arte delicioso que los
sabios de la antigüedad miraban como el
mayor regalo que los dioses hubieron he-
cho á los miserables humanos, fué siempre
la pasión de las bellas almas, y al mismo
tiempo el objeto del examen y de las me-
ditaciones de los filósofos. Yo me adelanto
aun á sentar que de todos los asuntos, «íe
es quiza «obre el que mas se han ejercitadlo
los hombres; por un lado la mayor parte <ie
los artistas no le han mirado mas quQWSf'
mo un negocio de instinto y de hábil
(3*6)
no *e ban elevado sobre «vi parte gramati-
cal, de Ja que solo nos ban trazado Ion
elementos; y por el otro, los filósofos se
ban ocupado tuncamente de sus relaciones,
de sus combinaciones , de sus misterios, en
mía palabra, de su parte científica. Yo sin
penetrar en una teoría , cuyos secretos no
creo posible profundizar , be pensado que
se pedia mirar la música bajo un punto
de vista mas ventajoso. Se ban limitado á
enseñamos á amontonar sonidos, á crde-
nar consonancias , y á conocer los movi-
mientos y las medidas sin hacernos obser-
var las diferentes energías, sin indicarnos
las formas particulares á que la música de-
be sus imágenes, sus pasiones y su poesía,
sin ilustrarnos en fin sobre el uso que de-
bemos hacer de estas formas para encami-
narlas con mas seguridad a) efecto que nos
proponemos. Tenemos sobre la agricultura,
sobre la pintura, sobre la poesía y sobre la
elocuencia tratados analíticos llenos de
preceptos y de exemplos ; y la música, la
mas conocida de todas las bellas artes y
que obra mas imperiosamente sobre nnes-
tras almas, es la única á quien nadie ha
hecho todavía esta especie de homenage
Como sus objetos de imitación son en ge**
(3*7)
toeral infinitamente mas multiplicados, m fi-
cho menos constantes y menos sensibles
que los de las otras artes ; y posee mas que
ninguna el privilegio de agradar , aun
cuando no llene su objeto; es preciso con-
venir en que su análisis debe llegar á ser
cstremada mente delicado. Por otra parte,
el admirable abuso que hacen muchos ar-
iistas, que no se sirven de ella mas que
para adornar los caprichos de su imagina-
ción ^ de tal modo ha enredado los rasgos
y confundido los caracteres, que no se hu-
biera creído fuese posible llegar á aclarar-
les. Esto es loque trataré de hacer. Mi prin-
cipal objeto es ofrecer á los músicos una
retórica de música, digo mi principal oh*
jeto, porque trataré difusamente de la mú-
sica de los antiguos . y de todo lo que tie-
ne relación con ella. No puedo menos de
confesar que á su estudio y al de la poesía,
es a quien debo la idea de mi obra y loa
mejores mediosde egecutarla, tratándose de
h* bellas artes ¿se podrá nunca consultar
á los antiguos sin provecho? E* verdad
que mas bien por el camino del buen gus-
to y del sentimiento que por el penoso de
Ja discusión es por donde se llega á com-
prenderlos , pues parece que estos grande»
(328)
hombres no quieren ser conocidos sino del
modo que ellos mismos han conocido la
bella naturaleza. No imiro pues la música
mas que «como uñarte imitativo, y busco é
indico los medios de que se sirve para ha-
cer su imitación. Afín de proceder con el
mayor método que me sea posible en la
carta que tengo el honor de escribiros , des-
compondré la música y examinaré separa-
damente sus partes principales, que son la
rima 5 la melodía y la armonía. Ño creáis,
Señor, que adopto esta división para el
cuerpo de mi obra ; no es su naturaleza tal
que puedan someterse todas sus partes á
principios generales y aun he creído des-
pués de muchas reflexiones que no podia
tratarla con buen éxito sino dividiéndola
en capítulos, á ejemplo de las institucio-
nes oratorias de Quintiliano.
Los antiguos miraban la rima como la
parte principal de la música. No es este el
lugar de ofreceros las diferentes significa-
ciones que los autores, tanto de la antigüe-
dad como de la edad media, han dado á
este término ; desde que sabemos á no po-
derlo dudar, que la música de los antiguos
estaba rigurosamente sujeta á la cantidad,
ya no nos queda que reflexionar mas que
(3*9)
«obre el mecanismo de su poesía para de-
terminar y fijar la importante y verdadera
ceixergía de esta palabra : y esto es en lo que
yo he puesto todo mi cuidado. Todo el mun-
do sabe que en Ja combinación de las síla-
bas bretes y largas , consiste el artificio mas
feliz y mas esquisito de la versificación
griega y latina ; y que las palabras propias
para entrar en la medida afectada á cada
especie de verso ,, fueron llamadas pies y
números según estaban compuestas de mas
ó menqs \sitabas. Jjos gramáticos^ los retóri*
eos, los filósofos mismos y Jos poetas han
observado Jas diversas propiedades de estos
pies y de estos números *, y aun que una
pronunciaron exacta sea bastante para ha-
cernos sentir toda la virtud de los caracte-
res que les han agregado, he creído dar
una idea todavía mas viva y mas precisa
transportándolos á la música , de modo que
el valor de cada palabra corresponda exac*
tamente al de cada sílaba ; de esta opera-
ción tan sencilla he visto salir el efecto mas
sensible y maravilloso del mundo.. El* Tro-
queo dicen los antiguos gramáticos, es un
pie ligero, sin fuerza y sin nobleza, y en
Aristóteles leemos qne cuando reducida á
ancoro de lugareños, la tragedia estaba
(33o)
Hena solo <Je cantos y danzas rusticas, em
pleaba el verso tetrámetro que no se cora*
pone mas que de troqueos ; así es que un 51
ferie de troqueos rae ha dado á conocer el
movimiento de todas nuestras gabotas, de
la mayor «paite de nuestras contradanzas y
de nuestras zarzuelas. La grandeza y la
dignidad del espondeo; que Platón consa-
gra á Jos cantos religiosos , me ha traido á
la memoria el preludio y el acompañamien-
to del Juravit dominas de Lalande, y la
entrada de su exurgat deas trozo cuyos mas
esqtúsiros diseños no podian igualar á la
sublime y magestuosa sencillez. Valerio Ma*
ximo (i) nos enseña que tocando el ana~
pesto los instrumentos de guerra disponían
á los lacedemonios al combate ; y por la
vehemencia é impetuosidad de este pie rea*
nimó Tirteo su valor, que perdidas reíte-
«■
(i) Valer. Max. L. a? c. 6. Se que Aulo Gelie
refiere, según Tucidides; que la música militar d@
los espartanos era magestuosa, tranquila, hecha me-
nos para escitar el valor que para templar el ar-
dor y reglar la marcha de los soldados; pero esto
no sirve mas que para probar el efecto que debie-
ron producir en ellos los sonidos impetuosos y re-
doblados del píe de que se valió Tirteo para rea*
-«hnar §u valor-
(3Si)
radas habían enteramente apagado. Nues~
tros artistas le emplean aun to<!os los dias
en los cantos belicosos , y M. Ramean sin
haber fijado jamas su atención en el pa«age
de Valerio Máximo, corno me lo ha con*
fesadoel mismo, hace herir continuamente
el anapesto por la sinfonía que anuncia el
canto sublime y vigoroso de Tuteo. El Yanz*
bo es vivo* egeeutivo y lleno de fuego; y
este es con efecto el pie que predomina ea
los sugetos ardientes y apasionados. Lo
mismo sucede con todos los demás pies que
he notado: por todas paites he visto con los
artistas y los amadores ilustrados á quienes
he dado ejemplos de esta verdad la confor*
midad de las observaciones de los antiguos
con la naturaleza , y de mis ejemplos coa
sus observaciones.
Debo haceros presente, señor , que Ja¡
ley quesuetaba á los músicos á la cantidad^
no los encadenábanle tal modo que jamas
pudiesen separarse de ella, Quimiliano of>
serva que la relación de la larga á la breve
es doble; y (pie sucede que una larga cor*
responde ya á dos breves y aun mas, ya
algunas veces á breve y media solarneme.
En seguida añade que hay monosílabos mu*
ciio mas lewtos y mae tardíos les unoe que
(33 2 )
los otros f y dar por ejemplo estas palabras*
stant tristes , donde , como se ve % el mono-
silabo stant exige nna pronunciación mu-
cho mas lenta y durable que en estas stant
acics: se lee también en el mismo autor que
hay sílabas largas * mas largas, y breves,
mas breves ías unas que las otras ; pallen-
tés por ejemplo , y dwini son igualmente
compuestas de tres largas ¿quien no conoce,
sin embargo , que la primera palbbra mar-
cha con mucha mas lentitud que la según*
da? En esta marcha mas ó menos lenta,
mas ó menos rápida de ló$ mismos pies, es
donde he hallado la causa principal- de la
estrema variedad y de la frecuente irregu-
laridad déla rima de la música antigua.
No podía yo hacer conocer á nuestros mú-
sicos todos* los recursos que la rima sumi-
nistra para la imitación , ní recordar con re-
sultado los movimientos que los antiguos
empleaban de aquellos de que nos ¿ servi-
mos hoy sin arrollar esta parte de su mú-
sica , y me halló tanto mas adherido á ello,
cuanto que no tenemos nada de satisfacto-
rio con respecto á este ptrntcr, y que M. Bo-
tette á pesar de su sagacidad y vasta eru-
diccion, ha caído el mismo en los yerros
mas considerables. No me olvidaré de hk+
* ( 333)
cer observar que todas las especies de me-
didas tienen su energía separada y que rio
se puede reducirlas, es decir componerlas
ó simplificarlas sin alterarla espresion; co-
sas cuyas razones trataré de penetrar, pero
de las queme aplicaré aun mas á presentar
ejemplos; pues la mayor parte de estas sen-
saciones se deben colocar en el número de
aquellas percepciones sordas que esperi-
mentamos sin conocerlas y sin poder apre-
ciarlas. La música dice M. Leibnitz , no es
bajo muchas consideraciones sino un cáleij-
lp obscuro y secreto que el alma hace sin
advertirlo.
v De lo que acabo, señor, de esponeros
resulta que los antiguos no cargaron nun-
ca de muchos sonidos la misma sílaba y que
las probaciones no tuvieron lugar entre
ellos. Nosotros, al contrario, nos aprove-
chamos de tal modo de la libertad que nos
deja la prosodia demasiado ignorada de
nuestras lenguas, que á fuerza de romper y
destrozar nuestros sonidos , debilitamos de
dia en dia la parte, sin disputa, mas nervio»
sade la espresion musical. Hago pues sentirá
nuestros músicos, lo importan te que les seria
conocer el mecanismo de sus lenguas , y
sobre todo el reflexionar sobre la energía
efe los pies de que está compuesta cada paw
labra; espongo las ventajas considerable»
que resultarían de este estudio, y que por
medio de la elección y de la juiciosa mez-
cla de estos pies y de estos -número»,- deci-
dirían ellos la espresion casi siempre vaga,.
y machas veces defectuosa de su sinfonía.
Ti ataré de escitar su emulación, mostrán-
doles el grado de perfección á que podrían
elevar nuestra lengua , pues la de los grie-
gos, que por su belleza mereció ser mirada
como la obra de los músicos. Por lo demas f
no he querido escluir todas las prolacion.es-
pues proviniendo algunas veces de lo§ sen~
tímieutos de las. imágenes no hay duda que
entonces son una gran belleza : tendré cui-
dado hasta de notar ios parajes en donde
ellas suplen de una m añera ventajosa y aun
superior á una de las mayores riquezas de
la lengua griega, cjuiero decir el moma to-
pe del que Quintil iauo se queja , no es bas-
tante susceptible la latina , y de que la
nuestra no nos suministra sino muy poco*
ejemplos.
Los antiguos conocían bien el poder
de la música , tanto , que los legisladores
introdugeron preceptos de este arte en los
co Jigos que dieron á las nacioue», asabas^'
(335)
la música en las funciones religiosas, en
los festines y en Jos combates. Después de
genero, este arte, cuyo objeto no había
mas que el de celebrar á los dioses y á los
héroes, y el de suavizar las costumbres,
haciendo los actores que sirviese para ex-
citar las liviandades mas vergonzosa?.
La música tiene mucha influencia eti
la economía animal , de la que se
han valido los médicos desde la mas remo-
ta antigüedad. 4 Ulives se la prescribieron
para Curarle de una llaga que le habia he-
cho un ja valí. Á Alberto duque de Batie-
ra , para aliviarle del dolor de la gota; lo
que conseguía por medio de la música
dulce y continuada. La música de baile
tiene la ventaja de disminuir el cansan-
cio. Lorris advierte , y con razón , que to-
do movimiento puede continuarse por mu-
cho tiempo con tal que vaya acompañado
de fíimas pues se ven muchos jóvenes que
cansándose al mas ligero egercicio, pasan
.bailando noches enteras al son ele los
instrumentos sin sentir apenas cansancio.
El Mariscal de Saxe observó que las tro-
pas se cansaban mucho menos cuando mar-
chaban al son de la caja que cuando iban
en silencio*
(336)
En las pasiones y afecciones nerviosas
tiene mucho influjo la música ; se la divi-
de en excitante y calmante, y una y otra
tienen mucha influencia en lo moral. Chi-
ron con la guitarra hacia que Aquiles de-
pusiese su cólera, y lo mismo hacian lo»
antiguos lacedemonios, que procuraban di-
siparla con sus dulces flautas antes de en-
trar en la pelea, Saúl se curaba de su me-
lancolía con la arpa de David. Asclepiades
miraba á la música como el remedio mas
"eficaz en los delirios furiosos, y Areteo la
recomienda en la melancolia religiosa.
Si la música calma las pasiones , tam-
bién las escita. Un músiqo, dice Platón, en-
seña cuales son los sonidos capaces de ex-
citar la audacia y la modestia , la bajeza
del alma y la magnanimidad, &e. Uno de
los ejemplos mas notables que nos ha de-
jado la antigüedad acerca del poder de la
música para animar las pasiones , es el de
Alejandro, á quien poclia Timoteo enfu-
recer y calmar repentinamente con solo
mudar de estilo. La historia moderna ha-
bla de Erie el bueno, Rey de Dinamarca,
á quien con toda su corte entristeció, ale-
gró y enfureció un músico* De Amura-
tes IV, que viniendo de acabar de matar á
«us hermanos fue de tal modo templado
por un músico, que también estaba conde-
nado á morir, que hizo saltar las lágrimas
á este emperador bárbaro libertándose asi
él y sus amigos de la muerte.
En el día no obra la música los pro-
digios que éntrelos antiguos; sin duda
era mas espresiva y melodiosa que la nues-
tra en sus cuatro estilos principales. Su ar-
monía era seguramente mas Ümitiada, pues
no entraban en su composición asuntos di-
versos, y ésta es precisamente la causa de
que su música fuese mas propia que la
nuestra para inspirar y calmar Jas pasio-
nes, por cuanto !a impresión que hacia se
debía mas bien á la melodía que á la ar-
monía compuesta de cantos diversos, los
cuales hacen que pierda parte de su efec-
to el canto principal, en vez de que la ar-
monía de un solo canto, aunque bajo de
diversos tonos, como bajo el de octava, de
tercera, de quinta, sexta , siendo menos
gratos, hablan mas al corazón.
Aunque la música moderna no influya
tanto en tomarlo como la antigua, es capaz
sin embargo, de producir, efectos medici-
nales r pues consta para la observación que
ha sido útil en varias afecciones. Pomme
(338)
lia empleado , con suceso , el violln pan
calmar accesos violentos histéricos que pa-
decía una joven. De todos los hechos que
vienen referidos y de otros muchos que
pudiera citar,, que omito por no molesta-
ros mis queridos niños, resulta que la mú-
sica obra en el sistema nervioso, y que sus
impresiones son demasiado decididas para
que dudemos de su influencia en la salud
y en el alivio de varias afecciones ner-
viosas.
Los antiguos hacían entrar la música
en el plan de educación de la juventud;
con ella perfeccionaban el oido, conserva-
ban ó restablecían la tranquilidad del alma
y desterraban el mal humor , el cual es pa-
ra el hombre un mal igual al dolor: es una
habilidad agradable, y un manantial de
placeres para cuantos la cultivan^ amable ju-
ventud vuestra edad necesita de diversiones,
la música es la mas recomendable para sua*
vizar las costumbres.
*#
(33 9 )
BIOGRAFÍA.
CHIXjOK,
Chilon floreció en Lacedemonia hacia la
olimpiada 5a. Era un hombre de espíritu
firme y resuelto que estaba tan tranquilo
en la adversidad como en la prosperidad. Vi-
Via retirado sin ambición y creia que era
tiempo muy mal empleado el que se pasa-
ba en largos viages. Su vida era un modelo
de perfecta virtud y practicaba sinceramen-
te todo lo que decia. Su silencio y su gran
moderación le han hecho admirar de todo
el mundo. Arreglaba su vida por esta má-
xima saya.Que en todas cosas espreciso cor-
rer lentamente. En la olimpiada 55 fué
hecho Eforo, dignidad en Lacedemonia que
contrabalanceaba la autoridad real. Su her-
mano envidioso le manifestó su resenti-
miento y Chilon le respondió fríamente:
Me han elejido por juzgarme mas digno que
tú, para sufrir la violencia que me hacen
sacándome de mi retiro y esclavizándome con
los negocios. Chilon después de haber exami*
nado la situación y territorio de la Isla d*
Cuerea exclamó delante d^ todos; Ojala qu*
(34°)
esta isla"no existiese ó que la hubiesen cu-
bierto las olas del mar asi que apareció por
que preveo que será Ja ruina de Lacedemo-
nia y no se engañó por que á poco tiempo
fué conquistada por los Atenienses que se
sirvieron de ella para asolar el país: Perian-
dro hizo todo lo posible para atraerle á Go-
rinto para que le ayudase con sus consejos
y poder continuar en la tiranía mas Chilori
le respondió :
Queréis meterme en el tumulto de laa
guerras y desterrarme de mi pais como si
esto pudiera poneros en seguridad : sabed'
que no hay cosa mas transitoria que la gran-
deza de los Reyes y se puede llamar feliz
el tirano que consigue morir en su lecho.
Chilon consumido de vejez murió en Pisa
de alegria al abrazar á su hijo que habia
salido vencedor en los juegos olímpicos. Los
lacedemonios le erigieron estatua después
de su muerte.
MÁXIMAS DE CHILON.
Chilon era muy lacónico en sus discur-
sos y su modo de hablar ha pasado por pro*
ver vio; decía:
Que el amenazar á otro era debilidad
dé muger.
Que hay tres cosas difíciles, guardar un
secreto, perdonar las injurias y emplear bien
el tiempo.
> Que la mayor sabiduría consiste en re-
frenar la lengua , especialmente en on festiu.
Que se deben visitar los amigos masen
k desgracia que en la prosperidad.
Que valía mas perder que ganar injus-
tamente.
Que el hombre de valor debe ser apre-
ciable y hacerse respetar antes que temer.
Que la mejor política de un estado con-
siste en enseñar á sus ciudadanos á gober-
narse bien en particular.
Que el oro y la plata se probaba coa
una piedra de toque 9 mas el corazón del
hombre no tiene otra prueba que la plata
y el oro.
Que se debe uno casar con una mu-
ger honrada y no arruinarse con los gastos
de boda.
(3 4 a)
IL MUERTO VIVO O LA APARICIÓN.
E! miedo es ingenioso y hace ver gran-
des fantasmas; se dice que se ha visto lo
que se ha creicío ver : Ja historia volan-
do de boca en boca, se va desfigurando, y
cuanto mas absurda es , mas placerse tiene
en adoptarla, en especial los débiles y su-
persticiosos. ¡Cuántas, fábulas ha hecho
llegar hasta nosotros la ignorancia y la ere**
duiidad!
Vordac en sus memorias cuenta que ha*
hiendo llegado áTíasencia ciudad de Italia
fue á alojarse en una posada cuyo dueño
había perdido á su madre la noche ante-
rior. Este hombre habiendo enviado á ut|
criado á buscar una cosa al cuarto de la
difunta le vio venir fuera de sí, gritan-
do que habia visto á su ama que habla
vuelto del otro mundo y estaba acostada
cn.su cama. Otro criado haciendo de va-*
liente fue allá y confirmó la misma cosa.
Eí amo de casa fue también allá acompa-»
liado de una criada y á po,eo rato bajó di-
ciendo á . todos los de la posada "Si se*
¿ores mi pobre madre Estela na Hane U
(343) .
he visto yo, roas no he tenido valor par*
hablarla.
Vordac toma una luz é invitó á un cele»
jiástico que se hallaba en la posada á que
le siguiese, á lo que accedió con tal que él
fuese delante. Todos cuantos habia en la
casa quisieron ser de la es pedición y fue-
ron detras de ellos. Entraron en la pieza y
corriendo las cortinas del lecho vieron a
Tina vieja muy negra y arrugada que hacia
gestos ridículos arropada perfectamente coa
las ropas de la cama.
Dijeron al amo de casa que se acerca*
sea ver si era su madre y respondió que
8t lo era, y los criados todos lo afirmaron..
Vordac dijo entonces al eclesiástico: ''vo*
que sois sacerdote acercaos y conjurad al
maligno espíritu. El sacerdote entonces se
acercó é hizo algunas preguntas á la muer-
ta , echándola agua bendita á la cara. El
maligno espíritu al sentirse mojado, salió
precipitadamente de debajo de las mantas
y saltó á la cara del padre cura. Enton-
ces todos echaron precipitadamente á cor-
rer solo Vordac socorriendo al cura que
peleaba con el maligno espíritu le dejó
caer la papalina y entonces vieron que era
una mona.
(344)
En efecto aquella mona que tenían en
la casa habia observado muchas veces los
movimientos de la difunta y aprovechan-
do la ocasión se habia puesto su papalina y
se habia acurrucado en Ja cama en los mis-
mos términos que lo hacia la madre del
posadero.
Talesson en el mundo todas las historias
de duendes, fantasmas &c. y el desenlace vie-
ne á ser el mismo. Si se redujesen todas
las cosas á su justo yalor , las muge-res, -los
niños, y aun algunos hombres se verían
exentos de los temores pueriles que consu-
men la mitad de su vida.
Hijos míos, jamas deis oidos á cuentos
fantásticos, brugerias y duendes, estas pa-
parruchas os harían tímidos , pusilánimes
y cobardes; ofuscarían vuestro entendimien-
to esclavizando para siempre vuestra razón
y voluntad. Tan deplorable estado os pon-
dría incapaces de consultará la razón y
dando facií entrada á cuanto os dicen con-
cibirais las ideas mas torcidas y erróneas
aun de las cosas mas sagradas* Queridos ni-
ños, minea me cansaré de repetir que el
mayor de todos los bienes es la instrucción,
que esta en el sentir de Synerio, es la fuen-
te de la virtud de donde nace la felicidad.
No lo dudéis hijos mios, tocios los vicios se
fundan en errores, y en opiniones falsas; v por
esto según el acertado juicio, y la autori-
dad de los sabios, son indispensables la ló-
gica y la crítica para el establecimiento de
la recta moral. "No hay mas que un bien
dijo Sócrates, y esta es la ciencia; y no frías
que un mal, y este es la ignorancia. Eor
la ignorancia hay menos virtud , porque
ésta no es otra cosa que una razón mas cla-
ra y cultivada que enseña los daños de la
inmoralidad y de los vicios. Por esto el sa-
bio Hume sienta que la ciencia y la civi-
lización están estrechamente unidas con la
virtud y la humanidad ; siendo el antídoto
de los errores, de los vicios y de toda clase
de desórdenes.
( 34* )
EDUCACIÓN DE SORDO-MÜDOS.
Eugenio. Papá, el segundo dia que
nos habló V. de la educación de sordo-
mudos, nos dijo que en España se les en-
señaba á leer, escribir, uso de la voz, gra-
mática del idioma &c. ¿Cuándo nos dice V*
cómo se les enseña á hablar?
El Padre. Hijo mió, hasta ahora no ha
sido tiempo; los mismos deseos que vosotros
manifestáis me han indicado varios padres
de los desgraciados sordo-mudps y muchos
maestros de primera educación que uno»
y otros ansian el método de poner en co-
municación con los demás hombres á tan-
tos infelices que la naturaleza condenó á
vivir aislados si el arte no suplía su de-
fecto.
Alejandro. Pues bien Papá, no es ya
tiempo que vayan ordenando gramatical-
mente e! pequeño diccionario de nom-
bres sueltos que se han proporcionado?
El Podre. Si , hijo mió , pero antes
quiero que aprendan el uso de la vo^
\
(347)
j qne conozcan el alfabeto manual , va-
liéndome para ello del que perfeccionó
nuestro muy digno y desgraciado com-
patriota el Señor Don Tibureio Hernán-
dez , antiguo maestro director del Real
colegio de sordo-mudos de esta Corte, y
el que á continuación sigue que me ha
parecido añadir para que por su me-
dio , conozcan nuestras abreviaturas mas
usuales y facilitarles el otro trabajo que
les ha de poner mas pronto en comunica-
ción con los de sentidos espéditos.
Alejandro. Papá, pues que, en sa-
biendo los alfabetos que tiene V. aqut,
no esta ya bastante instruido para enten-
der y hacerse entender de los demás?
El Padre. No, querido niño, el sor-
do-mudo no está totalmente en actitud de
entrar en la sociedad sino cuando ha apren-
dido á manifestarse de viva voz, ya leer
la palabra en el movimiento de los labios:
entonces solo es cuando se puede decir, que
su educación esta concluida. Cuando su ins-
trucción le haya puesto al nivel de los co-
nocimientos que se pueden adquirir por la
lectura, no será ni sordo ni mudo para
cualquiera que sepa leer ó escribir; mas des-
graciadamente la escritura ofrece un medio
(■348 )
de comunicación demasiado lento é inco*
modo para la conversación, y que al mis-
mo tiempo no puede ponerse en uso en
las clases interiores de la sociedad donde
van á parar el mayor número de sordo-
mudos, y donde frecuentemente no se sabe
leer y casi jamas escribir bastante correcta-
mente para hacerse entender por estos
desgraciados.
Penetrado de esta verdad no me con-
tento con manifestarles desde esta lección
el alfabeto manual únicamente, sino que les
enseño el labiuL El primero es conocido de
muy pocos. El segundo es común á cuantos
hablan , y por lo mismo desde el principio
quiero que se ponga el mayor cuidado pa*
ra que el niño tome bien las posturas de
la lengua, los dientes y los labios para la
formación del ruido ó el sonido de cada
signo ó letra. Les bago interesar en el cono-
cimiento de que la boca que con él habla,
dice tales y cuales letras, de cuya reunión
resultan estas y las otras palabras cuyo sig-
nificado ha de entender. Para lo primero
no es necesario que tengan nociones gene-
rales del idioma, mas para lo segundo eran
de necesidad y por lo mismo he dejado pa-
sar el espacio que requerían Jas ideas gene-
tales que tienen , con intención de hacer si
multáneo el conocimiento de los dos alfa-
betos manual y labial 5 y aprovechar en
lo sucesivo todas las ocasiones que se nos
presenten para tan ventajoso fin.
Los sordo-mudos, aun mas curiosos que
tí resto de los demás hombres desean saber
lo que se dice sobre todo, cuando suponen
que se habla de ellos ó de alguna cosa que
les interesa: en estas ocasiones, sus ojoscla*
Vados (permítaseme esta espresion) en los
labios de el que habla le hacen dueño de lo
que dice, sino tiene la precaución desús*
traerse á su vista. Guando el asunto no les
llama tanto la atención debe suplir la falta
de cuidado el que hable, esforzando cuanto
le sea posible las impresiones que se le quie*
ran hacer mas sensibles., abriendo bastante
la boca para dejarle percibir los diferentes
movimientos de la lengua, dando una espe-
cie de pausa entre las silabas de la palabra
que se le quiere hacer escribirla fin de que
las pueda distinguir la una de la otra.
Es cierto que todos los que hablan cotí
los sordo-mudos no toman todas las precau-
ciones de que trato, y de esto resulta que
no sean ten claramente entendidos; pero es
suficiente las mas veces que perciba algu*
(35o) |
úas de una palabra, y aunque diga de una
frase para que adivine la restante á la ma-
nera de loque nos sucede cuando chapur-
ramos un idioma extranjero, ó queremos sa-
ber lo que dice un manuscrito antiguo, cu-
yos caracteres desfigurados á nuestra vista,
y llenos de abreviaturas parecen ininteli-
gibles* averiguando el contesto de uno y
otro con solo oir algunas palabras de aquel
y conocer algunos signos de este, Y en este
caso ¿no suplimos de corrido las letras que
faltan por el hábito de Jeer? El taquígrafo
economiza el tiempo de escribir siguiendo
la voz por medio de los signos abreviados,
¿Luego no convieite con ligereza su clavo
en la usual de nuestros alfabetos pronun-
ciando como si tuviera delante nuestros sig-
nos comunes? Y el sordo-mudo á quien la
necesidad estimula ¿no se hará con la in-
teligencia y el hábito á una taquigrafía de
gesticulaciones ¿ Si, no lo dudemos. Los
sordo-mndos tienen un estímulo del que no
6e desentenderán : la conservación de este
es el resorte de su aprovechamiento, que
injoneado por la necesidad de hacerse en-
tender, y entender á los sujetos entre quie-
nes han de vivir facilitará mucho la posi-
bilidad de manejar un idioma que ya tienen
(35 1)
bosquejado y que afortunadamente ' ten-^o
el gusto de verlo comprobado en los jóve-
nes sordo-mndos que frecuentan mi casa.
Pero para llegar á este estado es preci-
so pasar por el lento, penoso y árido tra-
bajo de irles enseñando letra por letra la
pronunciación y postura de mano, hacién-
doles proferir antes de todo algunos sonidos
á fin deque en lo sucesivo, pueda distinguir
el efecto que produce el sonido del que re-
sulta de la sola salida del aire. Esta dife-
rencia es fácil de percibir por el delicado
tacto de estos desgraciados , pues siendo la
voz un sonido que resulta de las vibraciones
que esperimenta el aire al atravesar la glo-
tis, sabiendo ademas que los sonidos que pro*
ducen la laringe del hombre, son propias
á su organización, la aplicación de la ma^
no del discípulo á las ternillas delgadas y
elásticas, que forman este cilindro cartilagi-
noso, le hacen conocer no solo la diferencia
de vibración que se busca, sino que pasa
á medir las diferentes modificaciones de
que es susceptible la voz, en las constriccio*
nes y relajaciones de la laringe.
Penetrado el maestro, que él lo esta del
mecanismo de los sonidos, se traza en el
encerado la letra a designándosela coa 1¿l$
6
(35a)
cuatro figuras comunes, qne puede presen*
tarse á su vista, es decir, mayúscula ele im-
prenta, y minúscula ele la misma clase, nía*
y úsenla y minúscula de mano; y esto* cua-
tro caracteres, qne todos ellos afectan dbtin*
ta figura, se le hace entender que no tie-
nen mas que un solo valor, asi en la
postura de la mano, como en la pton ini-
ciación.
La imitación perfecta de los caracteres
y el conocimiento de correspondencia que
estos signos tienen con el alfabeto manual,
les es fácil adquirir, mas no les es tanto el
acertar con el sonido ó ruido de ellos por
el defecto del oído. Para ocurrir a esta fal-
ta se sienta el maestro de cara á la luz, y
el discípulo de espaldas á ella, en propor-
ción de que este vea la postura de la 1< ngua,
los dientes y los labios de aquel; y de este
modo ve que para la espresion de esta le*
tra a tiene necesidad de abrir suficiente-
mente la boca, dejar estendida naturalmen-
te ia lengua, y quietos los dientes y labios.
Cuando ya los tenga bien puestos se prin-
cipia el sonido por veces y despacio, mi*
irá mióse mutuamente discípulo y maestro.
Esta letra no ofrece la mayor dificultad; pe-
ro ti coa las disposiciones que el ha visto dar
(353)
í los órganos, y que ha sabido imitar con
alguna propiedad, no acertase aun á darla*
el sonido , >e hará entrar el dedo pequeño
del niño eri la boca del maestro hasta la se-
gunda articulación, y en este estado se pro-
nuncia con fuerza y muchas veces dicha le-
tra , y sé hace observar que la lengua que-
da tranquila, qué no se eleva para idear á su
dt<lo, que el sonido salé como por mi canal
y en línea recta. Luego que acierta , se le
hace repetir este sonido muchas veces.
A la letra aprendida sigue le é qué se
escribe del mismo modo que se dijo éu la
primera vdad, y para su espresionf se abre
ja boca* no tanto como para la a, la lengua
se engruesa y eleva uu poco hacia el pa-
ladar^ los labios aígó retirados hacia den-
tro. Un quejido gtitiíi al hecho con las dos
acciones de inspirar fueitey espirar^ riatü*
raímente enseñan al mudo el sonido dtí
esta íí'tra.
En las demás vocales sé observa el mis-^
íno mecanismo, cuidando siempre (en casa
que la vista del niño no pueda alcanzar' la
postura de la leiígüa) que su dedo entré en
la boca del maestro á fin dé medir con exac*
titud la elevación q depresión de dicho
órganos
í
(35 4 )
Si con las vocales conocen todos los so-
nidos que tiene el Wnguage hablado en sus
diferentes modificaciones , en las conso-
nantes adquieren el de todos los ruidos in-
determinados.
Las consonantes ó sonantes con vocal
se les enseña con su propio y único valor;
se marca en el encerado la letra b con los
cuatro caracteres (operación que se repite
en todas las letras hasta la conclusión del
alfabeto) el maestro toma la misma pos-
tura que observó para enseñarles las voca-
les , y el mudo ve que uniendo los labios
y separándoles suavemente, dejando salir
al mismo tiempo una miajita de aire, que-
da formado el valor aislado de esta letra
lap y m tienen una grande afinidad con
esta letra, el desprendimiento repentino
que ejecutan los labios al separarse forman
el ruido de la p : el movitniento medio que
ejecutan estos entre la espresion de la p
y el de la b es el que sirve para marcar
laPm. Todas estas diferencias son analiza-
das por el mudo, aplicando el dorso de la
mano á los labios del maestro.
Las labiales y dentales , como se pueden
sujetar á la vista y tactos son mas fáciles de
percibir. Las nasales las conocen aplican-
(355)
do las hiemas de los dedos índices á las alas
déla nariz del maestro. Las guturales, to-
mando una bocanada de agua y haciendo
gárgaras siempre de cara á la luz y el niño
de espaldas á ella, al mismo tiempo que
este comprime un poco con sus dedos pul-
gar é índice la parte superior de la laringe;
repetidas en esta postura las gárgaras , se
hace que el mudo tome agua en su boca,
y lleve los dedos que tenia aplicados á ia
garganta del maestro, en él mismo para ge
de la suya, se le indica qué haga las mis-
mas gárgaras , que conocerá, si están bien
imitadas, por la vibración mas órnenos
arreglada á la que su tacto acaba de obser-
var. Repetidas de este modo por algún rato,
se arroja el agua y se hacen en seco, vol-
viendo á poner los dedos el niño en la la*
ringe del director, y los dé la otra mano
en la suya, á fin de medir las vibraciones
de ambas á un mismo tiempo.
Entre todas las letras del alfabeto nin-
guna hay que ofrezca mas dificultad que la
r, cuyo conocimiento hizo decir al Cilantro-
pico médico Conrado Animan : "sola lite*
ra r potestati mece nonsubjacet.»
Esta dificultad y sus diversas pronun-
ciaciones exijen un silabario particular para
(336)
la posesión de esta letra. La vista perspW
caz de estos desgraciados y la finura de su
tacto, unido a la paciencia del maestro j
niño, logran vencer dificultada alpaiecer
insuperables,
F
( «í )
MOSAICO
Del tiempo.
El tiempo no es un capital, porque nada
cuesta; peí o es el elemento necesario pa„
fia la formación de las rentas : no puede
adquirirle esta disposición de! hombre co-
mo el aire que respira; no puede aumen-
tarle, pero si conservarse. El tiempo es pía*
ta dijo Fraukiin,
mmmmmmmmmmmmm
Para destruir los insectos que hiy den~
tro de las legumbres secas no hay mas que
lavarlas en agua fresca poco tiempo des-
pués de la core ha \ secarlas al sol. De este
modo ios insectos formados salen ? y los que
no Jo están no coliguen ¿icaharae da
lormar.
La elección de marido entre loe farfaros
calmucos se verifica á la carrera, hk ) J '-ea
monta primero á caballo en ira ge coi^pe-
tente y se aleja al galope Su pretendiente
sigue tras de elb y §i consigue alcáUZttlt
(358)
se la trae á su tienda y se casa con ella. Mas
sucede á veces que la muger no quiere al
que la persigue: y entonces no se deja co-
ger. El doctor Clarke que ha presenciado
est^s carreras asegura que no se ha visto
egemplo de que una muger £e haya dejado al-
canzar por el que la desagradaba.
Uu autor antiguo ha diého: "si se su-
piera cuanto cuesta el dejar de ser virtuoso*
fe verían pocos malvados sobre la tierra*
Un perro de caza de Carlos IV > rey de
Francia persiguiendo á un venado, se
metió en un charco de agua hirbiendo. Dio
tales ahulüdos que acudieron todos los ca-
zadores y asi se descubrieron las aguas ter-
nales de Coresbad.
El famoso mecánico ingles JBraithwaite el
el inventor de una máquina de vapor con-
tra incendios por encargo del ministro del
interior de Prusia, esta máquina sorpren-
dente lanza por hora veinte mil pies cubico»
(35 9 )
t
de agua hasta una altura cíe jaopies. Mien-
tras enganchan los caballos y llega la má-
quina al lugar del incendio ya se ha for-
mado el vapor y puede empezar á trabajar.
En el departamento de Pui~de-Dóme*
Francia , se vé una roca de lava porfirica
con prismas y superficies paralelas y uno
dt? estos separado de la masa total, se pa-
rece enteramente á un capuchino arropado
coa su capucha.
Hará como unos i 5 años que e) Cólera
morbo se. declaró por la primera vez en Ja
ciii Jad marítima de Langoun, en la que
ocasionó espantosos estragos. Vínoles á la
idea á sus habitantes que algunos malignos
espiritus se habían dejado caer en la ciudad,
corrian las calles, se introducían en las
casas, y se divertían en destruir á los ve-
cinos» Resolvióse por consecuencia, obli-
garlos á que tomasen las de Villadiego es-
pantándolos, y para e!io forjaron el plan
de armar entre todos una infernal cencer-
rada, Asi que se hubo dado la señal de la
(36o)
batalla contra los genios diabólicos , cada
habitante provisto de sartenes, cacerolas,
tenazas y otros obetos de igual especie em-
pezaron á cencerrear y produgeiou según
es Facjf pensarlo, un ruido insoportable, y
tan disonante, que producía espanto y con-
fusión en tolos los .ámbitos, de la ciudad.
Repitieron la eseenp durante tres noches
consecutivas; pero ni por-**a*.- Xos espíri-
íus malignos se mantuvieron en «u* trece ;
se estacionaron en la población y dotante
muchos nieses continuaren* cercenándola
muy á su sabor y reduciéndola á una $ni-
tad por lo fiienos. Son pites ¡¿mi i les la* cen-
cerradas contra el colera- inot lo» Ojala no
sean los repetidos exemplos que inserto de
los runchos tríales que canean las preocupa-
ciones, hijas ludas de la masería ignorancia.
5f
(36i)
LAS VACACIONES.
Como la Minerva se ocupa de tolo
aquello que puede iuteresac á la clase de
lectores á quienes está dedicada, no ha per-
dido ocasión en lo que va transcurrido des-
de sn publicación de dirigirles Ja palabra
en cuantas épocas podían serles útiles sus
consejo*. Asi es que después de haberles
animado al abrirse los estudio* sostuvo $u
ardor en el curso de estos y luego los acogí*
paño en los exámenes y los felicitó cuando
consiguieron triunfos y coronas. En Ja ac-
tualidad muchos de nuestros lectores dejan
las tareas ordinarias del año y unos des-
cansan en el seno de sus familias y otros se
ausentan de ellas para disfrutar de las de-
licias del campo. Es preciso pues amones-
tarles a fin de que eviten la disipación y la
pereza.
Los discípulos que hayan oído procla-
mar sus nombres como dignos de premio
en presencia de las asarfibleas numeíosas,
cuidado con que desmientan las bellas es-
peranzas que todos habrán formado de
ellos. Cuidado con dejarse adelantar d*
(36 a )
aquellos que han quedado sin premio y sin
darse á conocer. No por obtener un pre-
mio se adquiere seguridad para otros en lo
sucesivo , antes al contrario se ha visto re-
petidas veces quedarse po&treros los que
poco antes Hablan sido los primeros en es-
ta ó aquella clase. Se debe contar mas en el
propio trabajo que en las disposiciones. En
cuanto á los que no hayan merecido dis-
tinciones , que no desalienten por eso , sino
que esta sea la razón que les haga aplicar-
se mas daño próximo venidero. Unos y
otros deben mostrarse animados de nuevo
celo ya sea para no olvidar lo qne han
aprendido, ya para aprender lo que con-
venga enseñarles. La antorcha del saber
necesita pábulo continuo para no extin-
guirse y el entendimiento humano es se-
me jante a un campo que si permanece mu-
cho tiempo sin cultivo, al puntóse cubre
ele maleza y ofrece grandes obstáculos á los
esfuerzos del labrador. Pronto se olvida lo
que se ha aprendido si afloja el trabajo y el
estudio durante las vacaciones. Si se sus*-
pende el método diario de ocupaciones, una
disipación insuperable presidirá únicamen-
te el uso del tiempo. Si por el contrario se
sujetan a ua orden de vida aunque no sea
(363)
tan rijiclo como durante el estudio, no so-
lo oo atrasarán, sino que le emprenderán
tle nuevo alentados y dispuesto* , á seguir
ásus padres, preceptores y á la Minerva ea
una carrera progresiva de adelantamientos*
(36 4 )
LITERATURA.
«Ufa
El amor á H especié humana 4 »ín perjuicio ám
otra ninguna y éori ventója de todas, ha sido núes»
tra divisa, hijos mios; y corno de necesidad maña-
na seréis hombres 4 áabed qué nuestros semejantes,
cuando son felices u opulentos (que no es lo mi*mr»)
suelen tratar á sus heñíanos con cierto desden , que
se opone di arrietraíméme á las instrucciones y do-
cumentos que procuró daros. Acaba dé publicarse
un folleto tituhdo: Refrtnas qué necesitan las
prácticas judiciales ^ lis cárceles y la mendici-
dad: desearía oá ocupaseis en su lectura y vues-
tros padres V tutores / los magistrados y sus de-
pendientes y aun el gobierno misino. No gira so-
bre doctrinas nuevas, ni teorías peregrinad ó irn-
practicables* Cuando se decanta con ponderación,
110 sé sí diga esceso , acerca de materias pueriles,
la de enjuiciar con precisión y método, la conser-
vación de la dignidad del hombre en los asilos del
horror, del crimen unas veces y otras de la per*
«eeucion y en la estincion de las polillas políticas,
o/iosos, intrigantes, tramposos y estafadores , pa-
rece que Valían la pena de tomarse en considera-
ción. Asi lo ha hecho el autor de este folleto* cuya
doctrina es sana , la utilidad completa, la experien-
cia máxima , el tino y tacto Superfino, y todo dig-
no de la mayor atención , como urgente y abun-
dante de idea* superiores y practicables cómoda-
Hieute. Niños míos, mas vale mala paz que discu-
Uutt guerra: si» embargo mucha* veces no* e* ia~
(365)
áispensabte el arrostrarla. ¡Qué consuelo entoneea
saber que los juecei ót\ campo están obligados ba-
jo su responsabilidad á emplear formulas equitati-
vas! L* virtud no siempre vive exenta de Li incul-
pación fraudulenta y de la calumn'n, pero? que
bálsamo consolador humedece el cerebro augustia-
do del que conoce en el trato que mnvece la pro-
tección de las leyes de su pais eu los dos dictado*
de acusado ó reo. Últimamente cuando se quiere
tirar una línea entre los miserables v los picaros*
la ra¿on natural, ii religión, la sociedad, lis le-
yes emanadas de ella y to ias las conveniencias mu-
tuas están diciendo, exigiendo imperiosamente quie-
nes sean dignos de nuestra misericordia y amparo,
y quienes objeto justo de nuestro desprecio, e\ecra-
cion y abandono y de que caig^ sobre ellos \<t cu-
chilla de la ley. El autor lo dice y con placer lo
repetimos* Miseria sucurrere disco*
Véndese este folleto d cuatro reales en la librt*
rí# de Sujo, calle de Carretas.
(366)
ÍNDICE.
»B LOS ARTÍCULOS CONTENIDOS EN EL TOMO TERCERO.
pag.
El Real Gabinete Tipográfico del
Retiro, . . . . . , *........ . 3
Secretos útiles. Pintara en el cris-
tal. * 19
División de los tres reinos de la
naturaleza 22
Higiene : del ejercicio, .,.,.... 3i
Destierro é industria. .......... 38
Moral: de la piedad filial. ...... 44
Anécdota al mismo asunto 47
Un crimen castiga otro crimen.. . . 49
Cuidado de los enfermos . . 5i
Instrucción pública. «... 55
Geografía de la Gran Bretaña. ... 64
Educación de sordos mudos : de los
artículos. 87
Biografía de los ciegos . . 91
Mosaico. ..,...♦ , . 71
La cotorra. 80
.La loca de Luxemburgo. . jcS
La jóveu bnuriina. ... * 1 13
(36 7 )
Noticia de una sordo muda-ciega.. 119
Higiene: sueño y vigilia. . . , * . . . raí
Moral: del amor fraternal. . • « . 127
Pagar el mal con el bien. ...... i33
Biografía. . . * . i36
Educación del bello sexo; artículo
quinto. i38
Educación primaria : artículo cuarto, j 4a
Historia natural de la rosa. ..... 147
Apólogo de id. . ....... i55
Geografía de Escocia. ... ..... 157
Educación de sordo-mudos. « . . . . 167
Mosaico. ..... . . ¿ ...... < '\nA
Pintura del mes de mayo. . , . ... 179
El guindo de la aldea. ........ 179
El Árabe y. el Persa. ...... . ... 189
Higiene : secreciones y excreciones. 1 93
Educación primaria. . . v . . . . . , , so3
El jpven español. . . , . . , 208
Helena de Abbinia. 2 1 5
fábula ; el hombre y el árbol. . . • , 216
Utilidad del estudio de la astrono-
mía. . . ■♦,,,.•. 218
Las fresas y las grosellas , 224
Educación del bello sexo. ....,, 326
Geografía de Irlanda. . , . , . ... . 2 3i
Biografía de los ciegos. ........ , 24S
Mosaico. .,,,... %%l
(368)
Discurso y anacreóntica. ..... . # 2 5q
Rosalía y Remigio: análisis. . . ¡ ¡ g a £6
Educación y reales ordenes a 6g
La real armería. ....... m a « f
Moral: consejos útiles á todos los
lectores. . • ••■•.... 288
Higiene: de las pasiones, ....... aq/L
Educación d-el bello sexo. Articulo
octavo. Bellas artes, t ( ... . , ¡¡ 3 0+
Educación primaria. De la educa*
cion intelectual- ......... ^ 3o8
Introducción á la historia. . 3¡¿
De la paz y de la unión. . . . ... . / 3 2 o
De la música, . . ■ • • ¿ ..*...-.. . 3 2 5
Biografía. Ghiloo. ............ 33^
Máximas de este ......... % . iv §aq
El muerto vivo , ó la aparición. \¿ . 34a
Educación de sordo mudos. . . . . % 346
Mosaico- . . . . . . ............. 357
Las vacaciones. ,,.>.* . . . ..... 36 1
Literatura. .... . ...... . . ...... 36^
Continua la lista de tos Sres. suscritores á la
Minerva de la juventud*
ALICANTE,
*-\ Juan Ortega.
D. Rafael Suarez del Villar.
D. Vicente Alusiñana.
D. Rafael Blanquez.
D. Juan Seriña.
D. José Sala Boronat.
BADAJOZ.
D. José Nesi.
D. Francisco Puente.
D. Gabriel Blz&zquez Prieto.
D. Manuel González.
D. Pedro Orriz.
D. José Flores.
D. Francisco Marco Martínez.
D.José Elizondo, Secretario de la gobernación civil
D. José Barriga.
D* Andrés Conde.
Doña Petra Melendez.
D. José Aparicio.
D. Juan Toribio.
D. Joaquín Laguna.
D. Isidro Santos García.
D. Victoriano Parra.
Dí Manuel María Salvador.
D. Francisco Navarro.
D. Tose García.
CORUÑA.
D. Domingo Sequeiros.
(5 7 o)
D. José Érandaríz.
D. José Lozano.
D. Simón Pedrosa.
D. Narciso Gómez.
D. Telesforo Frade.
D. Baltasar Amigo.
í). José Puga.
D. Venancio Avella.
D. Pedro María Duran.
D. José Zavala.
Sr. conde de Taboada.
D. Isidoro Gómez.
D. Agustín Rioja.
Señora viuda de Agar.
Doña María del Socorro de la Sierra,
D. Ramón Cirera.
D. Simón Sanz.
D. Pascual Arza.
D. Domingo Antonio Narcira»
Sr. cura de Sorrizo.
D. Diego Moreno.
D. Feliz María Freiré.
D. José Taboada.
D. Juan Manuel Prado»
D. Román Mufiiz.
D. Antonio José Rodríguez»
D. Francisco Salgado.
D» Juan San Martin.
D» Juan de Dios Acevedo.
GRANADA.
D. Joaquín Fernando Fernandez,
D. José Señan y Fernandez.
D» Luis María Sal azar.
D» Joaquín Maldonado y Metida*
D. José Vázquez.
t>. Vicente Gómez, '
D. Manuel Rodríguez Díaz*
D. Celedonio Bada.
D. Farncisco de Paula Ruiz.
D. Andrés Montes.
Doña Rosario Bernai Terrova*
D. Bernardo Zavala.
D. Mariano Negrete.
D* Francisco Subiza.
D. Gabriel García.
D. Juan Manuel Llórente*
D. Nicolás de Roda.
D. Francisco Montenegro.
D. Manuel González.
Sres. Macdonneli Oconnor y compañía,
D. Miguel Jiménez Urbina*
D. Gervasio Hostenck. ,-
LÉRIDA*
t). José Leonor.
D. Francisco Ayllon.
D. Antonio Espinosa de los Monteros, oficial de
cuenta y razón de artillería.
D. Salvador Báges. x
D. Antonio Bergua.
D. Juan Sanz Abogado.
D. José Pinol.
D. Francisco Biscarri
D. Lorenzo Capell*
D. Cayetano Rogé*
D. Bruno Galicia,
D.Manuel Muñoz, profesor de primera educación*
D* Cayetano Ibars de Oriol, maestrante de la real
de Zaragoza.
D. Tomas Coll y Malats,
D. Ramón Alemany.
(37*)
LUGO.
D. José Pardo.
D. Manuel Lauro»
D. Manuel Jiménez Ramírez.
D. Manuel Patricio Seijo.
D. José Antonio Rivas.
D. José García Viniegra.
D. Pedro Luaces.
D. Buenaventura Miguel Plá.
D. Juan Antonio Pérez.
SANTIAGO.
1). Joaquín María Patino.
D. Santiago Aguiar y Mella.
D. Matias Andrés Vázquez.
D. Juan Joaquín Araujo.
D. José Bitini
Doctor D. Pedro Fernandez Barreiro.
D. Ramón Villanueva.
D. José Pou.
D. Fermin Rodríguez.
D. Felipe Montero.
D. Ramón Losada.
D. Francisco Javier Ayensa.
D. Benito de Arce y Sotelo.
D. Juan Vasadre.
D. Juan Viñas.
D. Sebastian José Suarez.
D. Manuel Miguez.
D. Agustín Rodríguez.
D. Rafael Manteca.
D. Juan Francisco Rodríguez Ocampo.
D. Lorenzo Leiro Mourin.
D. Francisco Tames Evia.
(3 7 3)
El P. Fr. Cándido Hermida.
D. Benigno María Cid.
D. José Seijas Prado.
D. Matías Ignacio Acosta.
D. Gabriel Carrete.
TOLEDO,
D. Manuel Jesús Rioja.
D. Elias Cuadrado.
D. Antonio Pastor.
D. Paulino Rodero.
D. Paulino de la Bodega*
D. Bernardo García.
D. Antonio García.
D. Celestino Jiménez.
D. Juan Pedro Sanz.
D. Francisco Borja.
D. Víctor Vordanova.
D. Tomas Isunza.
D. Francisco Montealegre.
D. Miguel S. Román.
D. Valentín Menendez.
D. Gabriel de Torres.
D. Francisco Cardona.
D. Cristóbal Moreno.
D. Manuel Salavera.
D. Antonio Cabello y Orellana.
D. Antonio Veneras y Ceballos.
D. Bernardo Díaz Malo.
TORTOSA.
D. Gregorio José López.
D. Joaquín María Huerta.
D. Ramón Pamplona.
!>• X. M. (Se continuará.)
\
■ ; **> ,íj^&
■'<&
*f^'
'(¡f